lunes, 7 de septiembre de 2009

México: Peones y alférez

Laura M. López Murillo  (especial para ARGENPRESS.info)

En algún lugar del tablero, entre la infantería prescindible, existen peones que funcionan como comparsas, como títeres en una comedia de complicidades; el valor conferido a esas piezas, dependerá de su talento para la simulación, del volumen de su conciencia para ocultar el oprobio, mantener el silencio y su someterse al alférez…

En los comicios recientes, el abstencionismo se erigió como una nueva fuerza electoral, el voto nulo apareció como una alternativa y el voto en blanco superó todas las expectativas. El resultado extraoficial de la jornada electoral del 5 de julio confiere una importancia inédita a las manifestaciones del hartazgo de la ciudadanía, del repudio generalizado ante el desempeño de la élite gobernante, y específicamente de los legisladores.

El único dato consistente en todas encuestas previas a la jornada electoral fue el descrédito de la figura legislativa, producto de una lacerante lejanía respecto al electorado; de la incongruencia entre lo dicho y lo hecho, entre lo prometido y lo realizado; del sometimiento de sus decisiones a los intereses partidistas; de una deleznable ecuación entre la legislatura y un modus vivendi.

Para legitimar el proceso electoral reciente, fue necesario atenuar el impacto de las expresiones del repudio popular, conjurar la amenaza de los votos nulos y despabilar al fantasma del voto en blanco. 

No obstante, esos afanes han sido insuficientes, porque la naturaleza veleidosa de la infra-especie política es un rasgo inocultable, indómito e inexorable. A escasos días de la instalación de la LXI legislatura, diez diputados solicitaron licencia indefinida para permitir que sus suplentes asuman el cargo de elección popular.

La estrategia es vulgar por antonomasia, porque desvirtúa el proceso electoral y prostituye su esencia. La voluntad popular expresada en el sufragio carece de sustento cuando el diputado electo cede el cargo al suplente, a un personaje que se mantuvo al margen de las campañas, cuyo nombre apareció en letras diminutas en la boleta electoral, cuya imagen fue apenas percibida. 

Sin caer en cuestiones de género, estos movimientos en las curules inciden en el desprestigio de esa infantería de títeres, de inútiles y expertos en sometimiento y nalgaprontismo. 

La falta de memoria es evidente en la elite política, porque a escasos meses de haber esquivado la amenaza del voto en blanco, abundan los títeres y los peones, algunos cínicos e insurrectos como Rafael Acosta “Juanito” en Iztapalapa, pero todos ellos portan el gen de la complicidad, que los hace igualmente corruptos y despreciables.

La actuación de los títeres y la osadía de los peones confirman la regla número 1 de la política: vivir fuera del presupuesto, es vivir en el error. Hoy por hoy, las funciones del legislativo son, poco menos que letra muerta; una curul es una fuente de ingresos, que otorga los privilegios superlativos del fuero y que eleva la incompetencia y la ambición a rango constitucional.

La exhibición del talente político es ya insufrible y repercute en la conciencia colectiva, agudizando la desconfianza y enfatizando el rechazo hacia la élite gobernante. El cambio de actitud de los mexicanos adquiere las dimensiones de una proeza épica cuando los ciudadanos son el auditorio cautivo de una comedia de complicidades que exhibe las conciencias vacías de los peones sometidos a su alférez…

Laura M. López Murillo es Lic. en Contaduría por la UNAM. Con Maestría en Estudios Humanísticos, Especializada en Literatura en el Itesm.

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