viernes, 30 de octubre de 2009

¿Es posible mitigar la hambruna?

Noel Manzanares Blanco (AIN, especial para ARGENPRESS.info)

Medios de prensa de la Unión Europea (UE) han estado informando acerca de que centenares de ganaderos llevaron a cabo diversas manifestaciones de protesta por la caída de los precios de los productos lácteos.

La principal demanda de los involucrados es limitar la producción por medio de cuotas para impulsar los precios de la leche. En respuesta, autoridades de la UE acordaron la entrega de 280 millones de euros adicionales en subsidios para su producción, la que será concretada en 2010.

Una de esas manifestaciones fue diseminar ríos del preciado alimento en los campos de varios países del Viejo Continente, mientras millones de personas tienen hambre.

Por tanto, más allá de la sinrazón de esos ganaderos para tales acciones contestatarias, lo cierto es que privaron a seres humanos de adquirir un bien capaz de mitigar su hambre o, incluso, salvarles la vida.

Esa actitud devino agravante de la tragedia provocada por la desaceleración económica y caída de los precios de los alimentos que empujaron a más de un centenar de millones de terrícolas la pobreza y la desnutrición, alcanzando en la actualidad la proporción de uno de cada seis habitantes del planeta.

Sin lugar a duda, la “civilización” europea contribuye a la denominada crisis silenciosa del hambre, elemento que eleva la amenaza a la paz y a la seguridad mundiales.

En este escenario se corrobora la razón de los analistas quienes piensan se ha creado la capacidad en el mundo para satisfacer las necesidades alimentarias en los países ricos y pobres, amén de que estos últimos necesitan con urgencia mecanismos para el desarrollo económico.

También existe la paradoja: mientras el hambre se enseñorea en naciones en desarrollo, muchos campesinos tienen el potencial para cubrir sus propias necesidades, mejorar la seguridad alimentaria y de paso contribuir a mayor crecimiento económico.

Así, los gobiernos y actores de las finanzas internacionales en general deben estimular las inversiones en la agricultura del Sur, en aras de que los campesinos tengan acceso a semillas, fertilizantes y tecnologías, además de infraestructura, financiación y mercados para sus productos.

Las Naciones Unidas reconocen que frente a los problemas acuciantes de hoy día, las familias sureñas procuran mantener los ingresos mediante la migración y, en el campo, la venta de ganado. Son apenas paliativos.

Entonces —aunque la humanidad demanda una transformación en la estructura de la sociedad universal para dejar atrás la calamidad presente y futura— con un poco de racionalidad, es posible mitigar la hambruna.

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