martes, 3 de noviembre de 2009

Colombia: El del Etanol, un Negocio con Enormes Subsidios. Ocho millones en la indigencia desnudan el fracaso de la política agropecuaria (Parte II)

MOIR

Intervención del senador Jorge Enrique Robledo en el debate al ministro de Minas y Energía sobre agrocombustibles y política agropecuaria, Comisión Quinta del Senado, 22 de septiembre de 2009.

Colombia tiene perdida la seguridad alimentaria

Y entre otras cosas, ¿por qué hay tanto cultivo de caña de azúcar en el Valle del Cauca? Porque como dedicaron al país a importar maíz, soya, algodón, sorgo, de todo lo que se producía en el Valle del Cauca, todo el mundo se tuvo que meter a la caña, senador Reyes, no hay otra alternativa distinta. Es el conjunto de la política agropecuaria lo que está fallando. Y vienen importaciones de jarabe de maíz y edulcorantes sintéticos e incluso están llegando importaciones de azúcar. La política agropecuaria debe ser vista en conjunto y yo no le voy a aceptar, ministro, que la coja y la parta en pedacitos. Todo se ve afectado por las medidas. La primera pregunta que le hago es por qué hay tanta caña sembrada en el Valle del Cauca. Por qué no hay maíz en esas tierras de primerísima calidad, mientras que importamos tres millones de toneladas.

Estamos importando diez millones de toneladas de comida y el ministro nos dice que está muy bien el agro. Informa que sobran algo así como cuatro y medio millones de hectáreas. A mi juicio, sobran seis. Pero lo que no explica es por qué con tanta tierra sobrante, estamos importando diez millones de toneladas de alimentos. ¿Por qué no producimos ahí el maíz y el trigo y la cebada que se están importando? Cuando ustedes aquí siguen afirmando que en Colombia no se puede sembrar trigo, en países como Australia vienen investigando cómo sembrar trigo en tierras más bien secas. Desarrollemos la ciencia y la tecnología, eso es lo que hay que hacer.

¿Qué no está perdida la seguridad alimentaria? Sí está perdida. Si en Colombia desaparecieran hoy las importaciones de trigo, no habría pan ni habría pastas. Las de maíz, no habría arepas pero tampoco pollos ni cerdos. Las de cebada, no habría cerveza, que de una u otra manera también es un alimento. Y eso que no ha llegado el TLC. Si algo ha fracasado en este gobierno es la política agraria. Casi se doblaron las importaciones de productos agropecuarios durante el gobierno de Álvaro Uribe, y nos dicen que quieren mucho a los campesinos. Y la indigencia aumentó, lo aclara Planeación Nacional, es decir, ustedes mismos, porque subieron los precios de los alimentos.

En la Comisión Quinta nos echaron ustedes el cuento de que era muy bueno importar la comida porque así se garantizaba que fuera barata. ¡Nada les importaba a ustedes que se arruinaran nuestros campesinos y nuestros empresarios con tal que llegara comida barata! Y resulta que se dispararon los precios internacionales de los alimentos y hay ocho millones de colombianos en la indigencia por culpa de la política oficial. Lo increíble es que fuera un ministro el ejecutor en buena medida de todo este desastre, un ministro que sale dizque de candidato a la Presidencia de la República, con este desastre. Y un viceministro al que ahora se sube a ministro. Qué tal. Qué es lo que les premian. Ahora el ministro me sacará unas cuentas mostrando que le dieron tres pesos al uno, cuatro pesos al otro. Pero aquí hay pruebas reinas. Estamos importando diez millones de toneladas de comida en un país en el que hay tierra de sobra, lo reconoce el mismo ministro, y agua de sobra y agricultores de sobra. Báilenme ese trompo en la uña. Y el gran negocio que nos están vendiendo es el del alcohol carburante, un negocio de subsidios. Que como hay tantas hectáreas de sobra, no importa cómo se utilicen, es en cierto sentido lo que arguye el ministro. Yo le replico: esas tierras que no se están utilizando bien deberían estar produciendo la comida que hoy se está importando, un razonamiento absolutamente elemental. Y el Ministro nos aduce: no, hay que producir alcohol carburante. Y en seguida nos echa el cuento de que producir agrocombustibles en otros países sí es malo, pero en Colombia no. Esa tesis, bastante parroquial, no figura en la literatura económica en ninguna parte. Tampoco la convalidan ni la ONU ni la OEA ni el Fondo Monetario Internacional, ni nadie. Y no lo pueden hacer porque no es cierta. Así haya tierra, la tierra sobra en términos relativos, porque si yo la meto a producir agrocombustibles, empiezo a competir por todos los recursos. Los agrocombustibles también compiten por el recurso crédito, deficitario en Colombia. Una parte grande de la comida no se está produciendo en Colombia porque el crédito se está yendo para los agrocombustibles, que también compiten por mano de obra. Pregúnteles a los cafeteros, ministro, y ellos le dirán que tienen con los palmeros un problema de competencia por los jornales. Usted sabe que es así. Entonces no me diga que no importa producir agrocombustibles, porque sí importa. Y ese es un debate que hay que desarrollar con toda la seriedad.

Antes de que usted fuera ministro, hice yo aquí un debate muy detallado sobre el asunto de los agrocombustibles. Y entre las citas que traje, leí un análisis del consejero económico y director del Departamento de Estudios del FMI, que no es el del Polo, el señor Simon Johnson. El alto funcionario explica con todo detalle por qué los precios de los agrocombustibles encarecen los alimentos, generan inflación y cómo la inflación golpea más a los países pobres, cómo la materia prima pesa mucho más en los precios de los alimentos, cómo la inflación exige políticas restrictivas, es decir, sube la tasa de interés, cómo todo eso termina afectando la tasa de cambio por la venida de dólares desde el exterior, y revalúa la moneda y afecta la competitividad de la producción. Lo expliqué ese día con todo detalle. No voy a repetir el cuento aquí porque me vuelvo muy largo. Pero eso es lo que explica el FMI, y ustedes nos dicen que aquí no pasa nada. No, aquí si pasa. Y con el agrodiesel va a ocurrir lo mismo.

Se abre el dique a mayores importaciones de comida

Quiero mencionar un último hecho, a mi juicio probablemente lo más grave de todo. Esto de los agrocombustibles se volvió la tabla de salvación para no mostrar un desastre agrario mayor. ¿Se imaginan cómo serían las cifras si no estuvieran las hectáreas sembradas de palma para agrocombustibles, ni las de caña de azúcar? Esto de los agrocombustibles es en últimas una política absurda en un país como Colombia, así en otro pueda tener alguna sensatez. Es una estrategia para poder abrirles camino a las importaciones de comida. Es la manera como pueden ocultar que estamos importando diez millones de toneladas de alimentos. Es así como están preparando al país para una mayor avalancha de productos importados. Ojo, arroceros. No solo está el contrabando, nos viene encima el TLC. El gobierno se empeña en imponerlo y van a inundar el país de arroz importando y los van a arruinar a todos ustedes. Eso está sabido desde hace mucho rato. Entonces el gobierno les dice, pásense para el alcohol carburante, que no es alimento, pásense para la palma, un negocio montado sobre subsidios. Es que esto no es asunto de menor cuantía. Lo que está en juego es el alimento, ministro. Si en el mundo estalla hoy una guerra mundial y se rompen las líneas de abastecimiento con Europa y con Estados Unidos, Colombia queda abocada a una hambruna. Los alimentos que queden podrían ser relativamente suficientes, pero habría un disparo de los precios tal que los pobres se morirían de hambre. El ministro, como gran cosa, dice que aquí producimos el ochenta por ciento de los alimentos. Y qué pasa si falta el veinte. ¿Y no son los alimentos fundamentales los que estamos importando? Porque aquí entonces el ministro nos va a meter en el mismo saco arracacha y trigo, ñame y arroz, o ñame y leche, o ñame y carne de cerdo. No, tampoco puede ser así la cosa. Esta política de agrocombustibles, que tiene tanto qué discutirle, tanto que calibrar, tanto que pensar, tiene unos fundamentos absolutamente deteriorados.

Insisto en mi preocupación principal: por qué aquí hay unos que tienen corona. Ahora, si la tuvieran en un producto en el que fuéramos competitivos, todavía, pero en agrocombustibles no somos competitivos. Ustedes todo el día lo atosigan a uno con que hay que ser competitivos y al país lo quieren especializar en productos agrarios en los que no somos competitivos a escala global y hasta con un dejo de irresponsabilidad, que ya denuncié. Quedó siendo obligatorio consumir en Colombia alcohol carburante y agrodiesel, incluso si es importado, senador Reyes. Aquí podríamos terminar en un absurdo todavía peor, y es que esta mezcla de combustible se terminara haciendo con alcohol de origen vegetal e ¡importado! Así es de absurda la política agraria colombiana.

Y un último punto. Otro día haremos el debate, pero quiero expresar desde ya mi más absoluto rechazo a esa idea absurda, ministro, en la que andan ustedes de venderles las tierras de Colombia a los extranjeros, o por lo menos una parte inmensa. Y andan vendiendo este país. El mundo está cerca de una crisis alimentaria, ya hubo un susto el año pasado. Ahí están bregando a comprar un millón de hectáreas unos extranjeros en Madagascar, aprovechándose de la pobreza de los africanos. La están comprando para producir comida en Madagascar y llevársela parar China, para Corea, o para donde sea. Aquí vamos a terminar vendiéndole las tierras del país a los extranjeros para que el día de mañana los extranjeros se lleven la comida que nos hace falta a los colombianos.

Miren ustedes la gravedad del asunto. Supóngase que un extranjero compra todas las tierras agrícolas de Colombia, para exagerar, y todo lo exporta. Con el TLC, Colombia no podría obligarlo a que dejara esa producción en el país, así hubiera un hambruna. Lo máximo que podríamos hacer es comprarle a precios del mercado. Y lo otro, a qué precios se va a ir la tierra si sigue esta especulación inmobiliaria con el suelo. La inflación de los suelos agrarios es uno de los problemas más graves. Ningún negocio agrícola da como debiera porque las tierras terminaron en cierto sentido con precios de mafioso. Y claro, hay tres o cuatro que se alegran muchísimo, senador Jaramillo, porque se están enriqueciendo con sus tierras, pero cómo se puede hacer agricultura con esos precios. A cómo se va a ir el precio del suelo si se lo empiezan a vender a los extranjeros y cuáles son las repercusiones de esa medida. Qué va a pasar con nuestros campesinos, con nuestros empresarios. El país se nos ha ido llenando de tierras que sólo sirven para negocios en buena medida de mafiosos o de especuladores. La persona a la que le sobra una plata decide comprar una tierra, no para producir en ella, sino para poner por ahí tres o cuatro vacas, pagar un mayordomo y esperar la valorización del suelo. Pero con tierra a esos precios no se puede hacer agricultura, porque se quiebra el agricultor.

El problema no es si le dieron diez pesos al uno o al otro. Aquí tenemos un problema estructural de fondo. El Gini de distribución de la tierra es uno de los peores del mundo. ¡Del mundo! No es un asunto de poca monta. Si nuestro campesinos se siguen muriendo de hambre, yo les pregunto a los productores urbanos, a los industriales, a quién le venden sus productos. Si nuestros campesinos se siguen muriendo de hambre, a quién se les venden las telas. Si los campesinos de la leche se siguen muriendo de hambre, a quién le venden los paneleros las panelas. Aquí hay un debate de fondo. Y el negocio de los agrocombustibles es en buena medida la punta del iceberg de lo mal que se maneja esto. Hay unos tres o cuatro que ganan, de eso no me cabe la menor duda. Pero porque un solo renglón crece ¿entonces ya todo está bien? No, ministro, el problema es bastante más complejo de lo que usted está planteando. Hay que interrelacionar un montón de cosas, pero al final el problema de fondo es que llevamos ocho años con el doctor Uribe en la Presidencia de la República y la indigencia rural es del 32 por ciento, y sigue subiendo. En los tres mejores años de la economía nacional en mucho tiempo, no por las hazañas de este gobierno, sino por los influjos de la economía mundial, creció la economía a tasas relativamente importantes. Y en ese mismo tiempo, aumentó la indigencia, junto con la concentración de la riqueza.

A los colombianos que nos oyen estos debates tenemos que decirles que, si se fijan y ponen cuidado, aquí estamos haciendo debates serios, de fondo. Qué hacemos con el agro. No producimos maíz en Colombia porque los gringos lo producen subsidiado más barato y eso al gobierno no le importa. Como no le importa si mañana llega el TLC y se acaba también la producción de leche en Colombia, porque son más baratas la gringa y la europea, y esta sí que es bien barata. Ahí vieron en estos días las fotos en El Tiempo. En Europa hay carrotanques votando leche, y el gobierno está firmando un TLC con Europa que nos va meter aquí esa leche sobrante. Muy mala la política, en resumen. Les hago un llamado cordial a los senadores uribistas. Sé que ustedes aquí no van a decir que están de acuerdo conmigo y menos en público, pero sí que por lo menos en privado pongan este tema. Qué vamos a hacer con este desastre. Ahí están los hechos. Usted sale y reparte unos centavos, ministro, y habrá gente que se ponga contenta. A un campesino bien pobre van y le dan un peso, imagínese la felicidad. Pero esto es mucho más complicado.

Hay que cambiar al país. Y no pueden seguir con el cuento de que cuando el Polo habla de cambios, entonces la solución de ustedes es meterle miedo a la gente. Esos del Polo son de las Farc, y listo. Entonces aquí resulta indiferente si se importa comida o no, si coeficiente Gini es alto o bajo, si la inversión extranjera aporta o no al progreso nacional. Y ahora nos sacaron otro caballito, y dicen, esos del Polo son de Chávez, y despachado el asunto. Ante la idea de cambiar un país que es un desastre, la táctica es meterle miedo a la gente. Ya el doctor Uribe descubrió que hay una conspiración mundial contra él, todo el planeta se unió contra el doctor Uribe, incluido el DAS y la Fiscalía. Todo el mundo. Y cualquiera que diga algo, entonces está en la conspiración o en el complot. La estrategia del miedo, como a niños chiquitos. Se toma la sopa o le traigo el coco. O aplaude este desastre de política agrícola o le traigo el coco. No, el coco es la tragedia que estamos viviendo aquí muchos colombianos.

Réplica a la intervención del ministro de Agricultura

No voy a reiterar el tema arrocero, porque estoy de acuerdo con todo lo dicho por el senador Mauricio Jaramillo. El Estado tiene que intervenir y no es llamando a un molinero a decirle, a ver, hombre, ayúdame. No, es con normas y con decisiones. Lo del contrabando y las importaciones es una vergüenza.

Aquí se suele afirmar que en Colombia no se puede sembrar trigo. No, aquí estamos importando trigo desde hace mucho rato porque a los gringos les sobra. Hay cifras que demuestran cómo en Colombia se produce trigo a menores costos que en Estados Unidos. Si usted les quita a los agricultores gringos los 70 y pico mil millones de dólares en subsidios, verá que es así.

Pero quiero examinar este enfoque más grueso, para no hacerme largo. Es claro que en el caso de los agrocombustibles hay una situación especial y que, en cambio, en los demás productos hay una especie de dejar hacer y dejar pasar. El ministro plantea una duda con respecto a los costos del alcohol y de la gasolina. Es muy fácil para entender lo que yo estoy diciendo. Quítenle 36 por ciento de impuestos a la gasolina y verán que es más caro el alcohol. Pero lo que hay en los agrocombustibles es una política estructural para que se produzcan, que tiene que ver con todo. Con los demás productos no. Usted dice, ministro, es que a los paneleros les dimos una plata y muestra una cifra. Y sin embargo, se están quebrando, o sea, es claro que la política no sirve. No, las medidas tienen que ser de fondo. Que es que a los arroceros les dimos una plata. Y se están quebrando. En cambio los de los agrocombustibles, esos sí no se quiebran, no importa cómo sea el negocio. Son maneras de enfocar las cosas.

Algunos colombianos preguntan cuál es la importancia de este debate. Lo primero, aclarar que empezó en 1990. El presidente César Gaviria Trujillo dijo que había que aplicar el neoliberalismo o la apertura o el libre comercio. Y algunos dijimos, si los aplican, destruyen el agro. Y otros llevan veinte años alegando que no pasa nada. Bueno, este es el mismo debate. El ministro nos dice, se produce mucha leche porque llovió mucho y nosotros tenemos que importarla porque los compromisos internacionales así nos lo imponen. Nosotros quisiéramos que se aplicara una política agropecuaria según la cual, si hay exceso de producción de leche, no se importa un solo litro, y se acabó el cuento. Porque es el colmo del absurdo que uno tenga la mayor sobreproducción de leche en mucho tiempo, no solo por las lluvias sino también por la miseria de la gente, que no toma leche, y el gobierno autorice importarla. Es un despropósito.

Pero aquí va a haber un problema mucho peor. El tema del maíz y los concentrados. El gobierno dice, no importa que haya que importar maíz porque esa es la manera de hacer concentrados. ¿Qué es lo que va a suceder? Que mañana, con el TLC, vienen las importaciones de pollo y de cerdo, y como no tenemos un desarrollo maicero en serio, nos vamos a arruinar en estos productos, porque nos terminan desplazando del mercado. Leí aquí análisis de la FAO que dicen con claridad que es prácticamente imposible sostener una industria cárnica si uno no tiene industria de cereales para abastecerla. Un pollo colombiano es un grano de maíz gringo con alas. Es un absurdo en política económica, y más si viene el TLC que ustedes negociaron. Usted, ministro, conoce bien las diferencias de costos de producción y de subsidios y de precios entre una y otra economía. Hay entonces un problema de enfoque. La política está terriblemente mal planteada. Cuando usted le dice al senador Reyes que lo que hacía el Idema ya no se puede porque la OMC nos cae, ¡esa es la discusión! Alcancé a oírle al ministro que estaban pesando otra vez en silos de almacenamiento, después que se destruyeron los silos del Idema, después de que se vendieron mal vendidos, ¡esta es una discusión que lleva veinte años! Ahora descubren lo que nosotros les dijimos hace veinte años que no podían hacer.

Cualquiera que estudie un poco estos asuntos sabe que ya está inventado cómo se maneja el agro. Basta mirar a Estados Unidos, Francia, Alemania, Japón. Y aquí se hace exactamente lo contrario. Ese es el problema del neoliberalismo. Ese es el problema del libre comercio, que no se hace lo que hay que hacer, porque los gringos allá en la OMC nos imponen este tipo de prácticas, que ellos no cumplen. Aquí nos montan un alegato contra los subsidios nuestros, y ay de que protejamos siquiera mínimamente. Hay que acabar con el Idema porque es una orden de la OMC. Pero ¿Estados Unidos o Europa también han desmontado toda su infraestructura de protección a los productores agropecuarios? Por supuesto que no. Repito, ¡ese es el debate! La cuestión de fondo es que los hechos nos demuestran el fracaso de esta política, que usted aplica con todo entusiasmo, y las cifras no le dicen nada. Usted nos dice, en el 2005, durante este gobierno, se exportaron cinco millones de toneladas y en el 2008, bajaron a 4,4. No suben las exportaciones por una serie de causas de tipo estructural que ustedes tampoco modifican. Aquí el doctor Arias nos hacía dibujitos para probar que era mejor producir uchuvas que trigo y resulta que no hay quien nos compre las uchuvas. Es lo mismo que pasa con el banano. No hay a quién venderle un banano más en el mundo. En cambio sí tenemos el mercado interno del trigo y el maíz que consumen los colombianos, pero ustedes los importan como si fuera una genialidad.

Es un debate de fondo, porque usted qué saca con darles unos pesos a los paneleros si después los mete en una superproducción como la que están padeciendo. Aquí lo denunció el senador Reyes, que no es de la oposición. ¿Cómo van a aumentar cuatro mil hectáreas de caña en la hoya del río Suárez? Los revientan. Yo no le acepto a usted que el gobierno no pueda recomendar qué caer. No, ministro, esto es poniéndole el pecho a la brisa. Yo me fui a la hoya del río Suárez y les previne a los paneleros, ojo con lo que van a hacer, no siembren más, porque ese ingenio de alcohol carburante no les funciona. Y me costó unos votos, porque hubo gente que se paró a decir, ah, es que el senador Robledo está en contra de nosotros. Y yo les pregunto ahora a los cultivadores del río Suárez: ¿quién les dijo la verdad, el gobierno, que fue allá a inaugurar la primera piedra en medio de la fiesta y metió a los paneleros en esa sinsalida, o los que tuvimos el valor civil de advertirles que no fueran a hacerlo, así no nos lo entendieran en esa momento? Es el debate de fondo, porque lo que están en juego es cómo desarrollar a Colombia.

Hay astucias que yo le sugeriría a usted, ministro, que no hiciera. Como esa de que ahora han bajado un poco los precios de los alimentos, de lo que usted concluye que el alcohol carburante no sube los precios. No. Estamos hablando en términos relativos. Hay estudios de sobra en el mundo para mostrar cómo en Estados Unidos los agrocombustibles han subido los precios del maíz, lo que aquí influye en los precios del maíz, y de los cerdos, y del pollo y de todo, así los precios relativos puedan bajar un poco en algunos momentos, lo que no depende del gobierno ni se va a resolver soltando unas platas. Hay que hacer el esfuerzo de mantener el debate con todo rigor y no con frases efectistas, que logran enredar a unos cuantos que no entienden el problema, pero que no resisten análisis.

No es cierto que la terna presentada para elegir al presidente de la Federación de Cafeteros fuera una terna. No me voy a extender, aun cuando llevo treinta años echándole ojo al tema, pero es difícil encontrar una persona más detestada por los caficultores de Colombia que una de las que figuraba en la terna. Fue el presidente Uribe burlándose de la gente de la Federación de Cafeteros. Todos sabemos de quién estamos hablando. Tenía yo más posibilidades de que me aceptaran en esa terna, porque yo he defendido toda mi vida las instituciones cafeteras. En cambio, este otro personaje hizo hasta lo imposible por destruirlas.

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