martes, 20 de octubre de 2009

Estira y encoge sobre Afganistán

Néstor Núñez (AIN, especial para ARGENPRESS.info)

El tema afgano sigue funcionado en las altas esferas norteamericanas como una suerte de resorte halado en sus puntas por los más diferentes grupos e intereses.

Desde su campaña presidencial, el hoy Premio Nobel de la Paz, Barack Obama, dijo que su énfasis en la lucha contra el terrorismo, heredada de George W. Bush, sería liquidar a Al Qaeda en Afganistán.

Algunos pensaron que era una fórmula de compromiso para no echarse arriba toda la ojeriza de la ultraderecha norteamericana liada en las guerras petroleras de Asia Central.

Con el tiempo, la debacle afgana para los invasores se ha hecho sentir cada vez con más fuerza. Dentro de los Estados Unidos una mayoría de la población no considera factible continuar con la campaña armada, y entre los aliados estadounidenses en el ocupado país abundan las deserciones y las opiniones proclives a transar con los talibanes o salirse individualmente del hueco.

Las discusiones han llenado amplios espacios por estos días en el propio Capitolio de Washington. La derecha, esencialmente republicana, quiere nuevos refuerzos en Afganistán, y otro grupo más moderado, básicamente demócrata, pide apoyar y entrenar un ejército nacional local que libere a las fuerzas extranjeras.

Por lo pronto USA no aterriza ni de un lado ni del otro, pero sin mayores ruidos, remitió a suelo afgano hace apenas unos días a un contingente de 13 mil efectivos no contabilizados dentro de los 21 mil que Obama ya decidió poner en pie de guerra en aquellos parajes centroasiáticos.

Los observadores internacionales aducen que la administración prosigue navegando entre dos aguas para intentar mantener contentos a los guerreristas y a los menos hostiles, y a la vez mueve grupos de tropas hacia el complicado escenario. Aseguran estos especialistas que todavía hay indecisión oficial en torno a disponer de 40 mil soldados de refuerzo para unirlos a los 68 mil ya desplegados en la zona de combate.

Es, dicen las mismas fuentes, la táctica de no crearse oponentes ni de un lado ni de otro, de forma tal que programas controvertidos de gobierno como el de la reforma del sistema de salud, salgan lo más indemnes posible en un escenario legislativo donde, de alguna manera, los dulces llegan a casi todos los que pueden decidir.

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