martes, 8 de septiembre de 2009

… Mientras lo meten a la cárcel

Octavio Quintero

A mi, pues, no me emociona mucho la pelea mediática emprendida entre el ex presidente César Gaviria y el ministro de Protección Social, Diego Palacio, que más que pulso ideológico parece un ajuste de cuentas entre bandidos que han dado en pisarse las mangueras en medio de la conflagración política que consume a Colombia.

Como parece que el régimen ha hecho un alto en su pelea con los vecinos que le tienen la cuerda cogida con eso de las bases militares que no ha podido explicar, este rifirrafe entre el ex presidente y el ministro no es más que una comedia de las muchas montadas por el presidente Uribe y su cohorte para beneplácito de la galería enardecida al paroxismo como en el circo romano cuando los leones devoraban a los cristianos.

Como en la socorrida frase atribuida en su momento al director de la selección Colombia, Francisco Maturana, “perdiendo también se gana”, lo contrario resultaría igualmente válido: “ganando también se pierde”. 

Es curioso que les haya dado a este par de antisociales por enfrentarse en torno a un tema que como el empleo digno y la salud pública ambos han destruido, a cual más: El ex presidente preparó el terreno legislativo con las leyes 50 de 1990 y 100 de 1993, que le han servido precisamente a este último para convertir a todos los colombianos de pata al suelo en unos parias mendicantes de un infeliz trabajo aquí y una miserable gragea allá, mientras la muerte les llega en las calles por inanición o a la puerta de los hospitales por desatención.

Nunca me quedó tan clara la equivocación de eso que a muchos todavía parece emocionarles en el Arte de la Guerra: “el enemigo de tu enemigo es tu amigo”. ¡No señor! No puede estar tranquilo nadie que en medio de una pelea entre caníbales espere a ver quien será el vencedor que va a convertirle en su cena. 

Yo creo que se trata de un falso positivo en donde el ex presidente quiere llegarnos con la cabeza del ministro como ese asesino que llegó con la mano de otro asesino tan sólo por cobrarse la recompensa. Pero no creo que por tal acción, alguien honrado pueda dormir tranquilo con el asesino del asesino de guardaespaldas.

Esta larga noche de desvelo no se disipa con la posibilidad de que el ex presidente Gaviria retorne al poder por sí o por interpuesta persona, porque ya sabemos de la tragedia social que vive Colombia al cabo de su arribo el poder en 1990 con una frase que hoy es macabro sarcasmo: “Bienvenidos al futuro”. 

Y ni se diga del fracasado ministro a quien seguramente su jefe debe estar instruyendo con algo parecido a lo que hace tres años ordenó a los parlamentarios: háganme caso “mijitos” mientras los meten a la cárcel.

Y el pueblo soporta con irritante paciencia a estos estercoleros, quizás esperando que, así como a los parlamentarios en la premonición de Uribe, a ellos también les llegue el tiempo de parar con sus “huesitos” en la cárcel. Y mientras tanto: ¡hágale mijito!

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