viernes, 30 de octubre de 2009

La cofradía burguesa y el internacionalismo proletario

Mario Rivera Ortiz (especial para ARGENPRESS.info)

Ahora vamos a escribir brevemente sobre las relaciones de fraternidad de los grupos sociales fundamentales de la sociedad capitalista; más precisamente, sobre los actos de solidaridad política y militar dentro de ellos a través de las fronteras geográficas y a partir de su plasmación como clases sociales: en otras palabras, trataremos sobre el internacionalismo proletario y de su contraparte, la hermandad burguesa internacional, partiendo de que ambos tipos de relación siempre fueron instrumentos estratégicos en la lucha de clase contra clase. Unirse entre sí y hacer todo lo posible para mantener dispersa la clase social contraria, fue un elemento constante en la obligada convivencia de burgueses y proletarios durante la modernidad.

1.- La hermandad burguesa. Las burguesías de todos los países del mundo han pasado su existencia riñendo mutuamente en las guerras nacionales a fin de ejercer la rapiña fuera de sus fronteras y frenar la lucha de clases al interior de sus países. La solidaridad en general nunca fue un sentimiento propio de esta clase social, pues en términos generales es la más egoísta de cuantas han existido, en obediencia a su posición en el proceso productivo y a sus principios “morales”; pero cuando el poder burgués ha estado en peligro, en cualquier parte del mundo, los Estados capitalistas y sus gobiernos, de izquierda o de derecha, se unen para aplastar irremediablemente la insurrección que los amenaza. ¡Esa es la regla!

Pero después del 11 de septiembre de 2001, iniciada la guerra contra el pueblo de Afganistán, las palabras “terrorismo”, “narcotráfico” y “eje del mal”, se convirtieron en el santo y seña para convocar a la defensa del orden imperial-burgués, primero bajo el mando de George Bush y ahora de Barack Obama.

Con tal objetivo los estrategas del imperio dieron en montar corralitos de exterminio para estrangular, uno por uno, a los pueblos con más riquezas que expropiar o aquellos que más resisten a sus afanes de conquista y esclavización.

Las formas de acción fundamentales de la hermandad imperial “antiterrorista” y “antinarco” son las siguientes: a) seleccionar a un país o grupo de países soberanos ricos en gas, en petróleo y/o que pueda representar una amenaza a la soberanía del imperio; b) satanizar la víctima escogida con las palabras malditas y aislarla políticamente para justificar la agresión militar masiva y sofisticada con el apoyo irrestricto de los medios de comunicación conservadores y liberales; c) utilizar los instrumentos bélicos y políticos ya existentes o crear otros especiales para el caso, como el Consejo de Seguridad de la ONU, la OTAN, la ISAF (Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad), la OEA, el TPI-Y (Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia), la híbrida UNASUR, la OIEA (Organismo Internacional de la Energía Atómica), la DEA, otros, con sus ejércitos de gendarmes, “contratistas”, mercenarios, y lumpens; d) ampliar la red de cárceles de alta seguridad y tortura de prisioneros, al estilo de Guantánamo; e) activar o crear nuevas instituciones para el control político, ideológico, jurídico y cultural individual y de masas, como el Premio Nobel, Premio Príncipe de Asturias, Amnistía Internacional y ombudsmans de todos los colores, etc., y, f) invadir y saquear la presa (en los museos de Bagdad los yanquis y británicos no dejaron un ladrillo).

El frente mundial burgués actual está integrado por las más poderosas potencias capitalistas y sus satélites: EEUU, Unión Europea, Israel, Pakistán, Colombia y se ha transformado en un poderoso aparato de destrucción y conquista que ha causado la muerte a cientos de miles de seres humanos en unos cuantos años. Sólo para descuartizar Afganistán, se han concentrado hasta ahora más 100 mil soldados invasores de 42 nacionalidades distintas y sobre Haití están varios miles de mercenarios pagados por los gobiernos de Brasil, Colombia, Perú, Argentina y otros países latinoamericanos.

Los mismos anatemas de “terrorismo” y “narcotráfico”, “eje del mal”, con algunos dólares adicionales, sirven también al imperio, para lograr apoyo logístico de algunos gobiernos de los países que circundan las regiones acorraladas y para paralizar dentro de ellos cualquier acción solidaria en favor de las poblaciones masacradas: Rusia, Kirguistán y Tayikistán, por ejemplo.

Entonces, en resumen, hasta ahora el imperio mantienen en el mundo cuando menos los corralitos de Afganistán, Irak, Irán, Palestina, Cuba, Venezuela, República Democrática Popular de Corea, Haití y el territorio controlado por las FARC en Colombia.

Pero la política internacional de los verdaderos terroristas y narcotraficantes en grande, tiene su historia, no es, que digamos, muy nueva:

Recordemos que en Francia, en el año de 1871, durante la lucha contra la Comuna, los ejércitos burgueses; el prusiano vencedor y el francés vencido, hicieron las paces y luego confraternizaron en la matanza de miles de proletarios parisinos.

En octubre de 1873, Austria, Rusia y Alemania, a iniciativa de Bismark, concertaron una alianza tripartita, o sea, un acuerdo de acción común en caso de “disturbios en Europa”, con miras a reprimir conjuntamente el movimiento revolucionario y sobre todo de la I Internacional de Trabajadores.

En los años de 1950 la agresión contra la República Democrática de Corea se consumó bajo la sucia bandera de la ONU.

En México, durante los años 1960, la Border Patrol de los Estados Unidos, entregó a varios guerrilleros mexicanos a la policía política mexicana, sabiendo perfectamente que iban hacia la tortura y la muerte.

El Gobierno Mexicano del presidente Ernesto Zedillo, violando sus propias leyes y apoyado por la SIDE argentina y la CIA norteamericana, entregó al revolucionario Enrique Gorriarán Merlo al gobierno de Menem, en octubre de 1995.

2.- Hablemos ahora un poco del movimiento internacional del proletariado, o sea, el de la noble multitud.

A este respecto Jean Paul Sartre dice que el internacionalismo proletario como gran movimiento mundial, nació en el año de 1968 y que se trataba del acontecimiento más trascendente de los últimos años. Nosotros diríamos, que aún ahora en el 2009, no es un hecho general y cotidiano en un mundo convulso que lo requiere a gritos; sin embargo, actos aislados de confraternización internacional del proletariado se sucedieron desde tiempo antes. Citemos algunos ejemplos:

Los hijos del pueblo polaco, Wroblevski y Dombrowski, fueron electos generales de la Comuna de Paris siendo extranjeros, ya en 1871; las heroicas brigadas internacionales defendieron la república española en 1936 contra el fascismo franquista; los voluntarios chinos enfrentaron a las tropas norteamericanas en 1952 al lado de sus hermanos coreanos; las revoluciones de Vietnam y Cuba fueron objeto de grandes manifestaciones de apoyo de parte de la Unión Soviética y otros países; las tropas cubanas lucharon en Angola durante los años de 1986-1988, hasta derrotar a los invasores sudafricanos, etc.

Ciertamente, por la misma época una gran masa de obreros franceses, ingleses, norteamericanos, italianos y demás, dormían tranquilos sobre la alfombra del confort democrático, mientras que las burguesías nacionales e imperialistas remodelaban su estrategia bélica en los ensayos de las Islas Malvinas (1982), Libia (1986), Panamá (1989), Irak (1992) y Yugoslavia (1999).

Entonces, ahora, ante la realidad de los corralitos del imperio están apareciendo nuevas formas de solidaridad mundial de la noble multitud, porque ésta ha comprendido que las batallas aisladas están condenadas al fracaso. ¡Es demasiado poderoso y perverso el enemigo! Ni siquiera modelos de defensa nacional como el cubano que involucra a todo el pueblo o el recientemente decretado por el presidente venezolano Hugo Chávez, con sus Comités de Defensa Integral y la reforma de la Ley de Conscripción y Alistamiento Militar obligatorio, podrían sobrevivir aislados dentro de los corralitos imperiales sin un amplio y decidido apoyo internacional. Puede haber heroicas intifadas, ni duda cabe, pero no victorias definitivas. Se requiere la acción conjunta y coordinada de los pueblos de todo el mundo o cuando menos en vastas regiones geográficas, para vencer al enemigo común, tal y como lo hace ahora el contra-corralito asiático que está combatiendo a las fuerzas invasoras de la OTAN-ISAF y socios, en Afganistán.

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