jueves, 17 de septiembre de 2009

Uribe esconde el acuerdo

SERPAL

El gobierno de Colombia agotó su arsenal de excusas y quedó en una posición solitaria y con perfil inflexible en el seno de la Unión de Naciones Sudamericanas, UNASUR. Los representantes de los otros once países miembros, llegaron a un acuerdo sobre un documento que cubriera las garantías y transparencias reclamadas sobre armamentismo, control de fronteras y otras cuestiones derivadas de la decisión de Uribe de ceder el uso de siete bases militares de tierra, mar y aire al ejército de los Estados Unidos.

Incluso, se atendían temas y cuestiones reclamadas por el presidente colombiano en la reunión celebrada en Bariloche, Argentina. Pero la suma de acuerdos y consensos, se quebró cuando se llegó al punto de las garantías sobre el alcance de las fuerzas militares extranjeras. Allí Colombia se mostró inflexible y argumentó que no podía mostrar el acuerdo firmado con Estados Unidos que permitirá que tropas y técnicos norteamericanos operen en siete bases situadas en el territorio del país sudamericano, porque no cuenta con la autorización de Washington. 

Tras más de ocho horas de debate, los representantes de once países de los doce que componen UNASUR acordaron transparencia con respecto a defensa y armamentismo, como base para la confianza mutua. Colombia no firmó y escondió el acuerdo con EEUU. 

Javier Ponce, ministro ecuatoriano de defensa, explicó que hubo pleno consenso en el intercambio de información y transparencia entre los países miembros en lo que se refiere a efectivos, armas y equipos. También hubo acuerdo, afirmó, en que los países entreguen informes sobre los gastos de defensa en el último ejercicio fiscal, y sobre el gasto de los últimos cinco años, lo que el canciller consideró fundamental para el control futuro. En lo que hace a las actividades militares en cada país e incluso los ejercicios que pudieran realizarse con fuerzas extraregionales, se acordó el requisito de notificar a los demás países miembros sobre su desarrollo. Se pactó además invitar a observadores militares y establecer mecanismos de interconexión. Ponce mencionó que también se había recogido la inquietud planteada por Alvaro Uribe en Bariloche al acordarse “aumentar la eficiencia del control y vigilancia en las fronteras y las medidas que se consideren necesarias para impedir la presencia de grupos armados al margen de la ley”. 

Colombia no muestra el acuerdo y no puede ni quiere dar garantías

Sobre todos estos temas, hubo acuerdo de los doce países. Fue cuando se llegó al punto que cierra este proceso, la cuestión de las garantías, donde Colombia no tuvo flexibilidad alguna. Ponce citó que se acordó lo que calificó el punto fundamental: “la no extraterritorialidad de fuerzas extranjeras en el alcance de las actividades de fuerzas militares extranjeras”. Y recalcó que este punto era decisivo, porque sino todo lo demás queda como un mero intercambio de información. Añadió el ministro ecuatoriano de defensa: “Los doce países estamos absolutamente de acuerdo en que se requieran garantías, pero lo que hay que establecer es que calidad deben tener esas garantías en el caso de los convenios internacionales. Entre esos acuerdos, citó el ministro, estaría por ejemplo el hecho de especificar los alcances del pacto militar entre Estados Unidos y Colombia. Recordemos que Lula Da Silva había expresado en las dos reuniones anteriores, en Quito y en Bariloche, la necesidad de que Colombia diera “garantías reales” de que el acuerdo firmado por Uribe no va a rebasar en ningún caso las fronteras nacionales de Colombia. 
 
El ministro de Defensa de Colombia afirmó ante la prensa : “estamos abiertos a lo que denominamos “simetría”. Gabriel Silva pidió seguidamente que “todo el mundo ofrezca garantías y abra sus puertas”. Pidió que no todo se centre en los acuerdos militares sino que se incluya otros temas como el narcotráfico y el terrorismo. Recordó la reciente declaración del gobierno de Colombia donde Alvaro Uribe afirmaba que el objetivo de su país era “recuperar el orden público interno”. Hay que suponer que eso explica la cesión a EE.UU. del uso de siete bases militares, la llegada de tropa y mercenarios (“contratistas” les llaman ellos ) , aviones, helicópteros, barcos, equipos técnicos, pertrechos, etc. 

El canciller venezolano Nicolás Maduro, expresó que Sudamérica quiere la paz en Colombia y en todo el continente y deploró que Colombia se hubiera negado a dar garantías sobre el acuerdo que cerró con Estados Unidos, a pesar de que se lo pidieran los otros once países que integran UNASUR. Lamento –dijo - que Colombia prefiera mirar hacia el norte que hacia sus propios hermanos. Agregó que Colombia se había negado a presentar el acuerdo. Dicen que no lo pueden presentar sin autorización de los Estados Unidos, añadió. 

A Hillary Clinton le preocupa el armamentismo venezolano

El ambiente de la reunión estaba también enrarecido por las declaraciones funcionarios del Departamento de Estado norteamericano, que han mostrado preocupación por lo que describieron como “el deseo de Venezuela de incrementar su arsenal armamentístico”. Un portavoz del Departamento, Ian Kelly, había instado al gobierno venezolano de ser transparente en sus compras”. Palabras similares pronunció en Washington la propia titular de esa cartera, Hillary Clinton, al término de una reunión con el presidente uruguayo Tabaré Vázquez. El canciller venezolano Nicolás Maduro rechazó esas declaraciones y afirmó que Estados Unidos “no tiene asidero moral ni político para ello ya que es el peor ejemplo de armamentismo y guerrerismo”. Dijo que su país ha ofrecido todas las garantías. “Venezuela –afirmó - está equipándose para defender la soberanía del país, para que ninguna potencia imperial venga a recomponer la dominación política. Estamos felices de ser un pueblo libre que no se subordina a ningún imperio. Somos testigos de lo que hace 200 años costó a los libertadores fundar la república.” Reiteró que Venezuela ha sido transparente en sus gastos militares y que el presidente Chávez “ mostró características de los equipos que hemos tenido que adquirir a consecuencia de la amenaza que se instala en América Latina. Reafirmó que la compra de armas por Venezuela, “no es causa, es consecuencia de la presencia y la amenaza que se avecina”. 

Otras voces

Alan García, presidente peruano y uno de los escasos incondicionales de Washington en el continente, había enviado una carta pidiendo poner freno a los acuerdos militares en la región, mediante un pacto de “no agresión militar”. El canciller chileno, Mariano Fernández rechazó esos términos, por considerar que hablar de pactos de no agresión militar entre los países de UNASUR, comportaba un lenguaje bélico. “Y me parece, concluyó, que hemos avanzado lo suficiente como para utilizar un lenguaje más de cooperación y asociación”. 

Al terminar la reunión, el canciller boliviano, David Choquehuanca dijo que lamentaba la intransigencia de Colombia “que no quiere transparentar el convenio sobre las bases militares” con Estados Unidos.

Los representantes del gobierno ecuatoriano, que tienen la responsabilidad de la presidencia “in témpore” de UNASUR, hicieron visibles esfuerzos por alcanzar un acuerdo que permitiera la firma de los doce países. Incluso, junto con otros cancilleres, Fader Falconí destacó que el organismo está fortalecido y puede discutir los asuntos de la región sin acudir a terceros países, algo que fue aceptado por todos sus miembros. El ministro ecuatoriano dijo que “se puede proseguir el diálogo para lograr el consenso en toda la región”.

¿Quiénes son los amenazados?

Lo cierto es que el gobierno de Uribe ha quedado en evidencia al término del debate, al no sumarse al acuerdo colectivo en un punto en el que al menos de palabra dio reiteradas veces garantía de transparencia y pidió que no hubiera recelos: el de las bases cedidas al ejército norteamericano en su territorio.

Los argumentos de sus representantes sobre el “armamentismo” de Venezuela, resultan insostenibles, si se tiene en cuenta que con el argumento de “garantizar el orden interno” ha convertido a Colombia en un gigantesco portaaviones para las operaciones de alcance continental del ejército norteamericano. Y a nadie escapa que ello representa una amenaza latente para países vecinos como Venezuela, Ecuador o Brasil. 

Curiosamente las quejas del Departamento de Estado norteamericano y del gobierno de Colombia sobre “armamentismo”, no han incluido a Brasil, que en los últimos meses anunció compras y fabricación propia de armamento militar con tecnología extranjera, incluso la posibilidad de disponer de un submarino nuclear. Es evidente que su táctica es la de centrarse en Venezuela y en sobredimensionar la supuesta amenaza que representa “Hugo Chávez”. 
 
Uribe no quiere terminar como Noriega

Lo cierto es que Uribe sigue adelante con sus planes de subordinar Colombia a los intereses estratégicos de los Estados Unidos, a cambio de garantizar su continuidad presidencial. El presidente colombiano, personalmente, no tiene muchas alternativas. Sabe que sus pasados vínculos con el narcotráfico están documentados en Estados Unidos, así como la implicación personal y de muchos de sus colaboradores ( decenas de diputados, senadores y funcionarios uribistas están procesados por vínculos con narcos y paramilitares ). Uribe tiene presente el final del panameño Noriega, que pasó de presidente a preso común en Estados Unidos. Y que de nada le sirvió haber sido agente de la CIA al servicio del imperio.

Pero si bien Uribe sigue con sus planes, Colombia queda cada vez más aislada, y la situación de su gobierno más comprometida e indefendible ante el resto de los países del continente. Es posible que la batalla diplomática – como afirman algunos cancilleres - no haya terminado todavía. Pero la amenaza a la estabilidad y a la soberanía y seguridad de los países del área, sigue latente. Y corresponde denunciarla, enfrentarla y anularla. Lo contrario es poner en un riesgo mayor el difícil proceso de cambios y transformaciones que intentan los pueblos latinoamericanos.

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