martes, 13 de octubre de 2009

12 de octubre, un día para reflexionar sobre nuestra identidad

Elina Giffoni (MDZOL)

Es válido conmemorar, recuperar y hacer presente la memoria y la vida de los pueblos originarios que desde 1492 están luchando en defensa de sus territorios, sus identidades, sus dioses, sus idiomas y sus bienes naturales hoy sistemáticamente arrasados.

Los reportes del “descubridor” Cristóbal Colón a los Reyes Católicos, sólo hablaban del oro, de la plata, poco o nada decían de las formas de cultivo, del arte, del nivel de civilización, de ciencia, o de los modos de vida de los pueblos con los que se encontró.

Mientras que los pueblos originarios viven este día como jornada de duelo, en las escuelas argentinas celebramos el “Día de la Raza “y tenemos que enseñar que la colonización es un proceso histórico más, no siempre nos encontramos con docentes que toman la decisión de contar la verdadera historia. Deberíamos encontrar un punto de equilibrio, superador de las antinomias, leer críticamente los hechos ocurridos, cómo fueron exterminados los pueblos originarios, para cumplir con los objetivos de la corona de España : evangelizar a los indios porque luego de 10 siglos de dominación árabe la Iglesia católica se estaba quedando sin fieles; oro y plata porque sus arcas estaban pobres y territorios y poder y más poder… porque escaseaba y pensar que lo mejor que nos dejaron, como dijo Neruda, son las palabras, nuestro hermoso idioma castellano.

Convocamos a rememorar las palabras de los ancianos, recordadas cada día desde aquel 12 de octubre: “Nada quedó en pie, todo lo arrasaron, lo quemaron, lo aplastaron, lo torturaron, lo mataron. 56 millones de los nuestros, 56 millones de hermanos indios esperan desde su oscura muerte, desde su espantoso genocidio, que la pequeña luz que arde todavía como ejemplo de lo que fueron algunas de las grandes culturas del mundo se propague y arda en una llama enorme que alumbre por fin nuestra verdadera identidad. Y de ser así que se sepa la verdad, la terrible verdad de cómo mataron y esclavizaron a un continente entero, para saquear la plata y el oro y la tierra. De cómo nos quitaron hasta las lenguas, el idioma y cambiaron nuestros dioses atemorizándonos con horribles castigos, como si pudiera haber castigo mayor que el de haberlos confundido con nuestro propios dioses y dejar que entraran en nuestra casa y templos y valles y montañas. Pero no nos han vencido: hoy, al igual que ayer, todavía peleamos por nuestra libertad”.

Hoy, al igual que ayer, deben hacer frente al saqueo miserable de su territorio; a los proyectos de diques y represas que matarán sus ríos, a los terratenientes que insisten en quedarse con la tierra ajena; a las avenidas, calles y a monumentos que recuerdan muchos genocidas.

En nuestro país, la campaña del desierto no fue tal porque el territorio estaba habitado por aborígenes que posteriormente fueron absolutamente devastados con un verdadero genocidio y, evocar la figura del mentor de esta cruel conquista en el papel moneda que utilizamos habitualmente, significa consciente o inconscientemente avalar este genocidio aborigen. Esta situación nos causa tristeza e indignación: el asesinato desde hace más de 500 años de los pueblos originarios, los verdaderos propietarios de América y de sus riquezas.

En la actualidad se pueden observar las consecuencias de tal destrucción: viven en la exclusión total, refugiados en villas miserias, sin acceso a los bienes elementales para satisfacer sus necesidades básicas.

Podemos “tranquilizar nuestra conciencia” con millones de excusas que intentarán justificar lo que se hizo con ellos pero creo que la verdadera causa fue y es la expropiación de sus incalculables riquezas.

Lamentablemente para la memoria de todos, este es el genocidio más ocultado de la historia de la humanidad y el ejemplo más claro de que siempre se cuenta la historia desde el punto de vista de los ganadores. El tan mentado “encuentro de culturas” siempre se ha hecho sobre la dominación de de unos sobre otros, y pareciera ser que el hecho de contar con armas de fuego y con el aval de la corona española les daba total impunidad a los españoles, los aborígenes se defendieron como pudieron, pero, ante la vista de los resultados, no fueron ellos los que lograron quedarse en sus tierras con su cultura.

Como dice León Gieco, en su canción dedicada a los 500 años de colonización:

"Muerte contra la vida,
gloria de un pueblo desaparecido
es comienzo, es final
leyenda perdida,
cinco siglos igual".

Ha pasado mucho tiempo desde los 500 años, pero actualmente la “colonización” se ha profundizado, ya no son directamente los españoles, ahora la colonización atraviesa todo nuestro mundo, porque no son los reyes de España, es el rey dinero, el rey poder, la reina fama, la reina corrupción. Por esto, debemos estar bien atentos y alertas ante tanta invasión, unirnos y sacar lo mejor de nosotros para afrontar diariamente esta lucha silenciosa y disfrazada de bienestar que importamos tan alegremente, sin considerar los costos que tendrán que pagar nuestros sucesores. No todo está perdido, cada vez que hacemos un alto y hablamos sobre estos temas, estamos movilizándonos y esta sensibilidad nos ayudará a ser más argentino y latinoamericanos, como lo soñaron nuestros padres, San Martín, Bolívar, José Martí, entre tantos ejemplos.

Angustia indígena sin fin

A fines del siglo XV, en el momento en que los conquistadores europeos arribaron a América existían en el continente aproximadamente setenta millones de aborígenes.

Un siglo y medio después, solo había unos tres millones y medio de indígenas, es decir de hombres y mujeres que, después de haberse consumado la conquista de América, quedaron en la indigencia ya que no pudieron usar y gozar las tierras comunitarias que ellos habían ocupado durante siglos.

Esta “pronunciada disminución” de la población nativa de América llevó a muchos a plantear que en el continente se produjo un verdadero “genocidio indígena” ya que los conquistadores europeos implementaron una serie de prácticas que, trágicamente, tuvieron como consecuencia el casi completo exterminio de la población que por entonces habitaba el continente, tanto por las condiciones infrahumanas en las que ésta fue tratada como por el suicidio en masa que existió en muchas comunidades nativas cuando vislumbraban que la miseria y esclavitud eran su destino.

Entre estas prácticas pueden mencionarse el sometimiento cultural y físico de los nativos de la región; la esclavización de aborígenes para hacerlos extraer las riquezas del continente para beneficio foráneo; y la expropiación de las tierras que se encontraban en poder de los habitantes de la región quienes tomaban al territorio en el que vivían como un "legado" de la divinidad que sólo podía transferirse por herencia y no como una mercancía para ser comprada y vendida.

Aborígenes sin tierra

Habiendo transcurrido más de quinientos años desde el momento en el que los conquistadores europeos desembarcaron en América puede decirse que, desdichadamente, poco ha cambiado la situación de los indígenas desde aquél entonces hasta nuestros días.

Así por ejemplo, hoy como ayer, los descendientes de los aborígenes de la región son forzados a trasladarse a las zonas mas pobres, áridas y desérticas del continente, o por el contrario, reciben por parte de los Estados “permisos de ocupación” para que puedan vivir en las tierras que, habiéndoles pertenecido a sus antepasados, fueron ilegítimamente usurpadas por los “hombres blancos”.

Ahora bien, hasta el momento en que los gobiernos americanos no confisquen los territorios que fueron ilegalmente tomados por particulares hace siglos y se los entreguen a los indígenas, éstos últimos quedarán sumergidos en una situación de incertidumbre jurídica ya que, sin que el Estado les otorgue los títulos definitivos de propiedad, y bajo los parámetros de la ley occidental, los descendientes de los nativos de la región nunca serán reconocidos como legítimos dueños de la tierra en la que habitan.

“Desastre humanitario indígena” en la República Argentina

En la República Argentina existen unas treinta comunidades indígenas que en total están compuestas por aproximadamente una población de 600.000 hombres y mujeres.

Ahora bien en la mencionada nación, como en tantos otros países de la región, los indígenas se encuentran inmersos en un profundo “ desastre humanitario ” ya que la mayoría de ellos viven en una situación de extrema pobreza, precariedad, desnutrición, y sin tener posibilidad alguna de acceder a los sistemas sanitarios, educativos y comunitarios de la región.

Una muestra de ésta dramática situación se puede hallar en la provincia de Chaco -que se encuentra en el noreste de la República Argentina- ya que en dicho lugar, en el transcurso del presente año, según las cifras oficiales fallecieron cerca de 20 indígenas por causas que, en su gran mayoría, podrían haber sido prevenidas.

De esta manera, tanto en la Argentina como en los restantes países del continente, los descendientes de los aborígenes solo adquieren “entidad” cuando existe una gran epidemia que amenaza con extenderse a los grandes centros urbanos o cuando se aproxima una elección ya que en ese momento los políticos se acercan a ellos - en busca de votos - prometiendo luchar por sus derechos cosa que, una vez que llegan al poder, rara vez realizan.

“Desprecio” continental hacia los indígenas

Por último también debe ser mencionado que son muchos los cristianos americanos que desprecian y desvalorizan a los indígenas ya que los tratan como seres de “segunda” que, parafraseando a Eduardo Galeano, no hablan idiomas sino dialectos, no hacen arte sino artesanía y no practican cultura sino folklore.

Claro está que esta actitud contradice seriamente lo expuesto en Aparecida - Brasil - por los obispos latinoamericanos quienes plantearon que los cristianos deben acompañar a los indígenas en las luchas que ellos emprenden por conservar su identidad espiritual y cultural; y regresar a las tierras que legítimamente les pertenecen pero que han sido usurpadas por particulares o grandes multinacionales.

Desdichadamente parece que los gobiernos americanos tampoco escuchan éstas palabras ni son capaces de implementar políticas que defiendan a los descendientes de los nativos de la región.

Esta cuestión hace a muchos suponer que, de manera manifiesta o encubierta, muchos presidentes americanos parecen estar “empeñados” en concluir con el “genocidio indígena” que comenzaron los primeros conquistadores europeos 500 años atrás.

Significado de la bandera de los pueblos originarios

Debemos destacar que la patria ancestral de los Qechuas - Aymaras cuenta entre sus emblemas más importantes como es la sagrada WIPHALA, compuesto de siete colores del arco iris y las de cuatro colores correspondiente a los cuatro SUYU, y podemos definir desde la óptica andina, los aymara-qechuas a la WIPHALA, como emblema de identificación Nacional y Cultural de los Andes Amazónicos y altiplánicos, es el emblema colectivista y armónico de la Nación. Es la representación de las actividades diarias del hombre andino en el tiempo y en el espacio. Fue el emblema Nacional de la civilización andina, antes y durante el periodo de los INKA. Sobre la existencia y el uso de este emblema probablemente sea desde la misma creación de TIWANAKU hace más de 2000 años. De acuerdo con investigaciones y excavaciones arqueológicas, fueron encontrados restos de tejidos en diferentes regiones, que hoy comprende el Ecuador, Perú y Bolivia. Entonces se supone que la WIPHALA fue utilizada desde hace muchos siglos, en los trabajos agrícolas, en fiestas solemnes, en actos ceremoniales y culturales y en todo acontecimiento social del hombre andino.

Probablemente la palabra WIPHALA viene del antiguo idioma (Jhaqi-aru) (idioma del ser humano) posteriormente denominado por el cronista Polo de Ondegardo en 1554 como AYMARA, que se deriva de las palabras jaya-mara (años lejanos ó tiempo inmemorial).Entonces desciframos de la siguiente manera, primero (Wiphay) es voz de triunfo, usada hasta hoy en las fiestas solemnes y en actos ceremoniales. Segundo, el (lapx-lapx) producido por el efecto del viento, lo que origina la palabra (laphaqi) que se entiende, fluir de un objeto flexible.Juntando los dos sonidos (WIPHAY-LAPX) tenemos la WIPHALA, y la (px) se perdió por un pronunciamiento fácil de la palabra.

La Wiphala en las actividades del hombre andino

De acuerdo a las costumbres y tradiciones andinas, siempre está izada en todos los acontecimientos sociales y culturales, por ejemplo, en los encuentros de comunitarios del Ayllu, en los matrimonios de la comunidad, cuando nace un niño en la comunidad, cuando se realiza el corte de cabello de un niño (bautismo Andino), en los entierros, etc.

La WIPHALA también flamea en las fiestas solemnes, en los actos ceremoniales de la comunidad, en los actos cívicos del pueblo, en los juegos de columpio, de competencia ,en fechas históricas, en el día ceremonial del ganado, en la transmisión de mando de las autoridades en cada periodo. También se utiliza en las danzas y bailes, en los trabajos agrícolas. Al concluir una obra, una construcción de una vivienda y en todo trabajo comunitario.

Significado de los colores de la wiphala

COLOR ROJO: Representa al planeta tierra (aka-pacha), es la expresión del hombre andino, en el desarrollo intelectual, es la filosofía cósmica en el pensamiento y el conocimiento de los AMAWTAS.

COLOR NARANJA: Representa la sociedad y la cultura, es la expresión de la cultura, también expresa la preservación y procreación de la especie humana, considerada como la más preciada riqueza patrimonial de la nación, es la salud y la medicina, la formación y la educación, la práctica cultural de la juventud dinámica.

COLOR AMARILLO: Representa la energía y fuerza (ch'ama-pacha), es la expresión de los principios morales del hombre andino, es la doctrina del Pacha-kama y Pacha-mama: la dualidad (chacha-warmi) son las leyes y normas, la práctica colectivista de hermandad y solidaridad humana.

COLOR BLANCO: Representa al tiempo y a la dialéctica (jaya-pacha), es la expresión del desarrollo y la transformación permanente del QULLANA MARKA sobre los Andes, el desarrollo de la ciencia y la tecnología, el arte, el trabajo intelectual y manual que genera la reciprocidad y armonía dentro la estructura comunitaria.

COLOR VERDE: Representa la economía y la producción andina, es el símbolo de las riquezas naturales, de la superficie y el subsuelo, representa, tierra y territorio, asi mismo la producción agropecuaria, la flora y fauna, los yacimientos hidrológicos y mineralógicos.

COLOR AZUL: Representa al espacio cósmico, al infinito (araxa- pacha), es la expresión de los sistemas estelares del universo y los efectos naturales que se sienten sobre la tierra, es la astronomía y la física, la organización socio económica, político y cultural, es la ley de la gravedad, de las dimensiones y fenómenos naturales.

COLOR VIOLETA: Representa a la política y la ideologia andina, es la expresión del poder comunitario y armónico de los Andes, el Instrumento del estado, como una instancia superior, lo que es la estructura del poder; las organizaciones, sociales, económicas y culturales y la administración del pueblo y del pais.

Los colores se originan en el rayo solar al descomponerse del areo iris blanco (kutukutu), en siete colores del arco iris (kurmi), tomado como referencia por nuestros antepasados, para fijar la composición y estructura de nuestros emblemas, asi mismo organizar la sociedad comunitaria y armónica de los andes.

La wiphala es de propiedad de la nación originaria, es decir de los Qhishwa-Aymaras, Guaranies y de todo el pueblo.

Para los aymara-quechua, la wiphala es la expresión del pensamiento filosófico andino, en su contenido manifiesta el desarrollo de la ciencia, la tecnologia y el arte; es también la expresión dealéctica del Pacha-kama y Pacha-mama, es la imagen de organización y armonia de hermandad y reciprocidad en los andes.

Por eso la wiphala es sagrada, y nos corresponde difundir y defender la imagen, el significado de nuestro emblema, en todo el área andina, tanto en el Ecuador, en el Perú como en Bolivia y parte de Chile, mostrar a los pueblos del mundo, nuestra identidad territorial, nacional y cultural.

Su manejo y uso debe ser permanente y consecuente, como en el pasado glorioso de nuestros abuelos y nuestra cultura.Debemos utilizar en los actos ceremoniales, en las fiestas, en las marchas, en los juegos y competencias, en actos de conmemoración, en los encuentros de comunidades de ayllus y markas, en los trabajos agrícolas, la wiphala debe estar presente en todo acontecimiento social y cultural, particularmente en las fechas memorables del QULLANA MARKA, y del Tawantinsuyu, como los comunarios viven identificados con nuestra esencia cultural. Por lo que la wiphala debe estar flameando en todo lugar y en todo acontecimiento del diario vivir del hombre andino.En el momento de izar la wiphala, todos deben guardar silencio y al terminar alguien debe dar la voz de triunfo y de victoria del JALLALLA QULLANA marka, JALLALLA pusintsuyu ó TAWANTINSUYU.

Referencia Bibliográfica:
- Crónica del buen gobierno Ediciön 1612 por ph. Waman Puma de A.
- Historia de Bolivia Ed. 1920 por Froilån Giebel.
- Exhibición de la wiphala 1945 La Paz.
- Wiphala, trabajo de investigación por Germán Ch. Wanka, 1985.
- Seminario cultural realizado en Oruro, participaron Dirigentes Comunarios, 1986.
- Símbolos andinos aportes de Investigación V. Hugo Cárdenas 1987.
- Seminario taller en Oruro, Identidad cultural, 1989.

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