viernes, 23 de octubre de 2009

Hacia un socialismo sostenible (II) Socialismo europeo

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

Aisladas por océanos, desiertos, montañas y glaciares, durante decenas de miles de años, los pueblos, las culturas y las civilizaciones vivieron ajenas las unas de las otras; no obstante, como guiados por una mano invisible, marchando paralelamente, los hombres y las mujeres de todas las latitudes, actuaron del mismo modo, enfrentaron idénticos desafíos, resolvieron los mismos problemas y procuraron un mismo destino.

Todos los pueblos crearon sus lenguas e inventaron su escritura, dominaron el fuego y aprendieron a trabajar, calcular y medir el tiempo; crearon obras de arte e inventaron sus dioses en la creencia de que los dioses los habían inventado a ellos. El aislamiento y la marcha en paralelo dio lugar a rasgos que lo definen todo: la naturaleza hizo a la humanidad genéticamente homogénea, mientras ella se hizo a si misma culturalmente diversa.

En todas partes, como elemento esencial del progreso, surgió la organización social, aparecieron jerarquías, nació la autoridad y se formó el poder que andando el tiempo se transformó en el Estado y, al institucionalizarse dio lugar a los sistemas políticos.

Mientras marcharon a su arbitrio, sin interferencias ni imposiciones, mutuas, los pueblos avanzaron hacía un destino común. De haber continuado esa tendencia, al encontrarse las civilizaciones debieron percatarse de que sus diferencias no eran esenciales, no afectaban la condición humana y por tanto no debían oponerlos. No ocurrió así.

En aquel dilatado proceso hubo una particularidad que lo alteró todo: se trata de la precedencia histórica en virtud de la cual unos pueblos, en ramas decisivas avanzaron más rápido y alcanzaron primeros determinadas cotas en los campos de las ciencias y la tecnología.

Favorecidos por la fauna y la flora autóctona, la calidad de los suelos, los climas templados, la abundancia de agua, carbón y minerales, los pueblos europeos avanzaron en la agricultura, la metalurgia, la industria y la urbanización y gracias a Mediterráneo, a lo largo de siglos aprendieron a navegar en aguas mansas con la costa a la vista hasta que fabricaron grandes naves, instrumentos de navegación y se aventuraron a ir más allá del horizonte. Comenzó así la aventura, atlántica, la época de las grandes conquistas y el eurocentrismo.

Por razones conocidas, Europa convirtió la precedencia en un paradigma de dominación que aplicó al resto de los pueblos. Las Cruzadas, la conquista y la colonización del Nuevo Mundo, la colonización de África, incluida la trata de esclavos; no sólo dieron lugar a guerras e invasiones y propiciaron el saqueo, sino que ocasionaron aberraciones persistentes como el racismo y la xenofobia, incluso a las opciones de exterminio de unos pueblos y razas por otros. El fascismo y “la solución final al llamado problema judío” son de los peores ejemplos.

Naturalmente la cultura europea produjo también valores y obras trascendentes, entre ellos sus ideas políticas, sus instituciones y su sistema político, que por efectos del paradigma de dominación vigente, en un proceso hecho de luces y sombras y no completamente negativo, impuso o trató de imponer a todos los pueblos de la tierra; así ocurrió con el liberalismo y con el socialismo.

Al aplicar el pensamiento dialéctico al estudio de la evolución de las ideas políticas en Europa, se descubre que ninguna de las grandes doctrinas existen en estado puro ni son por su naturaleza excluyentes. El socialismo y el marxismo le deben al liberalismo lo mismo que la doctrina liberal al socialismo y al pensamiento marxista.

A la luz de esas grandes doctrinas y en abierta y constante pugna contra el autoritarismo y el despotismo, se desarrollaron las ideas y las instituciones políticas occidentales, aparecieron la democracia y la participación y andando el tiempo el socialismo que sustanciado por los descubrimientos científicos de Carlos Marx se convirtió en una visión alternativa al régimen capitalista, asumido a veces como una recusación absoluta del liberalismo, lo cual pudo haber sido un error.

De la simbiosis magnifica del idealismo objetivo de Hegel y el materialismo de Feurbach, el apego a las ciencias de los enciclopedistas y otros representantes de la ilustración, el liberalismo de los economistas clásicos británicos y de los tratadistas europeos y el altruismo de los socialistas utópicos franceses y muchos otros aportes, mezclados en la mente y la obra científica de Carlos Marx, una de las cabezas más universales de su tiempo, nació una concepción socialista, denominada también marxismo.

Como mismo ocurre con el liberalismo, el marxismo es un refinado producto de la más elevada cultura política europea, pensados como parte de la conciencia social de aquellas sociedades y de sus estructuras ideológicas y políticas, así como de las instituciones desarrolladas allí para progresar en las condiciones del capitalismo desarrollado. Si bien se trata de excelentes referentes teóricos e incluso paradigmas, nunca debieron imponerse en forma pura a otros pueblos y otras culturas que aun cuando puedan asimilar sus esencias, tienen derecho a intentar sus propios caminos.

De ser ciertas las presunciones científicas de Marx, el socialismo llegará a cada pueblo como parte de su devenir histórico, tal como ocurrió con otras formaciones sociales. No haber tomado en cuenta las peculiaridades de cada civilización, tratar de imponer como único el modelo socialista europeo y no entender la máxima de que el socialismo es universal por su contenido humanista y nacional por su forma y por los contextos en los cuales se originan, constituyó un grave error.

Se trata de una tautología en la que incurro conscientemente: Sustentable o sostenible es aquello que una sociedad, una Nación o una época pueden sostener, asimilar, disfrutar o construir; algo que se administra con solvencia y con lo cual se convive sin dificultades. Lo sostenible es racional, casi siempre endógeno y autogenerado y, cuando viene de fuera no necesita ser impuesto con violencia. Lo sustentable es amigable, coherente y acatado. Cuando llega así, el socialismo es bienvenido.

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