martes, 13 de octubre de 2009

¿Obama: Nobel inmerecido o final adelantada? (I)

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

La brevedad del testamento de Alfredo Nóbel (350 palabras) y la interpretación literal de sus albaceas, privaron a la humanidad de importantes precisiones en torno al más apreciado de los galardones científicos y literarios existentes.

Al respecto, nunca ha podido discutirse si las instituciones habilitadas por el mecenas sueco para escoger a los ganadores eran y serán eternamente las idóneas para ese cometido y si alguna vez se resolverá la arbitraria decisión de reducir a tres (Física, Química y Medicina) las disciplinas científicas consideradas y se podrá enmendar la injusta decisión de excluir todas las esferas del arte, excepto la literatura. Todavía se discute cuál es el verdadero sentido de dotar las distinciones con “recompensas” en dinero. Recompensa es la palabra usada por Nóbel.

Dueño del dinero y ponente de una iniciativa que no comentó ni colegió en vida, acogiéndose a la santidad de la “última voluntad”, Nóbel impuso a la comunidad científica mundial una acción, aunque positiva y altruista, caprichosa. Debido a esa circunstancia, su iniciativa estuvo a punto de no ser implementada por la oposición de la familia Nóbel, algunos tecnicismos fiscales, pero sobre todo porque, sin consultarlos echó sobre la Academia Sueca y el Parlamento Noruego responsabilidades enormes.

Respecto al componente monetario, algunos contemporáneos cercanos a su entorno, refirieron que probablemente su intención era no sólo premiar los resultados, sino facilitar los avances científicos, facilitando las cosas a personas jóvenes, con ideas avanzadas, aunque sin suficientes recursos para realizarlas. Eso explica que ningún premio se haya entregado a alguien inactivo ni post mortem.

Hubo sin embargo detalles que Nóbel no omitió, como fueron otorgar la prerrogativa de conceder los premios a instituciones suecas de carácter estrictamente científicas, presuntamente ajenas a la política, como son la Real Academia de Ciencias Sueca, que asigna los galardones de Física y Química, el Instituto Karolinska que concede el de Medicina y Fisiología y el de Literatura a cargo de la Academia Sueca de Arte.

Por otra parte Nóbel, conocedor de la naturaleza política de las guerras con muchas de las cuales su familia y él mismo lucraron hasta amasar una de las grandes fortunas de su tiempo, liberó a los científicos y a su país de la responsabilidad de otorgar el Premio de la Paz, traspasando ese cometido a una entidad política como es el Parlamento Noruego.

Con razón el acaudalado inventor advirtió: “Es mi voluntad…que no se tenga en cuenta la nacionalidad, de manera que la obtengan los más dignos, sean o no escandinavos”. El hecho de que siete escritores suecos y tres noruegos hayan alcanzado el Nóbel de Literatura justifica la advertencia.

Según los criterios de Nóbel, Leonardo da Vinci y Miguel Angel no habrían sido nunca premiados, como tampoco lo hubieran sido Mozart o Beethoven y nadie se explica por qué excluyó a la agronomía, la pedagogía, la botánica, la sociología, la historia, la veterinaria y otros tantos ámbitos de la actividad científica.

No obstante reservas y criticas, es pertinente encomiar el gesto y reconocer el esfuerzo de las instituciones encargadas para otorgar cada año galardones que significan, no sólo el mayor estimulo que un científico puede recibir, sino también el más eficaz mecanismo de divulgación científica existente.

Según la tradición, los encargados de otorgar los premios trabajan con el máximo de discreción y una vez adoptada una decisión, en público, cada comité presenta su dictamen y, utilizando una sola oración, pronuncian el conocido: ¿What it is about? revelando por qué alguien fue elegido. La ceremonia se realiza en inglés y toma minuto y medio para cada premio. Hasta ese instante nadie, incluyendo a los propuestos, sabe nada al respecto. Después, como ocurre ahora con Barack Obama, corren ríos de tinta.

La indiscutible e insuperable estrella de los Nóbel es la polaca nacionalizada francesa Maria Curie, la primera y la más joven entre las mujeres que lo han alcanzado, una de los tres científicos que lo logró en dos ocasiones y única en hacerlo en dos disciplinas diferentes, parte de uno de los tres matrimonios que lo ha alcanzado y la pionera entre los tres que tuvo la dicha de que una hija suya fuera también premiada. Maria Curie es la única entre todos los premios Nóbel que puede considerarse mártir de la ciencia.

Tal vez por no estar relacionado con una obra concreta, ser entregado por una institución no científica y cubrir una esfera de la política, el Premio Nóbel de la Paz es el más subjetivo, el que se presta a mayores manipulaciones, el más criticado y para muchos, el más desprestigiado. En mi opinión al concederlo al presidente Barack Obama, el Comité Nóbel del Parlamento Noruego ha realizado una jugada asombrosamente perfecta. Mañana les cuento.

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