martes, 6 de octubre de 2009

Boudou negocia en Estambul la normalización de relaciones con el FMI

Emilio Marín (LA ARENA)

Ayer comenzó en Estambul la Asamblea Anual del FMI y el Banco Mundial. La comitiva argentina, encabezada por Amado Boudou y Martín Redrado, negocia un reamigamiento con el Fondo.

Hay nostalgia por el "Chau FMI" con el que el entonces presidente Néstor Kirchner despedía a esa entidad, luego de haberle pagado de contado la totalidad de la deuda. En enero de 2006, al nada módico precio de 10.000 millones de dólares, el país se desembarazaba del monitoreo de un organismo que había hecho tremendos destrozos en la economía y sociedad.

Pero las participaciones de Cristina Fernández en las cumbres del "G-20" en noviembre de 2008 en Washington, abril de 2009 en Londres y septiembre pasado en Pittsburgh, fueron justificadas en que se estaba buscando una "reformulación" del sistema financiero internacional y el Fondo Monetario. 

Tales reformas distan de haber sido completadas y sus resultados no son para nada halagüeños para millones de seres humanos en el mundo. Pero Argentina quiere "reinsertarse" en la entidad que regentea Dominique Strauss Khan. 

Las comillas resaltan que en verdad el país nunca se fue del Fondo. Siguió siendo miembro, en los últimos tres años simplemente pagó la cuota societaria y recibió 2.000 millones de dólares en Derechos Especiales de Giro. Esto último fue luego que en Londres se decidiera ampliar el capital del organismo, una mala noticia para el Tercer Mundo porque daba cuenta del fortalecimiento político y financiero del mismo, decidido por Barack Obama y sus aliados.

La relación de Buenos Aires con el buró fondista era como la de esos matrimonios donde ya no pasa nada. Argentina no aceptaba las visitas de inspección que burocráticamente todos los años hacen los técnicos mandados por la dirección-gerencia, con vistas a elaborar su Panorama Económico Internacional. 

La negativa gubernamental tenía su basamento: esas inspecciones, verdaderas auditorías, habían servido para dictaminar recetas de ajuste. El menú de siempre era bajar el gasto público, contener y aún reducir salarios, privatizar empresas, privilegiar el pago de la deuda pública, elevar las tarifas y servicios públicos en manos de multinacionales, etc. 

Por su parte el Fondo, guardando las formas en las sucesivas Asambleas Anuales, siempre dejó saber sus críticas a la administración local. Que no había atendido a los bonistas holdouts, luego del canje "descomedido" de 2005; que le debía casi 7.000 millones de dólares al Club de París; que la inflación doméstica superaba con creces la informada por el Indec; que el gasto público venía creciendo en forma sostenida y no sólo en vísperas electorales; que las tarifas estaban atrasadas y el Estado debía dejar de subsidiarlas, etc.

Estos desencuentros no han desaparecido mágicamente. El gobierno de Cristina Fernández no ha mutado en un símil del menemismo, como afirma de cuando en cuando Pino Solanas y casi siempre otros grupos dizque de izquierda. Pero desde la asistencia de la presidenta a las cumbres del "G-20", hay una voluntad política acuerdista con el Fondo. Nada menos que eso.

Durmiendo con el enemigo

Este lunes comenzó en Estambul, Turquía, la Asamblea Anual y la cúpula del FMI se presentó íntegra, encabezada por Strauss Khan y el vicepresidente John Lipsky, además del chileno Nicolás Eyzaguirre, director del Hemisferio Occidental y a cargo de la negociación con Argentina.

El titular del Banco Central, Martín Redrado, "puenteó" al trasandino y ayer se reunió con el economista francés que comanda la entidad. Hoy hará lo propio Boudou, buscando acercar posiciones.

¿Por qué buscaron esas citas directas con el pope fondomonetarista? Quizás para alimentar sus respectivos egos, en el sentido de que tienen línea directa con la dirección. También puede ser para marcar una diferencia con Eyzaguirre, debido a declaraciones que éste hizo al periodismo en Turquía, donde "marcó la cancha". El economista chileno fundamentó las visitas de inspección a países como el nuestro en base al artículo IV de la Carta del Fondo: "no es nuestra intención entrometernos, sino decirle al resto del mundo la sustentabilidad y la ganancia que generan las medidas adoptadas por un país. No se trata de discutir política, sino políticas".

De ese modo hundía el dedo índice en la herida, o punto donde le duele al gobierno argentino, receloso de inspecciones que podrían mostrarlo ante la opinión pública como aceptando las políticas fondomonetaristas. Sobre todo si los delegados del economista galo, en vez de recluirse en el Sheraton y peregrinar silenciosamente hasta el Palacio de Hacienda, ida y vuelta, matizan esa rutina con declaraciones a la prensa, encuentros con consultores privados y hasta políticos de la oposición.

En los últimos dos años la presidenta de la Nación fue refractaria a que los enviados del Fondo aterrizaran en Ezeiza. Ahora tiene un punto de vista acuerdista con el FMI-Banco Mundial, no exento de disputas y desacuerdos. En este momento da la impresión que ha aceptado el monitoreo del Fondo, sólo que negocia la forma que tomará: quiere recortar todo lo que sea el debate de políticas económicas. Los observadores venidos del exterior sólo debería decir si las políticas oficiales son o no sustentables.

Siendo la primera misión la que llegue al país a principios de noviembre, se supone que tendrá orientaciones de no hacer una conferencia de prensa con Mauricio Macri, Elisa Carrió y Francisco de Narvaéz en un salón del Congreso. Bajarán el perfil de la visita y la ajustarán todo lo que puedan a lo "técnico", aunque este rubro no puede separarse de la política. Si se reúnen o no con el interventor del Indec, si reciben o no a los representantes de la Mesa de Enlace para ver los números "del campo", si hablan bien o no del proyecto de ley de presupuesto nacional 2010, etc, no serán decisiones puramente técnicas. El hombre es un animal político, opinaron los griegos, y algunos son animales nada más.

Política errónea

No son especulaciones periodísticas: el ministro de Economía ha confirmado desde Turquía que está definiendo con el Fondo cuándo y cómo se reanudan las visitas de sus técnicos al río de la Plata.

También ha dejado trascender que hay decisión tomada en Buenos Aires para reabrir el canje con los holdouts con una tasa de corte del 65 por ciento y reconociéndoles los intereses caídos desde 2005 con un bono a siete años. Los bancos que se ganarán una comisión por esta triangulación entre los tenedores y el gobierno son el Citigroup estadounidense, el Barclays inglés y el Deutsche alemán. A cambio aportarían un préstamo en dinero fresco.

Para que Economía concrete esa reapertura del canje, tendrá que hacer anular la ley que lo vedaba. Desprolijidades parlamentarias al margen, lo grave es que con esa movida se incrementará otra vez la deuda pública, al blanquear y contabilizar la parte de bonistas antes excluidos, sobre un total de 20.000 millones de dólares, y los intereses que se admitirían en esta negociación.

Este giro a la derecha del kirchnerismo trata de ser explicado en función de las bondades que tendría para la situación nacional y mundial la consolidación del "G-20" como escena del debate mundial. Sólo un iluso podría creer que allí cada voto vale uno; Obama y los presidentes del "G-7" son los que tienen la sartén por el mando. Las supuestas bondades de sus resoluciones no llegan a la gente humilde del planeta, que en cambio protesta contra esas cumbres. Sin ir más lejos, la actual Asamblea en Turquía, fue motivo para marchas de repudio.

Es que la "renovación política internacional" es un bluff. Un documento de la CGT de España, por ejemplo, informa sobre la principal resolución de la Cumbre de Pittsburgh: "este Consejo de Estabilidad Financiera está formado, entre otros por los gobernadores de los bancos centrales, que no dejan de ser banqueros. Sin ir más lejos, el presidente de dicho Consejo es Mario Draghi, gobernador del banco central de Italia, vinculado anteriormente al banco estadounidense de inversión Goldman Sachs, entidad célebre por fomentar el enriquecimiento de sus directivos".

Como respaldo a su gestión, Boudou mostrará a Strauss-Khan no sólo el aval de la presidenta sino también los números "robustos" del Presupuesto 2010, especialmente la partida destinada a pagar deuda externa: 26.676 millones de pesos, 10 por ciento del total del gasto. 

¿Por qué se van a aceptar las auditorías del Fondo si desde fines de 2002 el país creció 25 trimestres consecutivos prescindiendo de esa entidad?

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