jueves, 17 de septiembre de 2009

Los caminos diferentes de la energética nuclear de Ucrania

Konstantín Bogdánov (RIA NOVOSTI)

A finales de la semana pasada, medios de prensa informaron que Rusia y Ucrania preparan propuestas para concertar un convenio de cooperación para ampliar la capacidad de producción de la estación nuclear Jmelnitskaya, en el occidente de Ucrania (construcción de un tercer y cuatro reactores). La licitación convocada el año pasado sobre el tipo de reactores que se planea instalar en esa planta fue asignado a la empresa rusa Atomstroiexport.

Con mucha probabilidad se puede afirmar que el acuerdo ruso-ucraniano sobre la construcción de los dos reactores es un hecho consumado porque como se supo en el curso de las conversaciones, la parte rusa hizo una concesión exclusiva a Ucrania al aceptar realizar a crédito parte de obras por un monto de hasta 4.000 millones de dólares, según declaró el primer ministro ruso, Vladímir Putin.

Las conversaciones ruso-ucranianas sobre la central nuclear Jmelnitskaya como un espejo reflejan la complejidad de la estrategia económica de ambos países. En condiciones de crisis, es evidente la aspiración de Rusia de proveer a sus empresas del sector de la construcción de maquinaria con contratos importantes a largo plazo.

También es un intento para conservar a cualquier precio el mercado de la construcción y modernización de las centrales nucleares de Ucrania, uno de los mercados de mayor perspectiva de Europa Oriental.

A esto hay que añadir el comprensible interés de Ucrania de obtener la variante tecnológica más apropiada y ventajosa aprovechando el profundo interés que demuestra el contratista, dispuesto a ofrecer la mejor de las propuestas.

Pero en la adopción de esa decisión también influyen problemas políticos que tienen más implicaciones que el simple derecho de Rusia para construir los reactores para la central ucraniana.

Tras el desmoronamiento de la Unión Soviética, Ucrania quedó con un importante sector energético nuclear tecnológicamente muy homogéneo y en la actualidad, en su territorio operan quince reactores nucleares, trece de los cuales son del tipo VVER-1000. Las centrales nucleares ucranianas generan el 48 % de la energía eléctrica del país.

Esta circunstancia explica el profundo interés del Gobierno ucraniano por el desarrollo de la energética nuclear nacional. El documento Estrategia Nuclear de Ucrania estipula que para el año 2030 deben ser al menos tres los proveedores de combustible nuclear para las centrales ucranianas, mientras que actualmente en calidad de monopolista figura el consorcio ruso TVEL que forma parte de la corporación estatal rusa Rosatom.

Desde hace mucho tiempo algunos políticos ucranianos argumentan que por consideraciones de seguridad nacional es necesario diversificar los suministros de combustible nuclear y recientemente, a Ucrania se le presentó esa posibilidad.

La corporación estadounidense Westinghouse antes de ser adquirida en un comienzo, por la británica British Nuclear Fuels (BNFL) y después por la nipona Toshiba, hasta convertirse en consorcio trasnacional, durante los últimos años desarrolla un proyecto para fabricar bloques de combustible nuclear que puedan ser instalados en los reactores soviéticos tipo VVER. El interés de este proyecto radica en que desde hacia varias décadas, la mayoría de los reactores instalados en los países de la Europa del Este eran de ese tipo.

En 1998, Westinghouse experimentó sus bloques de combustible nuclear en la estación nuclear finlandesa de Loviisa en un reactor VVER-440 (en Ucrania hay dos reactores de este tipo) y en el año 2000, efectuó pruebas similares en la planta nuclear Temelin en dos reactores más potentes tipo VVER-1000 en la República Checa y tras esas pruebas se suscribieron contratos con el Gobierno checo para el suministro de combustible estadounidense.

Sin embargo, los bloques de combustible de la Westinghouse no tuvieron éxito en la República Checa. El intento de instalar en los reactores soviéticos bloques de combustible nuclear tecnológicamente parecidos a los que se utilizan en los reactores estadounidenses tipo PWR de bajo costo fracasaron porque los bloques estadounidenses no pudieron resistir las condiciones de explotación hidrodinámicas y otros factores adversos como la corrosión.

Al final, el Gobierno checo anuló el contrato con Westinghouse (lo que desató un sonado escándalo), retiró los bloques de combustible nuclear estadounidenses de la planta y formó de nuevo un contrato con Rosatom para recibir combustible ruso hasta 2010. Finlandia también renovó sus contratos con Rusia sobre combustible nuclear.

Y no obstante, la gran aspiración para los proveedores mundiales de combustible nuclear sigue siendo Ucrania. El proyecto para la fabricación de bloques de combustible adaptados para las centrales nucleares ucranianas está en marcha desde 2000.

Existen informaciones que Westinghouse logró sonsacar algunos especialitas de la empresa moscovita Mashinostroitelniy Zavod, una de las principales empresas rusas para producción de combustible nuclear. A partir de esta información y también el trabajo que desarrollan especialistas estadounidenses en las centrales nucleares ucranianas surgieron sospechas de que Westinghouse puede estar dedicada al robo de propiedad intelectual rusa.

En 2005, una primera partida de seis bloques de combustible nuclear fue instalada de forma experimental en central nuclear Yuzhno-Ucrainskaya, y posteriormente, otros 42 bloques. Los informes oficiales sobre los resultados de las pruebas fueron escuetos y expuestos en tonos positivos, extraoficialmente, se mencionaron problemas técnicos insignificantes y también aumentó la preocupación de la parte ucraniana en lo que respecta a las garantías en el caso de problemas de compatibilidad en los bloques de combustible nuclear.

Los informes oficiales sobre el éxito de las pruebas en la central ucraniana, quedaron minimizados por ciertos comentarios escépticos hechos por algunos expertos que participaron directamente en el proceso de adaptación del nuevo combustible. Según esos expertos, los bloques de combustible de la Westinghouse tecnológicamente están muy atrasados con respecto a los modelos análogos rusos incluso los menos recientes. Además, las pruebas para probar la eficacia del combustible nuclear estadounidense fueron muy superficiales y no pueden considerarse lo suficientemente amplios para certificar su utilización a gran escala. Además, según diferentes fuentes, el valor del combustible nuclear estadounidense es un 25-50 % más costoso que el combustible ruso.

Y no obstante, no hubo el rotundo fracaso que ocurrió en la República Checa. A comienzos de 2008, Ucrania firmó con Westinghouse un contrato por un monto superior a los 100 millones de dólares para el suministro de 630 bloques de combustible nuclear para la central Yuzhno-Ucrainskaya, lo que garantizará el funcionamiento de sus tres reactores en el período comprendido entre 2011 y 2015.

Por ahora, es prematuro hablar de la absoluta viabilidad de la explotación industrial del combustible estadounidense en las centrales nucleares ucranianas sobre todo si se tiene en cuenta las críticas, quejas y opiniones de diferente grado de importancia.

En este sentido, vale la pena destacar que los posibles fracasos o éxitos tecnológicos de nuestros competidores carecen de interés para el desarrollo de la situación.

La meta ucraniana es casi la última batalla que libra Westinghouse por la conquista del mercado nuclear de Europa del Este, si gana este combate prácticamente gana toda la guerra porque en la mesa no se encuentra solamente Ucrania, sino que se pone en juego el suministro del combustible nuclear para todos los reactores soviéticos tipo VVER que se encuentran fuera del territorio ruso.

Y no se trata de los antiguos países socialistas o amigos como Finlandia, República Checa, Hungría, Bulgaria, sino también socios actuales del sector nuclear ruso como India, China y potencialmente, también Turquía y Armenia.

Incluso se puede incluir los planes de la central nuclear en Bielorrusia, después de que el pasado 31 de agosto apareció información de que el Gobierno bielorruso tiene planes de diversificar los proveedores de combustible nuclear para la central nuclear que planea construir.

Otro aspecto que caldea la situación en el mercado de combustible nuclear es la denominada "declaración de Korfú", un documento no oficial fechado en 1994, que estipula que las importaciones de material nuclear de Rusia a la Unión Europea (UE) no deben superar el 20 %.

Tras el ingreso de los países de Europa del Este a la UE, la cuota de los suministros de material nuclear ruso osciló entre 30 al 45% durante varios años. Y la UE no le prestó a esto mucha atención porque en resumidas cuentas no había otra alternativa.

Pero ahora, este asunto pude ser planteado de nuevo, y convertirse en objeto de regateo y negociación de otros problemas complicados en las relaciones UE-Rusia, como, por ejemplo, las importaciones de hidrocarburos o los convenios para la construcción de nuevos gasoductos desde Rusia hacia el Viejo Continente.

Últimamente, Rusia intenta que UE renuncie formalmente a la declaración de Korfú, pero Bruselas dilata el asunto argumentando que la mencionada declaración de todas formas no se aplica, y que por esto, no existe la necesidad imperiosa de adoptar una resolución definitiva al respecto.

No obstante, es evidente que si el proyecto Westinghouse tiene éxito en Ucrania, la declaración de Korfú formalmente, puede ser utilizada como motivo para limitar la presencia de Rusia en el mercado de combustible nuclear en Europa del Este.

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