martes, 13 de octubre de 2009

Perú: Gobierno indigno

Gustavo Espinoza (NUESTRA BANDERA, especial para ARGENPRESS.info)

Apenas dijo que Arturo “Zambo” Cavero había mejorado, el destacado músico peruano, falleció en medio de la mayor consternación de los peruanos. A eso le llaman aquí ser “salao”; es decir, buscar algo y provocar lo contrario; anunciar lo bueno y constatar lo malo.

Era una característica de la personalidad de un anterior Presidente, don Manuel Prado quien en cierta ocasión envió “buenos augurios” a la ciudad del Cusco, minutos antes que ocurriera allí un devastador terremoto.

Pero éste es distinto, No sólo es “salao”, sino que también preside un gobierno indigno.

Finalmente el primer mandatario se salió con la suya. Desoyendo la demanda sensata de muchos ilustres peruanos, el pasado 7 de octubre dispuso que el consorcio chileno Terminales Portuarios Euroandinos, tomara el control del Puerto de Paita.

No un muelle, ni una zona de servicio, sino el Puerto. Todo, completo. Y por eso, en uso de sus facultades, la empresa sureña, comenzó por dejar en la calle a los trabajadores de ENAPU-PERU, consumando un nuevo atropello que quien puede atribuirse a su soberbio desdén por los peruanos.

Los propietarios de Terminales Portuarios Euroandinos, como lo señalara recientemente Manuel Dammert, son los hermanos Enrique y Carlos Loret de Mola, también directivos de “Cosmos” y “Neptunia”, vinculados al grupo chileno Von Appen; y se adueñaron del Puerto de Paita no solo por razones comerciales, sino también con claros objetivos de orden estratégico.

Desde allí podrían jugar un rol decisivo en el tema de las relaciones entre Chile y Perú en la eventualidad de conflictos de cualquier tipo.

Se consumó entonces una dolorosa afrenta a la dignidad nacional, al legado de Miguel Grau y a los intereses del país; que se había expresado en opiniones diversas y en documentados estudios referidos tanto a la importancia del puerto desde el punto de vista de la seguridad nacional, como del valor del negocio que estaba en marcha y que no debió cerrarse en términos tan desfavorables a nuestro país.

Es claro por cierto, que la ciudadanía no pasará por alto esta perfidia consumada a espaldas del Perú por un gobierno que ha pasado por encima de las consideraciones más elementales en su afán servil de beneficiar al capital foráneo.

El tema del acuerdo económico suscrito en provecho del consorcio mapochino tiene dos variantes. Una, alude al marco económico y la otra al político.

Desde el punto de vista económico, el primer ganador ha sido la empresa chilena que ha obtenido el control virtual de un puerto en el que podrá operar sin limitación alguna para todas las tareas de embarque y desembarque eludiendo controles aduaneros peruanos y pagando a los trabajadores salarios de hambre.

También por cierto, los oscuros personajes del gobierno que se han prestado a otorgarle al consorcio chileno un beneficio material que no había soñado alcanzar.

No deben haberlo hecho gratis, por cierto, ya que se ha tratado de un “negocio” convenido a la sombra y a la espalda de los organismos fiscalizadores del Perú y en el que las “comisiones” de estilo no deben haber estado ausentes.

Y en el plano político quienes han batido palmas han sido los portavoces de la llamada “inversión extranjera” que viven dispuestos a regalar el integro del patrimonio nacional a cambio de una palmada sobre el hombro.

En esa área se sitúan los funcionarios del régimen, pero también los domesticados propietarios de los medios de comunicación y sus voceros más calificados que no han cumplido sino una función: exaltar hasta el paroxismo la importancia del consorcio chileno y la necesidad de que arribe a nuestros puertos en busca de fortuna.

Curiosamente, la fecha del acuerdo no podría haber sido más desafortunada. Hace 41 años, en efecto, un día cercano a este - el 9 de octubre- fue proclamado como el Día de la Dignidad Nacional.

Y éste, que en todo caso podría haber sido el Día de la Indignación Nacional, ha quedado convertido más bien en un verdadero Día de la Indignidad.

Hace 41 años la áspera voz del general Juan Velasco Alvarado trasmitió una buena nueva: tropas de la Primera Región Militar haciéndose eco del clamor de la nación, ingresaron al campo de Talara para tomar posesión de todo el complejo de la IPC y hacer flamear el emblema nacional, “como expresión de nuestra más indiscutida soberanía”

Fue ese, en efecto proclamado como el Día de la Dignidad Nacional porque confirmo la idea de que un pueblo -y un gobierno- podían recuperar para el país el patrimonio entregado por una oligarquía envilecida en provecho foráneo.

Fue el 9 de octubre, pero también pudo ser otro, el considerado Dia de la Dignidad Nacional.

El 8 de octubre de 1879, por ejemplo pudo haber sido considerado fecha simbólica porque ocurrió el sacrificio de Miguel Grau Seminario, el héroe de la Armada Peruana y la gran figura de la Guerra del Pacífico. Ese día, en efecto, en el combate de Angamos fue abatido este valeroso Caballero de los Mares, ejemplo incontrastable de nobleza y valentía.

También pudo haber sido el 4 de noviembre, rememorando la fecha en la que, en 1780 se alzó en armas José Gabriel Condorcanqui, Tupac Amaru II, Cacique de Surimana, Tungasuca y Pampamarca para enfrentar el poder español, dando inicio así a una gesta de innegable trascendencia continental.

Pero además, pudo haber sido considerado el Día de la Dignidad Nacional cualquiera otro en el que la lucha de los trabajadores y el pueblo, los estudiantes, los campesinos o las mujeres; se expresó en acciones descollantes en las que brilló con luz propia la conciencia nacional y la fuerza de los peruanos.

El Presidente García podrá usar las exequias del “Zambo” Cavero para declarar un “duelo nacional”, copar los medios de comunicación y trajinar su imagen hasta el cansancio, pero el país no olvidará nunca lo que hizo.

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