viernes, 23 de octubre de 2009

Crisis Global I: Un respiro en la turbulencia (Parte IV)

Claudio Katz (especial para ARGENPRESS.info)

Ofensiva patronal

Las clases dominantes pretenden afrontar los desequilibrios en curso con nuevos atropellos a los trabajadores. Los capitalistas intentan aprovechar el temor que suscita el desempleo, para desmantelar en Estados Unidos todas las protecciones sociales conquistadas en la posguerra.

Estos objetivos reaccionarios son incentivados por el discurso republicano contra cualquier reforma social y por la ideología derechista, que equipara responsabilidades en la gestación de la crisis. Los financistas -que se enriquecieron con burbujas especulativas- son ubicados en el mismo plano que los pequeños deudores hipotecarios, que contrajeron créditos por encima de su capacidad de pago.

Ambos grupos son igualmente señalados como culpables de una “cultura del endeudamiento”, que descuidó el ahorro y descontroló los gastos. Con este enfoque se justifica el auxilio a los grandes capitalistas enalteciendo su capacidad para generar empleo. La convocatoria a ayudar “sólo a los que se que se auto-ayudan” es la consigna para arremeter contra los últimos resabios del estado de bienestar. (16)

El carácter reaccionario de estos discursos salta a la vista. Para restaurar la confianza en un sueño americano -severamente corroído por el temblor financiero- se promueve un mayor ensanchamiento de las desigualdades sociales.

Esta misma estrategia de agresiones patronales promueve el establishment en Europa Occidental, para remover conquistas populares más significativas. También allí la retórica derechista exonera a los poderosos y culpabiliza a los desamparados, buscando convertir a los inmigrantes en chivos expiatorios.

Antes del estallido financiero los capitalistas del Viejo Continente despotricaban contra la “reducida competitividad” y “la magra productividad” que imponen las protecciones sociales. Ahora sitúan en esas mismas “distorsiones” a la gran dificultad para salir de la recesión.

Los atropellos sociales en marcha presentan una dimensión mayor en las pequeñas economías de la periferia europea (como Irlanda o Islandia), que intentaron convertirse en paraísos financieros y actualmente soportan un plan de ajuste del Fondo Monetario. Este mismo torniquete agobia a los países de Europa Oriental. Esperaban llegar al Primer Mundo con la restauración capitalista y en los hechos enfrentan una degradación propia del Tercer Mundo.

En todas estas regiones se verifica un empobrecimiento de los sectores medios, que en las últimas dos décadas adoptaron el credo neoliberal. El establishment intenta transformar la frustración que exhiben estos segmentos en furia antipopular, para redoblar las medidas de austeridad y profundizar la flexibilización laboral. En un marco de recesión profunda y alto desempleo, los capitalistas pretenden recrear el escenario que en 1981-82 dio inicio a la ofensiva neoliberal.

Interrogantes de la resistencia social

La sensación de alivio económico que exhiben las clases dominantes también refleja la ausencia de una resistencia popular significativa. El temor a esa reacción estuvo muy presente en el debut de la crisis y se expresó en la reunión que la crema del capital realizó a principio de año en Davos. El pesimismo económico coincidió en ese evento con el pavor a un estallido social. (17)

Allí se observó el impacto generado por la rebelión juvenil en Grecia y por las movilizaciones sindicales de Europa Occidental. Estas acciones se profundizaron posteriormente en Francia, con marchas que tuvieron un nivel de concurrencia comparable a las protestas de 1995.

Las movilizaciones también fueron multitudinarias en Alemania y España y estuvieron rodeadas en Irlanda por simbólicas ocupaciones de fábricas. La oleada de resistencia parecía consolidarse con las manifestaciones que tumbaron al gobierno conservador de Islandia. Pero al cabo de esta primera reacción, las protestas cedieron en todos los países y los dominadores se tranquilizaron.

En Estados Unidos se registraron inicialmente varias acciones significativas (simbolizadas en la lucha de Republic Windows). Pero los regresivos acuerdos de General Motors frenaron ese impulso. También la expectativa de lograr una reforma que revierta la persecución a los sindicatos (EFCA) se ha debilitado. En el sector privado el nivel de sindicalización se mantiene en un piso histórico de 7,3% (2008) frente al 35% de mediados de los años 50. Es inminente, además, una ofensiva patronal para recortar los contratos colectivos, en un clima de intimidación judicial a las organizaciones obreras y mudanza laboral hacia el despolitizado sur del país.

Este panorama podría revertirse con las luchas que han gestado los inmigrantes y con otras formas de resistencia social dispersa. La llegada de Obama a la presidencia reflejó un cambio de expectativas populares, asentado en la superación de viejos prejuicios raciales y en la gravitación de nuevas demandas (como el seguro médico). Pero este giro no se expresa hasta ahora en irrupciones callejeras. Este contexto contrasta con lo ocurrido en los años 30, cuándo Roosvelt se vio obligado a concretar reformas sociales y otorgar derechos de organización sindical bajo la directa presión de la resistencia obrera. (18)

En Europa Occidental las protestas sociales han sido contrapesadas por la presión desmovilizadora, que genera un mercado de trabajo crecientemente liberalizado. Los patrones recurren a este mecanismo para potenciar la competencia laboral entre los asalariados. Mientras que los gobiernos socialdemócratas han reforzado su servilismo hacia las clases dominantes hay muchos signos de desorientación popular. En las últimas elecciones de la Unión Europea se registró una altísima abstención y el miedo creado por la crisis alimentó un deslizamiento hacia la derecha. (19)

En Europa del Este, la magnitud del colapso social colocó a varios gobiernos al borde del precipicio. Hubo fuertes ensayos de movilización social (especialmente en Letonia, Lituania y Bulgaria), pero ninguna de estas respuestas alcanzó la dimensión que, por ejemplo, tuvo la rebelión del 2001 en Argentina.

Las escasas noticias sobre el curso de la resistencia en el Sudeste de Asia, probablemente reflejen el menor impacto que ha tenido la crisis en esa región. Algunos investigadores han retratado los síntomas de reacción subterránea que se observan en China o Vietnam, junto a la conocida valentía que han vuelto a exhibir los obreros de Corea del Sur. (20)

Pero hasta ahora, la zona que registra el principal engrosamiento mundial de la clase obrera, no se ha transformado en un foco protagónico de la lucha social. Proliferan las situaciones de crisis por arriba (como el desplome del oficialismo en Japón por primera vez en 50 años), pero no las manifestaciones de irrupción popular.

Comparaciones y problemas

La principal diferencia entre la crisis actual y su antecesora de los años 70 se localiza hasta ahora en el plano político y social. Las analogías puramente económicas suelen omitir esta distinción, cuya relevancia es más significativa que cualquier matiz de la recesión, del endeudamiento o de la política monetaria.

Las clases dominantes fueron radicalmente desafiadas hace treinta años por una oleada internacional de alzamientos obreros y sublevaciones antiimperialistas. En la crisis actual prevalece, por el contrario, un cuadro de preeminencia neoliberal, retroceso social y regresión del proyecto anticapitalista. Los trabajadores deben lidiar con una situación más adversa que la afrontada por la generación precedente.

Estas diferencias entre el contexto actual y el escenario de 1974-75 se refleja nítidamente en las interpretaciones de la eclosión, que se debaten en los ámbitos radicales. Ninguna caracterización contemporánea atribuye el estallido financiero del 2008 a un “estrangulamiento de las ganancias”, a la fortaleza de los sindicatos o las demandas obreras (profit squeze). Tampoco se escuchan explicaciones asociadas con el incremento de los costos sociales o la expansión del estado de bienestar. La crisis actual no fue detonada por protestas sociales, ni militancias radicales.

Otro problema de la resistencia popular ha sido la irrupción de la crisis, en un momento de impasse política dentro del Foro Social Mundial (FSM). Este bloqueo afecta al organismo que podría cumplir un rol aglutinante de la protesta. El movimiento alterglobal es el candidato natural a centralizar esa lucha por la experiencia adquirida al cabo de varios años de movilizaciones internacionales. Pero su rol ha decaído, cuándo más se necesita un referente global de la resistencia.

Luego del pico de protestas altermundialistas alcanzado en Génova (2001) y en las marchas contra la guerra de Irak (2003), la influencia de los Foros y convocatorias del FSM ha disminuido. A pesar del alto nivel de participación que tuvo el último encuentro de Belem (2009) este declive no se ha detenido. Las plataformas frente a las crisis discutidas en ese encuentro no han bastado para revertir el vaciamiento político que padece el Foro, por el papel que juega una dirección socialdemócrata asociadas con ONGs de oscuro financiamiento.

La sistemática oposición a las iniciativas de lucha, la atomización de los temas en debate y la inexistencia de prioridades han creado un clima de frustración y cansancio, entre los movimientos sociales que participan en el FSM. Tampoco las distintas iniciativas radicales ensayadas durante el año pasado han alcanzado para contrarrestar este bloqueo con una respuesta por abajo. (21)

Una conjunción de factores ha determinado por lo tanto el carácter limitado de la respuesta popular a la crisis. Estas debilidades le han permitido a las clases dominantes recuperarse del susto inicial. Pero también es cierto que los poderosos han sido cautelosos en descargar todos los efectos de la eclosión sobre los trabajadores. Aunque siguen temiendo esa reacción social, no dudarán en reforzar su agresión si encuentran el terreno despejado.

La crisis recién ha comenzado y es prematuro cualquier pronóstico sobre la lucha popular. En la izquierda hay posturas optimistas y pesimistas sobre esa resistencia. Lo más sensato es constatar que en la conmoción económica será persistente y habrá muchas oportunidades para recuperar la iniciativa.

El devenir de la crisis depende de esta actitud de los oprimidos. Un mismo descalabro financiero puede reforzar la andanada de atropellos o crear una situación opuesta de protesta por abaja y repliegue por arriba. Quiénes abstraen la política y la lucha social del análisis económico, no pueden comprender ni caracterizar estas alternativas. Se enfrascan en discusiones técnicas y especulaciones sobre las variables financieras, olvidando la influencia preeminente que tienen las confrontaciones clasistas sobre el devenir de la economía.

Pero una comprensión de la crisis también exige superar las visiones exclusivamente centradas en la coyuntura. ¿Cuál es la relación de la eclosión actual con varias décadas de neoliberalismo? ¿De qué forma influye la mundialización sobre ese estallido? ¿Qué efecto tiene la conmoción en curso sobre la dinámica del imperialismo? Abordaremos estos temas en nuestro segundo texto sobre la crisis global.

Claudio Katz es economista, Investigador, Profesor. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda).

Notas:
16) Ver: Brendt Rolf, “El estado no debe salvar a las compañías”, La Nación, 13-5-09, Dahrendorf Ralf, “No existen soluciones globales”, La Nación, 1-4-09.
17) “Honestamente no sabemos lo que va a ocurrir. Pero lo seguro es que las próximas noticias serán peores”, Martín Wolf, El País, 1-2-09.
18) Sustar Lee, “Los trabajadores norteamericanos en la crisis”, www.aporrea.org/trabajadores, 10-9-09, Selfa Lance, “Change Lite from the new White House”, Socialist Worker, 5-6-09.
19) Sabado Francois, “Après les résultats des élections européennes”, Inprecor 551-552, juillet-aout 2009.
20) Bello Waldem, “Asia: the coming fury”, www.fpif.org/fpiftxt, 9-2-09
21) Antentas Josep Maria, Vivas Esther, “G 8: de Génova a L´Aquila”, ALAI, 8-7-09, Rousset Pierre, “Le FSM en debate”, Les autres voix de la Planete, n 38, avril 2008.

Bibliografia:
- Álvarez Nacho, Medialdea Bibiana, “Financiarización, crisis económica y socialización de las pérdidas”, Viento Sur n 100, enero 2009.
- Chesnais Francois, “La recesión mundial: el momento, las interpretaciones y lo que se juega en la crisis, Herramienta n 40, marzo 2009.
- Di Leo Petrino, “The return of Keynes”, International Socialist Review, January-February 2009
- Foster John Bellamy, McChesney Robert, “A New Deal under Obama?”, Monthly Review vol 60, n 9, February 2009.
- Geier Joel, “Capitalism´s worst crisis since the 1930s”, International Socialist Review, November-December 2008.
- Guillén Romo Arturo, “La crisis global y la recesión generalizada”, XI Encuentro Internacional sobre Globalización y problemas del Desarrollo, La Habana, 2-6 marzo 2009.
- Harvey David, “Por qué está condenado al fracaso el paquete de estímulos económicos”, Sin Permiso, 16-2-09.
- Husson Michel, “La burguesía o la crisis en marcha atrás”, Viento Sur, abril 2009
- Johsua Isaac, “Crisis: tras los planes de relanzamiento, la hora de la verdad”,www.espacioalternativo.org/ 20-8-09
- Kregel, Jan, “Taming the bond market vigilantes: gaining policy space”, XI Encuentro Internacional sobre Globalización y problemas del Desarrollo, La Habana, 2-6 marzo 2009.
- Moseley Fred, “The U.S. economic crisis. Causes and solutions”, International Socialist Review, March-April 2009.
- Panitch Leo, “Interview”, Worker´s Liberty, www.socialistproject.ca, 17-2-09
- Samary Catherine, “Vers un tsunami bancaire et social Est-Ouest européen”, Inprecor 549-550, mai-juin 2009.
- Sapir Jacques, “Rèflexions sur les conséquences de la crise et les tendances economiques a venir”, 31-10-08.
- Shaik Anwar “La mejor alternativa es un estado creando puestos de trabajo”, Página 12, 15-3-09.
- Udry Charles André, “Una crisis duradera”, Revista La Breche n 5, enero-febrero 2009.
- Wallerstein Inmanuel, “The politics of Economic Disaster”, Agence Global, 15-2-09
- Weisbrot Mark, “Economía global exagerada”, Página 12, 17-4-09

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