jueves, 17 de septiembre de 2009

México: Miedo y pizca de justicia

Teodoro Rentería Arróyave (especial para ARGENPRESS.info)

Los otrora festejos de nuestras fiestas patrias, a 199 años de la gesta heroica, por la cada día más grave inseguridad pública nacional, por la crisis económica paralizante y por la crisis moral que agobia al pueblo todo, se convirtieron en jornadas de miedo latente y en una pisca de justicia.

En el llamado mes de la patria, el pueblo que acostumbra salir a la calle a vitorear a los héroes que nos legaron independencia y dignidad no lo arredró el miedo a los atentados, el repudió a los gobernantes que ahora a como de lugar al estilo de Su Serenísima Santa Ana, nos tratan de cobrar impuestos hasta por respirar, se dio un momento de respiro y cuando menos tiene un algo que celebrar, nos referimos a ese acto de justicia, no de los aparatos de procuración y administración de la misma, sino de ese mismo pueblo que logró la libertad a la 1:00 de la madrugada de este 16 de septiembre del “ícono del abuso y de la injusticia prevaleciente”: Jacinta Francisco Marcial.

Al conmemorarse el 199 aniversario de nuestra Independencia, como cada 15 de septiembre, ahora el presidente Felipe Calderón Hinojosa por tercera ocasión cumplió con el “Grito de Dolores” desde el balcón central de Palacio Nacional, todo esto dentro de operativos de seguridad desplegados en el centro histórico de la Ciudad de México para garantizar la integridad de los asistentes a la ceremonia cívica por elementos del Estado Mayor Presidencial, de la Policía Federal y de la Secretaria de Seguridad Publica capitalina. También en las demás plazas de la República, se tomaron las precauciones debidas y el reporte, afortunadamente, fue el de una jornada blanca.

Tras ser condenada a 21 años de prisión y cumplir con 3 de injusto encierro, fue liberada la compatriota indígena otomí y monolingüe, Jacinta Francisco Marcial; la presión de los grupos defensores de los derechos humanos nacionales y extranjeros lograron que el aparato de justicia reabriera el proceso ante lo absurdo de la acusación: el secuestro de 6 goriloides agentes de la desaparecida AFI, Agencia Federal de Investigaciones y la declinación de la Procuraduría General de la República de presentar más pruebas y conclusiones no acusatorias por “dudas razonadas” sobre la culpabilidad de la sentenciada.

Mientras tanto, ojo, a emprender un movimiento nacional similar al de la Independencia, al de la Reforma o al de la Revolución Mexicana para consolidar un verdadero cambio en el país, llamó a los mexicanos “libres” Andrés Manuel López Obrador. Al encabezar el llamado “grito de los libres”, en el Hemiciclo a Juárez, el perredista advirtió que con disimulo se mantiene vigente el racismo y la discriminación, y una profunda desigualdad social entre mexicanos que viven sometidos por un pequeño grupo de poder.

Decimos que es una pisca de justicia, porque aún continúan presas las coacusadas indígenas, Alberta Alcántara y Teresa González y porque los seis “Afis”, que debieron de haber sido corridos por dejarse “secuestrar” por tres indefensas, es decir desarmadas mujeres, no tuvieron el valor de presentarse a declarar ante el Juez de la causa, y quién, es pregunta, les devolverá a estas damas indígenas, así damas aunque les duela a las élites, los años perdidos en las mazmorras del Centro de Readaptación Social, Cereso, femenil de San José El Alto, Querétaro.

La voz de alerta sobre estallidos sociales insistentemente la hemos dado como mandato de la opinión pública nacional y la ha fijado con la calidad moral que lo acredita el doctor José Narro Robles, rector de la Universidad Nacional Autónoma de México. Cuidado, el país quiéranlo o no, lo acepten o no es una bomba de tiempo, que hay que desactivar sin demora, ¿cómo?, con programas sociales implementados de inmediato, con el retiro ipso facto del absurdo y empobrecedor paquete económico, con justicia que termine con la impunidad prevaleciente y por ende recupere la seguridad pública, la tranquilidad y la paz que es derecho inalienable e irrenunciable del pueblo. Por ahora, sólo hay miedo y una pizca de justicia.

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