jueves, 29 de octubre de 2009

Premio a la UNAM

Gerardo Fernández Casanova (especial para ARGENPRESS.info)

“Que el fraude electoral jamás se olvide”

La Universidad Nacional Autónoma de México fue galardonada con el premio Príncipe de Asturias a la Comunicación y las Humanidades. Buena noticia. No porque la otorgante monarquía española me merezca más respeto que un bledo, sino por el palmo de narices con que deja a quienes, súbditos del neofranquismo aznarista, sí le rinden a la anacrónica realeza particular pleitesía.

Otras instancias autorizadas ya han colocado a la UNAM entre las mejores instituciones de educación superior en el mundo. Parece una paradoja y resulta en una parajoda que, mientras en el mundo se le reconoce, en México se le asfixia y se le vilipendia, no sólo por la vía de escamotear los recursos presupuestales requeridos para su cabal desempeño académico y de investigación, sino también por la campaña de desprestigio de que ha sido objeto. Baste revisar el aviso de ocasión en los periódicos en cuyas páginas de oferta de empleo para profesionistas: resulta frecuente encontrar la ofensiva advertencia: “egresados de UNAM e IPN favor de abstenerse”, con lo que se postula la opción preferencial por los egresados de las universidades privadas y, casi por consiguiente, por la gente “bonita” de acuerdo a los estándares de telenovela cursi.

No es sólo una cuestión de preferencias, se trata de toda una política tendiente a desmantelar la educación de calidad, laica y gratuita, correspondiente con el afán de destruir los focos de resistencia a la total colonización del país. No es diferente lo que viene sucediendo con otras instituciones que, en otro tiempo, permitieron abrigar el sueño de la verdadera independencia y de la justicia social. Me refiero a temas como pudieran ser la política económica con acento en la industrialización; el apoyo al campo con sus énfasis tanto productivos como redistributivos; el papel del estado como tutelar de los derechos de los trabajadores; de la diplomacia procuradora de espacios de libertad y de solidaridad con las mejores causas del mundo; de la energía en manos del estado como garante de desarrollo; el gasto público detonador de la inversión privada y social, entre muchas otras formas en que los mexicanos pudimos avanzar en la construcción del país.

En el tema de la educación superior, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE) ha sido enfática en su recomendación de eliminar la gratuidad, y el Banco Mundial (BM) lo ha exigido como condicionante en las renegociaciones de la deuda. Resulta, en alguna manera comprensible que así sea, dados los intereses a que tales instituciones obedecen. Lo incomprensible es la obsecuencia apátrida con que tales exigencias son asumidas por la caterva de traidores que dicen gobernarnos; con singular entusiasmo hacen suyos los reclamos que someten nuestro destino a los designios del gran capital transnacional.

Para redondear la paradoja. Casi al mismo tiempo de que se entregó el galardón a la UNAM, se anunció en México que PEMEX contrató a un consorcio español para prestar el servicio de cogeneración de energía eléctrica a la petrolera estatal, cuando lo recomendable y lo correcto fuese que tal actividad se realizara por el propio PEMEX o por la Comisión Federal de Electricidad (CFE). No existe argumento válido, ni financiero ni tecnológico, para que tal aberración haya sido concretada; como tampoco lo hay en el golpe propinado a Luz y Fuerza del Centro. Si no fuera por la clara explicación de enriquecimiento particular, parecería que se trata de la exhibición de un profundo complejo de inferioridad, de quienes todavía se impresionan con las cuentas de vidrio de los conquistadores. ¿Hasta cuándo vamos a seguir soportando tales puñaladas a la Patria?

Y, por cierto, hablando de profesionistas egresados de las instituciones públicas de educación superior, quiero hacer patente mi reconocimiento y mi gratitud a los médicos y enfermeras del Hospital General Regional del IMSS en Cuernavaca, Morelos, quienes a despecho de las severas limitaciones de orden físico de la institución, se desempeñan con gran capacidad profesional y humana. Anoche pude atestiguarlo personalmente: mi esposa registró un cuadro de apendicitis aguda y acudimos al antedicho nosocomio, sin más credenciales que la de simple derechohabiente (lo juro). Auscultación clínica, radiografías, análisis, tratamiento preoperatorio e intervención quirúrgica, todo desempeñado con capacidad técnica y calidez. Hoy a las siete de la mañana me la entregaron como nueva. ¿Será por eso que intentan subrogar el servicio a las clínicas particulares, atendidas por los médicos de las universidades particulares?

El ejemplo me lo confirma: ¡La Patria no se vende, se defiende!

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