miércoles, 2 de septiembre de 2009

Los Kennedy, EEUU, y una transición resistida (Parte II - Final)

Juan Francisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info)

A comienzos de los años 60 se iniciaba el fenómeno de “la distensión” con John F. Kennedy, como ningún otro presidente de EEUU, cuando antes en 1956, Nikita Khrushchev, por la parte soviética había empezado la suya.

Esa distensión en la disputa por la supremacía global era en el fondo una transición política, en forma y contenido. Ambos bandos liderados por estos personajes, concebían esta transición a través de la coexistencia de dos sistemas. Nikita Khrushchev, no accidentalmente también desaparece de escena en 1964. 

La tesis de la coexistencia pacífica de dos sistemas, marcaba el período de transición que fue resistido implacablemente – y en retrospectiva innecesariamente desajustado a cánones éticos- por las fuerzas contrarias al cambio de aquel status. Sustentadas por la doctrina de la supremacía global bajo cualquier circunstancia, incluyendo un holocausto nuclear, se hicieron fuertes instalando una psicosis de terror generada desde la cúpula.

El pensamiento Kennedy, anclado en John F. Kennedy, la figura central de ese legado, constituyó un obstáculo principal para que el dominio del conservadurismo fuera total. 

Con la muerte de John F.Kennedy y el fin del período de Nikita Kruschev, la distensión llegaba a su fin después un período muy corto, y asimismo la transición en la confrontación bipolar adquiría un nuevo brío derivando en la violenta década de 1965-1975. 

Ese pensamiento se asociaba más con el predicamento de contener al comunismo (soviético en la circunstancia), que con la obsesión de obtener la supremacía global a costa del aniquilamiento del centro estratégico del enemigo, la Ex URSS. 

El concepto de “contención”, de alguna forma abría la posibilidad de una coexistencia de sistemas, en cambio el de “supremacía a toda costa” en la práctica significaba la conflagración nuclear (entonces con la Ex URSS), o la prolongación de varios escenarios de guerras, como se ha visto reflejado con el proyecto de invadir a Irak y Afganistán. 

John F. Kennedy, presidente de EEUU 1961-1963, con su empeño de buscar nuevas formas de asociación y cooperación internacional, representaba el comienzo del fin del macartismo y de la Guerra Fría. 

Al recibir un país tremendamente dañado por la guerra en la península de las dos Coreas, y comenzando otra en Vietnam, plantea la necesidad de “demostrar que los problemas se pueden resolver a través del método del consentimiento, por un sistema de libertad bajo la ley…. Hacer progresar la causa de la libertad del ser humano y la ley en el mundo y la causa universal de una paz justa y duradera” (pg.6; JFK; The Strategy of Peace, 1960;NY) .  

Esa resistencia a la transición para que EEUU asuma una política orientada a la cooperación y la paz, provino de los sectores conservadores y neoconservadores que se expresaron no solamente en EEUU sino que en sus áreas de influencia.

JFK fue un precursor precoz de esos valores recogiendo elementos de Franklin D. Roosevelt en que si EEUU aspiraba a liderar, lo debería hacer con inteligencia, ciencia y tecnología, y no por la imposición agresiva de una determinada doctrina de dominación global.

Esa transición de un EEUU menos belicoso hacia una nación proclive al diálogo constructivo y a la coexistencia de uno o más sistemas, se suspende bruscamente con el asesinato de JFK.

La interrupción continúa con la renuencia de L. B. Johnson para suspender la guerra en Vietnam, con Richard Nixon y Jimmy Carter, y su asesor de seguridad, epítome del neoconservadurismo disfrazado de liberal como Zbigniew Brezisnky.

Brezisnky es uno de los autores intelectuales de la peor instrumentación que se pudiera haber hecho del uso de los DDHH, como moneda de cambio para presión política o económica.

La transición se interrumpe aún más con los gobiernos de Bush padre, Reagan, Clinton y Bush hijo. Se posiciona con fuerza la tesis de la supremacía de EEUU a toda costa, bajo la estrategia del “ahora o nunca”, al no existir un poder que se le oponga.

Edward Kennedy tuvo que vivir el período más oscuro de la historia de EEUU a partir de la muerte de su hermano JFK. En su propia medida histórica, fue el que llevó adelante ese legado de transformar esa forma de concebir la política que ha sumido a EEUU al corazón de la oscuridad.

Ha sido como el guardián y defensor de un sueño y de los valores más preciados, como lo señaló Barack Obama, en uno de sus discursos sobre el Senador fallecido. 

Claro, ni los Kennedy ni Barack Obama son remotamente socialistas, pero es evidente también que están aún más lejos del fascismo en una transición muy resistida.
  
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