lunes, 21 de septiembre de 2009

Uno de los revolucionarios más grandes del pensamiento científico del siglo: Albert Einstein


Albert Einstein fue uno de los grandes revolucionarios del siglo veinte. Ese viejito bonachón que aparece en las fotografías, sonriente, despreocupado, ha sido el cerebro más genial de nuestro tiempo.

De todas maneras, la figura y la personalidad de Einstein han sido sometidas desde los años veinte a muchas mitificaciones deformantes, y se lo ha querido presentar como modelo paradigmático de hombre de ciencia.

Aún hoy ocurre esta evidente deformación en torno de Einstein, ya que él fue ante todo un humanista, como Dante y Galileo. Su obra trasciende los límites de la especulación científica y constituye un ejemplo de luchador por la libertad de pensamiento y el progreso general de la humanidad.

Ese revolucionario que tanto contribuyó a cambiar el mundo en que vivimos, nunca tuvo un arma en sus manos y detestaba la violencia y la guerra. Era un hombre que disfrutaba con actividades serenas como la música, los paseos a pie y en bicicleta y la navegación a vela; le gustaba ayudar a los niños en sus problemas de aritmética.

Sin embargo, este hombre callado y abnegado revolucionó la física con sus facultades intelectuales de abstracción y contribuyó, como pocos, al nacimiento de la era nuclear.

Cuando Einstein publicó su teoría especial de la relatividad, en 1905, la física se hallaba estancada. Las leyes mecánicas de espacio y tiempo absoluto de Isaac Newton no podían ya dar respuesta a muchos de los nuevos problemas que estaban surgiendo como resultado de una experimentación cada vez más avanzada. Einstein y su teoría general, publicada en 1916, solucionó muchas de esas dificultades.

En términos simples y tal vez un poco esquemáticos, los descubrimientos más importantes de Einstein demostraron que:

* La velocidad de la luz de 300.000 kilómetros por segundo- es constante, sin importar la velocidad de su fuente de origen. A diferencia de otros objetos, no hay suma o resta de velocidades en el caso de la luz.

* La velocidad de un objeto determina el tiempo y la longitud. De este modo, un reloj que se mueva en el espacio a una velocidad mucho mayor que otro en la Tierra, registrará un pasaje más lento del tiempo. No existe un tiempo absoluto en el Universo. 

* La luz posee masa, y por lo tanto un rayo de luz se inclina al pasar cerca de un objeto.

* La energía y la masa son intercambiables. La ecuación de Einstein 'es igual a la masa de un objeto multiplicada por el cuadrado de la velocidad de la luz' (m*c elevado al cuadrado). Esta teoría llevó a descubrir el método para liberar energía mediante reacciones nucleares.

Sus teorías establecieron la base sobre la que se funda la teoría del Universo en expansión. Esta teoría sostiene que el Universo se constituyó como consecuencia de una gigantesca explosión hace 10.000 millones de años.

Aquel niño rebelde

Cualquiera que hubiera conocido a Einstein de niño y joven difícilmente hubiera imaginado que llegaría a ser una de las mentes privilegiadas de nuestra era.

Rebelde, inconformista, algo perezoso, estudiaba lo que a él le gustaba, y alguna historia tal vez con algo de leyenda, lo muestra como poco afecto a los estudios sistemáticos.

Albert Einstein había nacido, de padres judíos, en Ulm, Wurtemberg, Alemania, el 14 de marzo de 1879.

Su familia emigró a Italia en 1894 y entonces el joven Albert estudió en una escuela la cantonal en Aera, Suiza, mientras se sostenía enseñando matemáticas y físicas en una escuela técnica de Zurich, hasta 1900. Después de un año como maestro en Schefihausen obtuvo un puesto de inspector de patentes en una oficina de Berna, donde habiendo adoptado la ciudadanía suiza, permaneció hasta 1909. Durante ese período recibió su diploma de doctor en filosofía de la Universidad de Zurich y publicó sus primeros trabajos sobre temas de física.

Aquellos trabajos le valieron la designación, en 1909, de profesor extraordinario de física teórica en la universidad local. Dos años después fue nombrado profesor de física en Praga y al año siguiente volvió a su escuela politécnica de Zurich como profesor plenario. En 1913, su prestigio científico trascendía su medio y fue invitado a desempeñarse como director del Instituto Físico Emperador Guillermo. A partir de ese momento pudo dedicarse exclusivamente a la investigación en tanto era designado miembro de academias de distintos países y varias universidades le acordaban grados honoríficos.

En 1926 recibió la medalla de oro de la Sociedad Real Astronómica en reconocimiento a su teoría de la relatividad. Ya antes, en 1921, había recibido el premio Nobel de Física por un estudio sobre el movimiento browniano.

Su reflexión sobre la Teoría de la Relatividad había comenzado en 1905 con la publicación del principio de la relatividad restringida, y a ella le siguió la Teoría Generalizada en 1915.

Einstein desarrolló algunas de las ideas de Planck y en varios estudios en 1905, 1909 y 1911 desarrolló la hipótesis de los 'cuantos-luz' descubriendo la ley del efecto fotoeléctrico.

En 1907 publicó un trabajo sobre la variación del calor específico con la temperatura: fue la primera extensión de la hipótesis fundamental de Planck. En 1917 publicó un trabajo en el cual deducía la ley de la radiación empleando el átomo generalizado de Bohr, en vez del oscilador lineal de Planck.

Einstein fue un abanderado en la lucha por la distensión y por la paz mundial.

Creía firmemente en la necesidad de la paz como fórmula de convivencia. Esa concepción la fue elaborando a lo largo de su vida y entre las dos guerras mundiales.

En el decenio del 30 visitó Inglaterra y los Estados Unidos. En 1933 asumió Hitler el gobierno de Alemania y naturalmente, Einstein, en su doble carácter de antifascista y judío perdió la dirección del Instituto Imperial de Física y su cátedra en la Universidad de Berlín. Los nazis comenzaron a propagar la tesis de que la 'Teoría de la Relatividad era un cuento judío'.

Frente a esa dura realidad, Einstein abandonó la Alemania hitlerista y en 1932 se instaló en California.

En su vida en Norteamérica, Einstein comenzó a desarrollar otra de sus ideas fundamentales que sirvieron de base a muchas otras concepciones de la física actual.

En 1916, durante la Primera Guerra Mundial publicó una obra sumamente importante, 'Los fundamentos de la Teoría General de la Relatividad', y en 1920 publicó un exposición popular de esta obra. En ella Einstein enunciaba la tesis de que la presencia de grandes masas produce un campo gravitacional que da lugar a una desviación del subyacente espacio tetradimensional. Este campo gravitacional actúa sobre objetos, como lo planetas o rayos, que serán desviados de sus derroteros. Su predicción de la desviación de un rayo de luz por el campo gravitacional del sol fue comprobada en un eclipse solar en 1919.

Todos esos descubrimientos e investigaciones acrecentaron el renombre de Einstein y durante los primeros años después de la Primera Guerra Mundial actuó en el Comité de Cooperación Intelectual de la Sociedad de las Naciones.

Pacifista activo pero no munichista

Cuando arribó a los Estados Unidos, en los años treinta, aceptó una cátedra en el Instituto of Advanced Studies de Princeton, y desde allí prosiguió su labor, silenciosa y fecunda.

Pacifista consecuente, Einstein condenó siempre la guerra y el belicismo como uno de los males supremos de la humanidad. Pero no era un pacifista abstracto, un munichista, como lo había sido Chamberlain frente a Hitler. Conocía la naturaleza brutal del hitlerismo, y el 2 de agosto de 1939 le dirigió la siguiente carta al presidente Franklin D. Roosevelt: 'Señor, los resultados de las investigaciones efectuadas recientemente por E. Fermi y L. Szilard, que me han sido comunicados, me demuestran que en el porvenir inmediato el elemento uranio podrá ser empleado para la fabricación de armas extremadamente destructivas'.

Einstein denunciaba que si la Alemania de Hitler llegaba a la producción de la bomba atómica, la utilizaría contra la civilización.

Creía que Norteamérica debía en lo concerniente a este asunto adelantarse a la Alemania nazi, porque si bien se oponía al uso atómico con fines bélicos, pensaba que el solo anunció de que los Estados Unidos habían logrado fabricar la atómica, produciría inmediatamente la rendición de las potencias nazifascistas.

En cuanto al empleo bélico de la energía nuclear, Einstein que siempre había rehuido la figuración pública, aceptó la presidencia del Comité de Emergencia de Científicos Atómicos y propuso que fueran proscriptas esas armas. Cuando supo del bombardeo apocalíptico de Hiroshima y Nagasaki experimentó un ahonda aflicción que lo llevó, desde ese momento, a trabajar firmemente por la causa de la paz.

León Dujovne explicó en un interesante trabajo sobre Einstein que 'su devoción a la paz y las palabras en que la expresaba parecen una suerte de eco de aquellas que emplearon los profetas judíos de la antigüedad. Adversario de toda violencia, pregonaba la instauración de un régimen social que contemplara las necesidades de todos los seres humanos. Creía que era posible instaurar un nuevo orden social fundado en principios éticos. Pensaba que eran convincentes los argumentos que exponía en una posa bella, inspirada. Pensaba que se podía confiar en que la humanidad es capaz de cumplir consigo misma el deber de crear instituciones que consagren la justicia y eviten un cataclismo universal'.

Agnosticismo y religión

Puede decirse que Einstein era un agnóstico en cuanto a las religiones positivas, incluida el judaísmo. Pero cuando comenzó a arreciar la persecución antisemita en la época en la hitlerista, su actitud de reacción y fuerza espiritual frente al atropello y la estupidez, fue la de acudir al templo y colocarse en la cabeza la kipá, símbolo religioso pero también comunitario de los judíos.

Aquella actitud de Einstein es comparable a la del rey de Dinamarca quien, cuando los nazis ordenaron a los judíos dinamarqueses salieran a la calle con una estrella de David sobre su vestimenta, ese monarca fue el primero de los que se puso la estrella y salió a la calle ostentándola como forma de reacción hacia el antisemitismo hitlerista, y fue acompañado por gran parte de la ciudadanía no judía en ese acto de rebeldía contra los ocupantes.

Su concepto de Dios y de las religiones positivas, era el de un librepensador. Consideraba que en el período juvenil de la evolución de la humanidad, el hombre creaba, con su fantasía, unos dioses a su propia imagen y semejanza e intentó inclinar a esos dioses a su propio beneficio por medio de la magia y la oración.

Para Einstein, la idea de Dios en las religiones actuales es un sublimación de aquella vieja concepción de los dioses antiguos. Einstein admitía que la idea de la existencia de Dios personal omnipotente, justo y beneficioso, proporciona al hombre consuelo y ayuda. Pero agregaba que a esta idea van adheridas grandes flaquezas de orden teoético. Si dios es omnipotente y todo acontecimiento y todo acto dependen de él, ¿cómo es posible considerar a los hombres responsables por su conducta y sus pensamientos? ¿cómo se concilia con la bondad y la rectitud atribuidas a Dios el castigo que padecería el hombre por actos de los cuales no sería responsable?

Einstein declara sobre el particular lo siguiente: 'Sin duda, la doctrina de un Dios personal que se interpones en los acontecimientos naturales nunca podría ser refutada, en el real sentido de la palabra, por la ciencia. Pues esta doctrina puede refugiarse siempre en dominios en los que el conocimiento científico no ha puesto pie aún'.

Consideraba que, en este caso, toda intromisión de los representantes de la religión en la labor de la ciencia y su irrenunciable programa 'no sólo sería indigna, sino también fatal'.

Proponía, a la manera de Charles Peguy y Jean Jaurés, un socialismo ético, cuyos elementos fundamentales los dejó escritos en la ya legendaria publicación norteamericana 'Monthly Review', dirigida por Leo Huberman y Paul Sweezy, en su edición de mayo de 1949.

Einstein visitó la Argentina en 1925, respondiendo a una invitación de la Sociedad Hebraica y la Universidad de Buenos Aires. Su presencia fue un acontecimiento de significación extraordinaria.

Cinco años antes, el gran escritor Leopoldo Lugones había rendido homenaje al ilustre pensador. Lugones, en su conferencia sobre el tamaño del espacio -Ensayo de psicología matemática-, que pronunció para los estudiantes de ingeniería, el 14 de agosto de 1920, dijo:

'Antes de concluir, pido que el aplauso de vuestra cortesía se transforme en manifestación de gratitud para el eminente Einstein, el moderno Newton, el nuevo organizador del universo, a quien el nacionalismo, tan torpe en Berlín como en París o en Buenos Aires, obstruyó la cátedra con innoble alboroto ¿por judío?'.

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