viernes, 9 de octubre de 2009

Hágase otra arquitectura financiera

Noel Manzanares Blanco (AIN, especial para ARGENPRESS.info)
 
Escapa a la casualidad la creciente demanda acerca de la necesidad de suplantar la añeja arquitectura financiera que gravita sobre el planeta Tierra a favor de unos pocos y en detrimento de muchos.

Ya el Informe del Grupo de Trabajo del Comité Ejecutivo de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas, titulado “Hacia una nueva arquitectura financiera internacional”, dado a conocer en enero de 1999, denunciaba: 

“Lo acontecido a nivel mundial desde mediados de 1997, y sus precedentes en los años ochenta y noventa, han puesto de manifiesto en forma dramática que el actual sistema financiero internacional es incapaz de proteger a la economía mundial de las intensas y frecuentes crisis financieras”. 

Casi inmediatamente, agregaba: “se trata de la mayor amenaza de este tipo que se ha producido en más de medio siglo. Esta amenaza se ha reflejado en las sucesivas y pronunciadas revisiones a la baja de las proyecciones del crecimiento económico mundial en los últimos años”. 

Una década después, la humanidad asiste a un superior proceso de depreciación de sus condiciones de existencia. 

Los analistas coinciden en que la actual es una crisis multilateral que se manifiesta en las esferas económica, financiera, social, cultural, de gobernabilidad y ecológica. 

En término de presupuesto-base de la tragedia universal, se encuentra la naturaleza del sistema capitalista cuyos conductores principales se ocupan de sí y de su gente, con el acompañamiento del poder mediático que intenta hacer creer que al mejorar el Norte prospera el Sur. ¡Puro cuento!. 

Ahí está la Declaración final de la cumbre del G-20 en Pittsburgh, del pasado septiembre, con sus grandes contradicciones y carácter excluyente. Un ejemplo: 

Por un lado, dice que trabajarán juntos para generar un crecimiento global vigoroso, sostenible y equilibrado, pues precisan una recuperación duradera que genere los empleos que “nuestros pueblos” necesitan. 

Sin embargo, apenas se comprometen a transferir como cuota a los mercados emergentes dinámicos y a países en desarrollo un cinco por ciento del sesenta que poseen en el Fondo Monetario Internacional. 

Moraleja: además de lo ridículo de la transferencia, continúa la apuesta al mismísimo Fondo que, unido al Banco Mundial, evidencia su incapacidad para revertir la desgracia planetaria. 

¿Cómo se comportará la moneda virtual SUCRE (Sistema Único de Compensación Regional), concebida por la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) en aras de facilitar e incrementar el intercambio comercial de sus integrantes? 

¿Será simiente de otra arquitectura financiera?

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