viernes, 30 de octubre de 2009

España: ¿Cuántos van…?

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

Al paso que lleva la aparición en escena de los corruptos de la clase política, no va a haber celdas suficientes para ellos en las cárceles españolas. Y eso que no están todos los que son por aquello de la coartada, las suplantaciones de personalidad y los testaferros que estos individuos saben cuidar además de saber manejar los tiempos...

La presunción lleva camino de invertirse. Va a llegar un momento en que la presunción de inocencia prevista en las leyes civiles va a adoptar esta fórmula cuando estamos ante un político: “todos los políticos son corruptos, a menos que demuestren lo contrario”. No en vano la política fue desde siempre una actividad sospechosa en la que caben tantos que sólo lucen labia...

Precisamente los políticos y la mayoría de los periodistas, temerosos de que la creencia del pueblo en la democracia se vaya agrietando poco a poco en vista de tanta podredumbre, ante estos hechos se apresuran a decir que la mayoría de los políticos es decente.

Pues cada día me resulta menos creíble esa certeza, porque si muchos políticos no han sido imputados todavía es porque no han sido sorprendidos in fraganti y porque no puede investigarse a todos al mismo tiempo. Pero no se olvide que en esto la injusta justicia es uniforme: ningún juez o tribunal investiga u ordena investigar si no hay indicios racionales, razonables, suficientes… de delito.

En cualquier caso tampoco muchos están entre “los presuntos” pese a haber dicho que la política es un medio de enriquecerse y no un servicio a la colectividad. Ahí tenemos al parlanchín Zaplana, por ejemplo, que dijo en una conversación telefónica grabada, cuando malgobernaba el hombrecillo: "yo he venido a la política para forrarme". ¿Por dónde van las pesquisas acerca de este presunto decente?

Y es que las escuchas telefónicas y otras técnicas de investigación no pueden alcanzar a todos al mismo tiempo. Si así fuese, mucho me temo que si todos los políticos de los partidos mayoritarios son honrados es, porque ya han acumulado suficiente riqueza, han conseguido las suficientes gabelas, y ya se dan por satisfechos. Empezamos por que siendo racional y lógico que a mayor responsabilidad, mayores ganancias y más privilegios, la conducta transgresora del político debiera ser en correspondencia más grave que la del simple ciudadano (es decir, que en el caso de incurrir en un ilícito el ser político debiera constituir un agravante), resulta que todos gozan de práctica inmunidad… El caso es que, dada la facilidad con la que los políticos manejan sumas millonarias, permisos para construir, para calificar y recalificar terrenos; dado su escaso o nulo respeto por los bienes públicos; y dado el desprecio de la ética universal, es para sospechar que no haya entre la clase política ni siquiera los diez justos de que habla la Biblia.

Así es que ya pueden ir preparado el poder judicial y su auxiliar penitenciario un campo de concentración con alambradas de alta tensión para que no se escapen, para todos los políticos corruptos que van cayendo en el saco: las cárceles empiezan a no dar abasto. Y ello pese a que al final la mayoría se libre de la prisión prolongada, más allá de los calabozos, en virtud de las triquiñuelas leguleyas y el tácito contubernio de los poderes institucionales y de hecho que son los que rigen en realidad en estas democracias del apestoso capitalismo.

Todo esto de la corrupción generalizada y a mansalva lo propicia, además, el marco monárquico que contra la naturaleza de los tiempos se instaló aquí tras la muerte del dictador. La República no iba a evitar estas cosas, pero esto es el colmo. Y es porque la sociedad plutocrática tiene el mejor caldo de cultivo en privilegios, estatutos personales, canonjías, propios del régimen monárquico de toda la vida, cuando la inmensa mayoría de ciudadanos creía que las familias reales se habrían acabado para siempre.

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