jueves, 29 de octubre de 2009

La estabilidad uruguaya sigue al Frente Amplio

Joaquín Rivery Tur (AIN, especial para ARGENPRESS.info)

El analista Oscar Botinelli, director de la encuestadora Factum, en entrevista con la prensa extranjera citada por AFP, declaró que salvo que ocurra una catástrofe, "con mayoría parlamentaria, el Frente Amplio va al balotaje (segunda vuelta) sin posibilidades de perder".

La afirmación es fuerte, pero tiene a muchos partidarios detrás. La esperanza de los partidos Nacional (Blanco) y Colorado radicaba en poder arrebatar al Frente la mayoría en el Congreso en la primera vuelta del domingo pasado. No lo lograron, y el pronóstico de la segunda ronda lo dio Botinelli.

El diario República hacía otros cálculos con resultados parecidos. En su consideración, el candidato del Frente, José Mujica, sacó a Luis Lacalle casi 20 puntos porcentuales (alrededor de un millón de votos) al obtener oficialmente el 47,5 por ciento de los sufragios, contra 28,5 su oponente.

Sin embargo, para la votación del 29 de noviembre los dos partidos de la derecha, sin diferencias reales entre sí, se van a unir para tratar de que la izquierda uruguaya no logre un segundo mandato de cinco años. De otro lado, Mujica y sus seguidores trabajarán porque el ex tupamaro asuma la presidencia en marzo del próximo año.

La República tiene tanta seguridad en los resultados que anuncia con fotos del ganador en su titular de primera plana: “En noviembre Mujica será el presidente”. Mientras, el diario El País no lo muestra ni lo menciona.

Los dos partidos tradicionales, que hasta el 2004 se habían alternado en el poder hasta que el Frente los destronó, van a emplear todas sus armas de propaganda agresiva (y tienen bastantes en los medios de difusión) con el fin de evitar la victoria de José Mujica y una segunda derrota de la oligarquía, sobre todo financiera.

Eso no es tan fácil. Las votaciones del 2004 y la obtenida en la primera vuelta de este octubre, mostraron que la izquierda se ha convertido en el primer partido de Uruguay y si la antigua balanza se repartía entre Blancos y Colorados, ahora es entre la derecha tradicional y el Frente, con inclinación favorable a este último.

No hubo sorpresas, por tanto, en los resultados de las elecciones generales uruguayas. Hasta aquí todo ha sido previsible en esta nación con una ciudadanía acostumbrada a la estabilidad política y a tendencias que cada vez son menos variables.

El mayor problema radica en que bastó un mandato de Tabaré Vázquez (60 por ciento de popularidad actualmente) para demostrar que Uruguay puede ser administrado con eficacia por la izquierda, incluso en medio de su economía capitalista de corte neoliberal, y hasta se pudo rebajar la pobreza en el país.

El triunfo de Vázquez en el 2004 fue una bomba para los cabecillas de los nacionales y colorados, acostumbrados a repartirse el poder con alternancia.

Cinco años de dirección del Frente Amplio demostraron que los fallos de épocas anteriores estaban en esa sucesión continua de los partidos tradicionales, guiados por intereses económicos y sin matices ideológicos diferenciados entre ambas fuerzas.

La votación recibida por Mujica y el Frente es testimonio de que el electorado uruguayo mantiene la tendencia constante en el apoyo de un gobierno nuevo. Veremos que nos dice el 29 de noviembre.

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