martes, 27 de octubre de 2009

Bolivia: El fatídico 11-S. La poca historia que les queda

Antonio Peredo Leigue

11 de septiembre de 2008. Masacre en Porvenir, Pando. Si. Bolivia también tuvo su propio 11-S, con más de una decena de muertos; en realidad, asesinados a sangre fría. La orden partió del entonces prefecto Leopoldo Fernández, un gamonal convertido en autoridad sempiterna. Diputado, senador, ministro, prefecto.

Siempre en el poder, que usó para controlar la mayor parte del movimiento económico de Pando. Ha pasado más de un año y recién se ha hecho la acusación formal por el Ministerio Público. Está preso en la cárcel de La Paz y, aprovechando el retardo, está inscrito como candidato a vicepresidente junto al también ex prefecto de Cochabamba, Manfred Reyes Villa.

¿Cómo es que, Fernández, perpetró la masacre? Creyó que era intocable. Lo había dicho en público, cuando el gobierno nacional planteó auditar el gasto en las prefecturas. Fernández adujo entonces que él rendiría cuentas al pueblo que lo eligió y a nadie más. El pueblo, el campesino que no recibió ningún beneficio, quiso pedir cuentas y Leo, como le gusta que le llamen, organizó la respuesta.

Después de acordar la organización de una marcha, los campesinos iban a concentrarse en Porvenir, llegando desde todas las provincias. El prefecto ordenó, a los empleados de su oficina, detener la marcha a cualquier costo. Les entregó vehículos, maquinaria pesada y armas. Fueron hasta Porvenir, cavaron una zanja profunda y, cuando llegó la primera columna, la dispersaron a bala, matando a más de una decena de personas, incluyendo niños.

Un parlamentario adicto a Fernández, pese a su declarado activismo cristiano, afirma que los campesinos venían armados. Especifica que llegaron de Riberalta, ciudad norteña del vecino departamento Beni y que estaban provistos con 2 mil fusiles y varias decenas de proyectiles cada uno. Con tanto armamento, sólo hubo un muerto entre los empleados de la prefectura. Los marchistas debieron huir: unos se internaron en la selva y otros trataron de salvarse dejándose llevar por la corriente del río. Los cazaron como conejos, algo que no puede desdecir el parlamentario activista cristiano.

Impuesto el estado de sitio en el departamento, Fernández siguió creyendo que podía actuar con la prepotencia que lo caracteriza. Fue apresado y, resguardando la aplicación de justicia, traído a La Paz, pues si se le entregaba a los jueces en Pando, en unas horas quedaba en libertad y salía de territorio boliviano; por algo, hasta el nombramiento de jueces pasaba por manos del gamonal convertido en dictador de ese departamento.

Sus abogados, como les corresponde, sus adictos y los opositores al gobierno, azuzados por los aliados de Leo, reclaman llevarlo a Cobija, la capital pandina, u someterlo a juicio de responsabilidades, un privilegio judicial reservado al presidente, vicepresidente, ministros y prefectos, en el sistema anterior. Es una ley que estaba vigente al momento de cometerse el delito. Hoy, la nueva Constitución Política del Estado no reconoce tal privilegio. Pero, revisando la ley con la que podría ser juzgado, es aplicable a delitos cometidos en el ejercicio de sus funciones, no meramente cuando ejerce la función. El crimen que cometió es extraño a sus funciones, no corresponde a un juzgamiento por mal ejercicio de aquéllas. Pero, por supuesto, tal extremo debe determinarlo la justicia. Habrá que subrayar: la justicia, que no es cuestión de jueces solamente.

El caso es que, ahora, Leopoldo Fernández aparece en una lista de candidatos, nada menos que como postulante a la Vicepresidencia junto a Manfred Reyes Villa, quien era prefecto de Cochabamba revocado mediante referendo en agosto de 2008. Este otro candidato enfrenta ya acusaciones de mal manejo administrativo, desde meses antes que lanzara su candidatura. Aparecen, según las cuestionadas encuestas que se acostumbran en estos casos, como segundo en intenciones de voto, aunque con una diferencia muy grande con relación al presidente Evo Morales, que es el candidato ganador el próximo 6 de diciembre. Lo de ganador lo reconocen hasta sus opositores, que se proponen alcanzar un número importante de parlamentarios para chantajear al gobierno como lo hicieron durante los cuatro años transcurridos.

Esta es la historia que pueden mostrarnos. No les queda mucho. Da pena, profunda pena, que un país en avance, deba detenerse a recordar la pequeñez de quienes, hasta hace poco, tuvieron en sus manos el destino de un pueblo al que le robaron su futuro. Ya sabemos, sin embargo, que les queda muy poca historia. Después de todo, no hicieron mucha historia en el pasado.

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