lunes, 21 de septiembre de 2009

Un final anunciado

Zula Lucero (INDYMEDIA)

Hace más de dos meses, el 8 de julio, Jonathan “Kiki” Lezcano de 17 años y Ezequiel Blanco de 25 años, se subieron a un remis y se bajaron a tres cuadras del Hospital Piñeiro, según declara el chofer del auto. Ésa fue la última vez que los vieron en el barrio de Lugano. Luego de una intensa búsqueda, aparecieron muertos con un balazo en la cabeza. Jonathan había sido enterrado en el cementerio de la Chacarita como NN, mientras que el cuerpo de Ezequiel todavía estaba en la morgue judicial.

El día anterior a su desaparición, Jonathan fue amenazado delante de un testigo por un policía de la brigada, al mismo tiempo que otro efectivo le sacaba una foto. Pero esa no fue la primera vez que la policía lo ponía sobre aviso acerca de su futuro. Seis meses antes, “El indio”, un policía de la 52 le había dicho a Angélica que su hijo corría peligro: “Cuidémoslos, les puede pasar algo, están bardeando mucho”. Sus familiares denuncian que a pesar de conocer la identidad de “Kiki” lo enterraron como NN: “En la Morgue la carpeta de Jonathan ya contaba con sus datos”.

Los dos jóvenes fueron asesinados el mismo 8 de julio por un policía de la comisaría 12ª, cuando supuestamente intentaban robarles su auto. En iguales circunstancias fue muerto Gabriel Omar “Titi” Álvarez, primo de Jonathan, a manos del policía apodado “el percha” frente a varios testigos, a pesar de estar desarmado. Los familiares denuncian que plantar un señuelo o “queso” es una metodología utilizada, muy a menudo, por la comisaría 52 para sacar pibes del medio. El policía que asesino a Kiki y Ezequiel, declaro que lo disparo en defensa propia, cuando estos le apuntaron para robarle el auto, acertándoles a ambos un balazo en la nuca.

La familia de Jonathan nunca dejó de buscarlo. Durante todo este tiempo denunciaron su desaparición en Missing Children. Recorrieron hospitales, incluso el Piñero dos días después de la desaparición, en este hospital estuvieron depositados los cuerpos sin vida de los jóvenes. Hasta la comisaría 12 donde presta servicio, Daniel Veiga, el policía que les disparo.

La noticia de la desaparición de Jonathan y Ezequiel ya estaba en diversos medios, hasta que finalmente el lunes 14 de Septiembre, sus familiares decidieron consultar en el juzgado 49 a cargo de Facundo Cubas. Allí les informaron que habían aparecido dos chicos y que debían identificarlos. Fue en ese mismo momento donde también se enteraron que ambos estaban muertos.

El martes 15 de Septiembre, el cuerpo identificado de Ezequiel, estaba a punto de ser despachado al cementerio para ser enterrado, sin haber notificado a sus familiares. Fueron los Lezcano quienes avisaron a los Blancos que el cuerpo del Ezequiel estaba en la morgue. Finalmente, el viernes 18 de septiembre sus restos fueron velados por su familia.

Varias dudas surgen sobre este caso: ¿Por qué, los jóvenes, no fueron rápidamente identificados? Si al menos Jonathan tenía varias entradas en la comisaría y en un instituto de menores. ¿Por qué las familias no fueron notificadas ni en el hospital Piñeiro ni en la comisaría 12 de la muerte de dos jóvenes en un supuesto enfrentamiento policial?. ¿Por qué figuraban como NN cuando en el expediente estaban sus datos personales, incluso el número de documento? ¿Por qué el Juzgado de Cubas comunico de la posibilidad de que los dos jóvenes que estaban muertos fueran Jonathan y Ezequiel, después que el caso se conoció en diversos medios de comunicación.

Lo que queda claro es que la policía mantiene impune su metodología de “limpieza social”. Algunas veces armando causas: como la de Brian Barrera, quien continúa detenido por la muerte de un ingeniero de San Isidro. O, en le peor de los casos, fusilándolos como a Luciano Arruga y ahora a Jonathan y Ezequiel.

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