jueves, 22 de octubre de 2009

México: Esclerosis sistémica

Gerardo Fernández Casanova (especial para ARGENPRESS.info)

“Que el fraude electoral jamás se olvide”

Más allá de las perversas particularidades del toletazo a Luz y Fuerza del Centro, ampliamente documentadas y comentadas, y de la nueva puñalada impositiva, se hace evidente la esclerosis del sistema político mexicano, que se ve totalmente incapacitado para procesar los conflictos y para disponer fórmulas de conciliación de las diferencias; por el contrario, los mecanismos institucionales han sido prostituidos y convertidos en instrumentos de facción y, por ende, de ficción. Vivimos una real guerra civil, incruenta en lo aparente, pero a morir en la realidad. Un sector de la sociedad, minoritario pero poderoso, pretende eliminar al resto; el otro sector, el resto de la sociedad, mayoritario pero débil, solamente intenta eliminar los privilegios y el poder de los primeros.

El único instrumento que pudiera resolver civilizada y pacíficamente el diferendo, el proceso electoral, ha sido trastornado e inutilizado de manera criminal por los dueños del poder resueltos a no perderlo, reduciéndolo a un mecanismo de alternancia entre dos que son lo mismo, decididos a no permitir la intervención de otros. El fraude electoral del 2006, la nefasta intervención del Tribunal Electoral para romper al PRD, la sistemática campaña mediática para destruir la alternativa de la izquierda, aunada a la cooptación corrupta de liderazgos de la izquierda moderna, son sólo algunos de los instrumentos diseñados para asegurar la exclusividad prianista. Como en el póker trucado, basta que dos se pongan de acuerdo para que el tercero siempre pierda.

Pero en México el arreglo bipartidista entre el PAN y el PRI deja fuera de la lucha “institucional” a la inmensa mayoría de pobres, incluidos los no tan pobres de la clase media, sometida al constante desgaste por las decisiones que, en contra de sus derechos e intereses, adoptan los gobiernos y congresos dominados por la dupla que se alterna en el poder. Compiten entre sí en lo accidental y superfluo, pero coinciden en lo verdaderamente criminal. Se tiran a matar para dar la impresión de competencia, hasta que los que verdaderamente mandan los sientan a recibir la instrucción y esta, a no dudar, siempre va en el sentido de proteger los intereses de quienes son los privilegiados del estatus imperante.

El ejemplo más reciente es el de la aprobación, por la mayoría de los diputados, del aumento de los impuestos al grueso de la población y el mantenimiento de los regímenes especiales de no tributación para las grandes empresas que, por voz de los mismos responsables de cobrar impuestos, sólo pagan menos del 2% de sus utilidades. Para mayor vergüenza, justifican tal aberración diciendo que, si se les cobrara correctamente, se ahuyentaría la inversión. El PRI se viste de luces para anunciar que se opuso al impuesto de 2% a la pobreza y lo sepultó, pero a cambio aceptó un incremento de 1% al IVA y a los precios de los servicios públicos, como si fuera un gran triunfo. Es decir: te querían dar una puñalada hasta la empuñadura y sólo te la darán a la mitad, no importa que sea directamente al corazón.

Aunque todavía falta la aprobación del presupuesto de egresos, está claro que la dupla ya negoció y no se tocan tampoco los privilegios de la alta burocracia, ni en su monto ni en su número. Los mexicanos seguiremos pagando, con sangre y hambre, a una caterva de juniors enquistados en la administración pública, cuyos elevados salarios no les son suficientes y gozan, con singular alegría, de los beneficios de la corrupción disfrazada de negocios modernos.

A los diputados que responden al interés de la población mayoritaria, con una muy mermada representación, no les quedó más que protestar en tribuna y hacerse merecedores del tilde de “rijosos” que les propina la televisión y la prensa vendidas. No nos dejan más que la protesta en la calle y la apuesta al desbordamiento de la violencia para, entonces, aplicar la fórmula de la represión largamente anhelada para, de una vez por todas, acabar con la disidencia y sus liderazgos.

Anoto aquí un detalle que pudiera pasar desapercibido, pero que me confirma en el diagnóstico: la semana pasada (16/10/09) el funcionario del FMI encargado de los asuntos de México declaró que el país… “continúa cumpliendo con las condiciones para acceder a la Línea de Crédito Flexible”. Léase: se atienden las instrucciones para destruir empresas públicas y se mantienen las condiciones de privilegio para la inversión transnacional. Me queda claro.

No queda de otra, nos la tenemos que jugar a la suma de todos los agravios y parar de cabeza al país. Ya nadie puede dudar del perverso modelo que nos han impuesto. Con López Obrador a la cabeza o a un lado o abajo, es preciso llegar al paro nacional y reemplazar este maldito y esclerótico sistema.

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