lunes, 21 de septiembre de 2009

Terrabusi

Ester Kandel (especial para ARGENPRESS.info)

El repudiable despido de los 160 trabajadores/as de la empresa Kraft Food Terrabusi amerita publicar documentos que poseemos como fruto de un estudio realizado sobre este establecimiento.

Las relaciones de género en una empresa de la industria de la alimentación en la Argentina en la década de 1990 (caso T.)

Los textos seleccionados son parte de la tesis presentada en la Maestría de Ciencias Sociales de la UBA en el año 2003 y que se puede consultar en ceil-piette.gov.ar y en el libro división sexual del trabajo –ayer y hoy –Una aproximación al tema. Editorial Dunken, 2006

III.4.- SITUACIÓN DE LA MUJER 

La sección envasamiento: un enclave femenino

A partir de una visita a la planta de la Empresa T., se tomó contacto con el contenido del trabajo: la naturaleza de la tarea y la importancia estratégica del puesto. Esta información se completó posteriormente con las entrevistas y la lectura de las respuestas del cuestionario, donde se pusieron de manifiesto: la carga global del trabajo y sus efectos en la salud, las relaciones de género y la necesidad del jardín maternal. Asimismo, se pudo observar directamente que las mujeres están concentradas en la sección Envasamiento .

Las tareas que se realizan en esta sección, según el Convenio Colectivo de Trabajo, tienen una retribución menor. Es así como se pueden registrar diferencias en las remuneraciones entre las secciones Elaboración y Envasamiento.

Las tareas de la sección envasamiento, según la descripción que figura en el convenio, consisten, por ejemplo, en “acondicionar mercadería en bandejas y/o rejillas”, “envasar en cajas, latas, cajones y/o bolsas”.

Entrevistas 

En las entrevista mantenidas con las compañeras trabajadoras, la converación se centró en la descripción de los puestos de trabajo , especialmente en la sección Envasamiento, donde se concentran las mujeres, en la organización del trabajo, los ritmos y los turnos.

Una representante miembro de la Comisión Interna, la compañera a María Rosario , respondió a la convocatoria de esta investigación, lo que permitió obtener de manera directa información y resultados de experiencias sobre la situación laboral dentro de la empresa en general, y sobre la ubicación de la mujer en particular.

Las tareas principales de la sección Envasamiento son:

1- el orden y cuidado de los productos;

2- el envasamiento propiamente dicho;

3- la carga de paquetes en cajas.

El tránsito de la descripción a las entrevistas con trabajadores/as contacto vivencial, permiti asimismo tomar contacto con los efectos de los ritmos del trabajo sobre las trabajadoras, los reclamos, su sentido y los logros obtenidos.

Las trabajadores/as son seres en situación y que cada aspecto analizado está relacionado con la totalidad, y algunos temas y problemas fueron los siguientes

¿Cuáles son los ritmos de trabajo en la sección Envasamiento?

Respuestas:

- Línea Express: 45 golpes por minuto. La Empresa N. aumentó el golpe al incorporar dos máquinas nuevas. Antiguamente eran 30 golpes por minuto.

- Línea Club Social: 200 golpes por minuto.

- Línea Chocolate (Rodhesia, Tita, etc.): 120 golpes por minuto.

- Se cambiaron máquinas con mayor ritmo de trabajo, por ejemplo las de las líneas 4; 5; 16 y Club social. Estos ritmos fueron resistidos por medio de reclamos de la Comisión interna a la dirección de la empresa,.

¿Cuál es la diferencia con la sección Elaboración?

En la referencia al proceso de trabajo, se describen las tareas que se hacen en esta sección. En las entrevistas, tanto trabajadores como trabajadoras reconocieron que el preparado de la masa y el horneado tiene pausas y, por lo tanto, el modo de trabajo es más tranquilo.

¿Existe algún impedimento para que las mujeres se desempeñen en la sección Elaboración?

Las respuestas de los varones y mujeres entrevistados/as fueron negativas. Existe coincidencia en que algunas tareas son muy pesadas, como empujar bateas de 200 kg., pero se podría resolver esta cuestión con la utilización de una máquina autoelevadora.

¿Cuáles son las repercusiones en las trabajadoras?

“Salen cansadas, salen muertas, como dicen ellas: ‘estoy hecha bolsa, me duele la cintura la espalda, las piernas’...”, comenta María Rosario. Y agrega que no se implementa ningún tipo de ejercicio para aliviar estas molestias. Las operarias suelen tomar calmantes. El médico de la empresa, da un solo tipo de medicamento para todos los dolores.

“Todas las tareas son bastante sacrificadas”, continúa. Y puntualiza que hay dos que son las más sacrificadas: envasar y colocar.

“Las colocadoras tienen que levantar 5 ó 6 guías de galletitas en una mesa. La mesa trae 24 guías y cada trabajadora tiene que levantar el número indicado. Cada guía se coloca en la máquina. Lo que cuesta es ‘aguantar el ritmo’: te dan puntadas en la espalda, parece que te van a clavar dos agujas, parece que te vas a desmayar. Algunas compañeras dicen ‘me caigo arriba de la mesa’ y ‘me caigo tirada’, cuando salimos a las dos de la tarde. Algunas se van a dormir, porque no aguantan, pero las que están más jodidas son las que tienen hijos, la casa, lavar la ropa, cocinar. Hay que llenar la máquina para que no vaya vacía. El ritmo hay que cumplirlo, no existen posibilidades de modificación”, acota María Rosario.

Esta vivencia corrobora a la de las operarias entrevistadas que trabajaron en la década del setenta y del ochenta, cuando tenían que llenar treinta latas de galletitas en una hora: “era terrible”.

Las entrevistadas hicieron referencia a las condiciones de trabajo en las cuales se desarrolla el proceso de trabajo: relaciones de producción, formas institucionales, modos de organización. Estas condiciones explican el impacto sobre los trabajadores/as de la carga de trabajo, las enfermedades ligadas a los ritmos , los efectos en las secciones con altas temperaturas, la doble jornada laboral, los obstáculos para acceder a la categoría de operario calificado y la relación con sus compañeros.

Las trabajadoras de la Empresa T., son obligadas a realizar un esfuerzo de adaptación y de resistencia ante los factores de riesgo, para evitar daños. Su organismo está tan comprometido como sus dimensiones psíquicas y mentales.

Con respecto a la seguridad, se observa que en la planta estudiada no existe suficiente protección para evitar accidentes. En estos últimos años hubo un muerto y varios operarios se accidentaron, quedando afectadas sus manos. La empresa alega falta de presupuesto para revertir la situación. En esta cuestión, está también implicada la ART , pues no cumple con lo estipulado en el artículo 31 , donde se explicitan los derechos, deberes y prohibiciones que tienen las ART, los empleadores y los trabajadores.

Por otra parte, a partir de los relatos, se puede constatar que en la Empresa T. no se han incorporado los aportes de la Ergonomía . El profesional de la Empresa T., al medicar a todos los trabajadores por igual, no considera el modo de vida de cada uno de los afectados.

Otro aspecto que emerge de las entrevistas la otra jornada que realizan la mayoría de las mujeres, es decir la tarea doméstica, que no es remunerada. De ahí que subsiste un viejo problema de la mujer: la doble explotación, por ser trabajadora y por ser mujer.

¿Por qué las mujeres están concentradas en la sección Envasamiento?

“Se hace una gran concentración en la sección envasamiento por la practicidad de las mujeres, una vez que les enseñan la tarea, son muy rápidas, tienen mayor facilidad en las manos, y también el tema de las manos pequeñas, es más fácil”, responde María Rosario. Y agrega: “probaron con los hombres y dicen que son más torpes. Sin embargo, en el sector de las colocadoras, hay dos o tres compañeros colocadores y tienen la practicidad de las mujeres. Es todo cuestión de práctica. Me acuerdo que cuando nosotras entramos, no podíamos cortar ninguna guía, la apretábamos tanto que se hacían bolsa las galletitas”.

¿Qué dicen los compañeros sobre esta división del trabajo?

“Cuando hicimos el relevamiento y el reclamo para que las mujeres accedan a la categoría de oficial calificado, se armó un revuelo con los hombres porque no querían. Se pusieron muy mal, como si nosotras los quisiéramos desplazar, inclusive llegaron a enojarse, no nos querían hablar”, recuerda María Rosario.

¿Cuál era el argumento que utilizaban para impedir el acceso de sus compañeras a esa categoría? “estaban ofendidos, decían que ésa era la categoría de ellos, no precisaban por qué, era una cuestión de machismo, se enojaron, estuvieron mucho tiempo sin hablarnos. Después, con el tiempo, empezaron a aflojar, pero todavía no entienden. Otra de las cuestiones que nos pasó con los compañeros varones fue que cuando estábamos pidiendo la categoría, a las mujeres maquinistas, que tienen que fijarse en el rollo y el fechado, les aumentaban dos tareas más: desarmar paquetes y hacer la limpieza de la máquina. En cambio, a los varones no se les exigían estas tareas. Las mujeres decían: ‘¿por qué tengo que hacer dos tareas más y me pagan menos que a los varones?’”.

En la actualidad, muchos de los varones contestaron, respondiendo un cuestionario, que las mujeres deben acceder a la categoría de oficial calificado y ganar el mismo salario.
 
¿Por qué piensan así los hombres?

Señala María Rosario que cuando ingresó a la empresa, en 1991, su entorno consideraba que las mujeres que entraban a trabajar a una fábrica eran unas “putas” o “fabriqueras”, término descalificatorio con el cual se hacía referencia a las actividades que se realizan dentro del ámbito de una fábrica. Es así como durante un año no habló con nadie, pero empezó a sentir la explotación, entendida en estos términos: “te vas a desmayar y la percepción es un salario miserable”. Una vez que la efectivizaron, comenzó a rebelarse y a compartir sus penurias con sus compañeras/os así fue como en el año 1995 fue elegida delegada.

“Para ellos, la mujer no puede aprender cosas mecánicas. ‘Las mujeres no saben ; la mujer está para la cocina, para tareas más sencillas’, me dijo un maquinista de 24 años”.

Desigual salario por igual tarea. Menos salario por más tarea

“Toda la vida fue así” , afirman las entrevistadas. “Desde hace dos años, toman técnicos electromecánicos que realizan la tarea de maquinistas. Les asignan la categoría de oficial calificado. La categoría se las dan por el título. Ganamos menos en el sentido que hay maquinistas varones, tanto en la sección de Elaboración como de Envasamiento, a los que les pagan $ 2,10 la hora. Acceden a la categoría de oficial calificado cuando las mujeres, por la misma tarea, llegan a medio oficial”. Como ya ha sido señalado anteriormente, las tareas que tienen menor calificación son remuneradas con salarios más bajos, y en estas tareas están concentradas la mayoría de las mujeres.

Podemos observar que esta situación contradice lo estipulado en dos artículos del Convenio Colectivo de Trabajo:

1) El Art. 26: “Las condiciones expresadas en el presente convenio para trabajadores/as se aplicarán indistintamente a ambos sexos. Se entiende que los salarios o sueldos estipulados en este convenio son mínimos en cada grupo o categoría”.

2) El Art. 46: “Los cambios de puestos de empleados/as se regirán de acuerdo a las siguientes cláusulas:

a) Los ascensos de categorías serán por orden de mérito y antigüedad, debiendo notificarse por escrito el interesado.

b) El empleador hará los cambios de Sección o puestos que sean necesarios en cada caso, así como también los nombramientos que crea conveniente, teniendo en cuenta lo que establece la cláusula a), pudiendo el interesado recurrir por esos cambios ante la Comisión interna o de Relaciones Gremiales del Establecimiento”.

Asimismo, contradice el Artículo 172 de la L.C.T : “La mujer podrá celebrar toda clase de contrato de trabajo, no pudiendo consagrarse por las convenciones colectivas de trabajo o reglamentaciones autorizadas ningún tipo de discriminación en su empleo fundada en el sexo o estado civil de la misma, aunque este último se altere en el curso de la relación laboral. En las convenciones colectivas o tarifas de salarios que se elaboren se garantizará la plena observancia del principio de igualdad de retribución por trabajo de igual valor”.

Es por eso que el monto del salario que percibe la mujer aparece en primer lugar como un problema, pues es el medio para satisfacer las necesidades vitales para su reproducción, aspecto que se ve agudizado por el hecho señalado en la Introducción: muchas mujeres son jefas de hogar.

Estas diferencias entre el trabajo vivo femenino y el masculino se dan sobre la base de que el salario “supone siempre por naturaleza la entrega por el obrero de una cierta cantidad de trabajo no retribuido y el aumento de salario sólo supone, en el mejor de los casos, la reducción cuantitativa del trabajo no retribuido que viene obligado a entregar el obrero” .

La igualdad de salario por igual trabajo es un logro innegable en la historia laboral de las mujeres. Sin embargo, en la Empresa T., la diferencia salarial entre los hombres y las mujeres está a la vista aunque no sea reconocida ya que existe cierta negación del problema.

CONCLUSIONES

El presente trabajo de tesis supuso una aproximación al complejo entramado de vínculos entre la división sexual del trabajo, la organización de la familia y las estrategias de acumulación del capital, en la empresa T. Focalizando la mirada en las relaciones de género en el seno de la división social del trabajo, analizando las estrategias de acumulación de la empresa.

Estas relaciones sociales, entre hombres y mujeres, llamadas relaciones de género fueron creadas por los seres humanos que a su vez han instituido roles específicos para cada uno de ellos/as.

La división técnica del trabajo y las relaciones de género en el interior de las organizaciones productivas son un reflejo de las relaciones sociales. La brecha salarial es la expresión material de las diferencias que existen entre hombres y mujeres..

En el ámbito laboral, el antagonismo y la disputa se dan principalmente entre los poseedores del capital y los que sólo poseen su fuerza de trabajo, pero también existen conflictos entre miembros del género masculino y miembros del género femenino.

La incorporación de la mujer al trabajo en Argentina y en el mundo occidental en las décadas de 1980 y 1990 fueron significativas para constatar una demanda social más general relacionada con su nuevo status, lo que da lugar a que una serie de funciones y tareas antes eran realizadas por las mujeres, adquieran ahora una proyección organizativa diferente (comida, cuidado de niños y ancianos, cuidado de la casa, atenciones personales, etc.). 

Las estadísticas señalan que los puestos de trabajo previstos corresponden a actividades que pueden ser catalogadas como ocupaciones de sustitución del rol doméstico de la mujer.

En Argentina también se observó al comparar la PEA masculina con la femenina se ha registrado un incremento de mano de obra femenina, tanto en los momentos depresivos (para completar ingresos familiares) como en los de expansión del ciclo económico (atraída por el crecimiento y las expectativas favorables).

Esta inserción laboral se ha desarrollado en condiciones de desigualdad en el empleo, como quedó documentado.

Las nuevas tecnologías provocaron acciones de formación y de recalificación, aunque limitadas a ciertos sectores o puestos de trabajo, especialmente en los países desarrollados.

Los análisis realizados acerca de la división sexual del trabajo y la relación con la innovación tecnológica, concluyeron que las mujeres obreras no sólo son más explotadas que sus colegas masculinos, sino que lo son de forma diferente.

En la industria de la alimentación, también se han producido cambios, pues un número creciente de mujeres han encontrado un empleo remunerado en el mercado de trabajo, siendo más numerosas que los hombres. Pero esto no significa que las mujeres estén desempeñando funciones más importantes. 

En la década de 1990, se implantó un ajuste estructural, que tuvo como objetivo central, crear las condiciones para asegurar a los empresarios privados la obtención de tasas significativas de ganancia que estimularían en un primer momento el ahorro interno y la inversión, luego la producción y el consumo, y finalmente el empleo.

El resultado de este ajuste produjo el efecto contrario al formulado y esta política implantada fue el resultado de más de dos décadas de políticas neoliberales, cuyo marco ideológico fue la apertura financiera y comercial de la economía local y el accionar de la corporación empresaria para condicionar y capturar las principales empresas del estado. Es así como se produjo un proceso de desnacionalización de la industria.

Disminuyó la actividad productiva y aumentó la inversión financiera, y el número de desocupados fue creciendo en forma gigantesca. Asimismo se produjo una caída en los ingresos de los trabajadores ocupados. El subconjunto que analizamos pertenecen al 11,5% de las mujeres inserta en la actividad industrial y al 40% de las que realizan actividades no calificadas.

Para la efectivización de este modelo, se modificó el marco legal que regulaba las relaciones laborales, introduciendo cláusulas de flexibilización laboral.

Teniendo en cuenta este contexto, se recoge, analiza y decodifica, la documentación y las entrevistas realizadas. Intentando descifrar lo nuevo de lo viejo en las relaciones de género en el seno de la empresa investigada.

Desde el punto metodológico se valoró el proceso de recolección e interpretación de datos, salvando obstáculos de distinto orden. La desconfianza frente a la actividad del investigador predominó fundamentalmente en la empresa y en el sindicato, lo que condicionó esta tarea.

En lugar de resultar paralizante, motorizan por el contrario la búsqueda de conocimiento, por cuanto se vuelve más conciente la necesidad de un aporte, por mínimo que fuere, pero también que el/la lector/a pueda imaginar por un momento en una pantalla de cine, primero, la película “Tiempos Modernos” -y a Carlitos Chaplin ajustando los tornillos- y luego, “Norma Rae” , donde la protagonista, trabajadora de una empresa textil y madre soltera, enfrenta las injusticias, las descalificaciones y prejuicios, en el ámbito público y privado, liderando la organización sindical.

Estas imágenes son las que sugiere el relato de las tareas de las trabajadoras de la Empresa T., al tener que cumplir los ritmos de trabajo que se les imponen.

El cuerpo de las trabajadoras habla, con sus dolores, producto del esfuerzo que realizan. También habla manifestando su padecimiento, cuando la retribución recibida por las ocho horas paradas no les alcanza para reponer la fuerza de trabajo. Y habla a través de reclamos y acciones de lucha para frenar la superexplotación. En otros términos ponen de manifiesto las repercusiones de las exigencias del trabajo prescripto, es decir de su carga física y mental.

Relaciones laborales

Dos lógicas se contraponen en las relaciones laborales: una es la de la empresa y otra la de los trabajadores. Aunque impera la filosofía de la concertación de las clases sociales, los conflictos son permanentes. A veces se hacen manifiestos y otras permanecen latentes. La lucha principal en la Empresa en el período abordado fue por la cuota de plusvalía . Los empresarios amparados por el congelamiento salarial y la reforma laboral llevaron a cabo el “plan de ajuste”. Pero el hambre de los miembros de las familias no podía esperar y es por eso que los trabajadores/as pelearon por la subsistencia, así como cuando el cuerpo no aguantaba dijeron “basta” frente a la intensidad de los ritmos de trabajo. De ahí las acciones encaradas por la mayoría de los trabajadores, para revertir esta situación, representados por la C.I.: hubo una pulseada, con algunos éxitos.

El cuerpo de las/os trabajadoras/es en el cuerpo social

El mercado desregulado de la década de 1990 ha agudizado las malas condiciones de vida de millones de argentinos ocupados y desocupados.

El salario real ha descendido a cifras que impiden acceder a la canasta familiar. La legislación laboral fue modificada, incorporándose las cláusulas de flexibilidad laboral y polivalencia funcional, y se ha incrementado la fatiga, debido a los cambios en la duración y en la configuración del tiempo de trabajo.

Los daños a la salud provocados por las condiciones de trabajo requieren por parte de los empresarios una revisión de la “razonabilidad” de la tarea y la incorporación de algunos principios ergonómicos: “los seres humanos no tienen que adaptarse siempre a su medio ambiente, sino que es el medio ambiente el que debe adaptarse a ellos. Es necesario en suma, adaptar el ‘zapato’ al ‘pie’. O como lo estipula la ley sueca sobre el medio ambiente de trabajo: las condiciones de trabajo deben ser adaptadas a las necesidades físicas y mentales de los seres humanos” .

El proceso de salud-enfermedad en el proceso de producción es expresión de aquellas relaciones, poniendo en evidencia la discordancia que hay entre las investigaciones sobre la salud en el ámbito laboral y como prevenirlas y la falta implementación de las mismas.

Discriminación y la desigualdad en un sistema desigual

Las mujeres ganaron los derechos civiles, laborales y políticos durante el siglo XX.

Durante muchísimo tiempo existieron motivos explícitos e implícitos para inhibir a la mujer en su participación en la actividad pública. “Los fundamentos del motivo de la exclusión de la mitad de la población del ejercicio de los derechos políticos estaban presentes en las concepciones sociales predominantes en la época, pero no en sus normas legales. A partir de una convención del lenguaje, aquella que entiende que los ‘hombres’ son varones y mujeres, creció un malentendido histórico al servicio de una concepción discriminatoria de la mujer. La ambigüedad de las leyes sustentada en un implícito discursivo permitió que hasta 1947 las mujeres permanecieran ausentes de las decisiones públicas. Esta situación queda evidenciada, asimismo, en los argumentos expuestos públicamente por legisladores y políticos en debates parlamentarios o en declaraciones públicas. Pero también son elocuentes los silencios producidos por normas demasiado generales, que favorecieron lecturas equívocas y ampararon los prejuicios más diversos”. En otras palabras, las leyes reflejaban la exclusión de la mujer.

Es decir que desde el punto de vista de las prácticas políticas se fueron destrabando a lo largo del siglo XX los impedimentos que obturaban el ingreso de la mujer a la vida pública. Sin embargo, no han cambiado las convicciones que han penetrado profundamente en las entrañas del pensamiento de los hombres.

La discriminación se agudiza en períodos de crisis donde el temor por la pérdida del empleo, en algunos sectores, impulsa a fomentar la discriminación. También persiste la actitud contradictoria de los empresarios, quienes, por un lado, valoran las “habilidades y destrezas manuales” de las mujeres con salarios más bajos, y por otro, impiden que éstas, con otras capacitaciones reconocidas en sus trayectorias laborales, accedan a cargos de mayor jerarquía.

La maternidad, tan glorificada por siglos, sigue siendo un “problema” para los empresarios y para algunos sindicalistas.

Toda la información recogida, a nivel internacional y nacional, sobre la situación de la mujer en la industria, converge en señalar una situación de discriminación salarial y ocupacional.

Un tema vigente es el de la relación entre el nivel educativo y las competencias laborales: subsisten los saberes tácitos como condición para la realización de la división de tareas, diferenciándose claramente de la preparación de los hombres para el ejercicio de determinados oficios.

Síntesis 

Existe discordancia entre los enunciados: “igual trabajo por igual salario”, del Convenio Colectivo de Trabajo, la Ley de Contrato de Trabajo y las Convenciones Internacionales a las cuales el país ha adherido, y el trabajo de la vida cotidiana.

Las relaciones género-clase palpitan diariamente. Los roles instituidos para la mujer y el varón no se han modificado suficientemente para que desaparezca esta contradicción en el seno del campo laboral: la división técnica del trabajo y las relaciones de género en el interior de las organizaciones productivas son un reflejo de las relaciones sociales. Persiste la caracterización que hemos realizado sobre la inserción de la mujer en la producción en la sociedad capitalista, es requerida por sus habilidades manuales y por otro retribuida con salarios inferiores. Esta incorporación tuvo lugar en el marco de una lucha permanente, principalmente por la cuestión de la doble jornada y el cuidado de los niños/as.

La discriminación de la mujer se inicia desde el momento de admisión en la empresa, ya que los perfiles de casada o soltera, de madre, tienen peso para su ingreso.

En la Empresa T., la contradicción hombre-mujer es asumida abiertamente por parte de la patronal, que no acepta que las mujeres accedan a la “categoría de operaria calificada” y actualmente, por la misma tarea, paga más a los varones que poseen el título técnico metalmecánico. 

Los compañeros se oponen a la revisión de esta política patronal, pues temen ser desplazados de sus puestos de trabajo y, asimismo, se niegan a profundizar la discusión de estas relaciones de género. No existe predisposición suficiente para el cuestionamiento de roles adjudicados y asumidos por siglos. Los cambios en las representaciones de hombres y mujeres no acompañan mecánicamente los cambios numéricos y legislativos de la inserción laboral de la mujer ya que existen otros factores e intereses que los obstaculizan.

La realización por parte de las mujeres de tareas poco calificadas tiene dos tipos de implicancias:

1- actuales, de índole salarial;

2- en el futuro, pues no acumulan en su haber tareas con mayor calificación para acceder a puestos de mayor jerarquía.

La exigencia de la doble jornada laboral y la falta de infraestructura social para que la mayoría de la población aborde la realización de tareas domésticas reafirman la división del trabajo del sistema capitalista.

A las cualidades atribuidas a la mujer, tales como destreza manual y capacidad para el orden, después de las experiencias recogidas, habría que agregarle unas cuantas más, entre ellas, el espíritu participativo y combativo.

Los nuevos conocimientos obtenidos acerca de estos modos de participación y de lucha encaradas por las mujeres trabajadoras en una empresa industrial, pueden servir de base para continuar y profundizar el estudio de los procesos de trabajo y las condiciones en que las mujeres que las llevan a cabo podrían transformarlas.

Estos saberes los pongo al servicio de la comunidad, como base para continuar y profundizar el estudio del tipo de tareas y condiciones de trabajo que realizan las mujeres en las empresas industriales.

Como última conclusión se transmite un aporte de Daniele Kergoat: “Considerar a las obreras en la singularidad de su situación de mujeres en el trabajo lleva a restituir en perspectiva las consideraciones dirigidas al mundo obrero. Los análisis clásicos en términos de empleo, clasificación o de trayectorias sociales se entremezclan revelando una condición obrera femenina signada por la división sexual del trabajo”.

Autor foto: INDYMEDIA

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