martes, 24 de noviembre de 2009

Cuba: Donde no faltan razones ni argumentos

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

Captar la tención del presidente de los Estados Unidos y lograr que responda a preguntas políticas sustantivas es un trabajo periodístico relevante por lo cual Yoani Sánchez, la bloguera del momento, no debería ser criticada. Ella clavó una pica en Flandes, el mandatario norteamericano es dueño de su tiempo y de sus actos y el activo revolucionario cubano deberá asumir un desafío de otro perfil.

La joven a la que se fabricó una notoriedad internacional a partir de la publicación en INTERNET de un bloc, llamado Generación “Y” en alusión a una tendencia de moda en Cuba de poner a niñas y niños nombres que comiencen con esa letra, sugiriendo una brecha generacional en la sociedad cubana, cosa que no es ninguna novedad; la gestión del bloc ha sido favorecida por una publicidad sobredimensionada, elogios desmesurados y un considerable apoyo económico en forma de premios y distinciones. El hecho de que, según ella, las autoridades no le permitieran viajar a recibir sus honorarios, favoreció su leyenda.

Semejantes galardones no pueden atribuirse únicamente al contenido de las notas incluidas en su bloc, porque como el suyo existen otros que también aprovechan las posibilidades de las nuevas tecnologías para criticar al sistema establecido en la Isla, promover el pesimismo, sembrar dudas, difamar de sus dirigentes e instituciones, enjuiciar superficialmente la situación nacional y promover alternativas que se aproximan a las posiciones tradicionales de Estados Unidos, la cofradía europea y la contrarrevolución.

En la joven, evidentemente el rostro visible de un grupo político con tácticas y enfoques que los diferencia de la contrarrevolución tradicional y con una formación ideológica, paradójicamente alcanzada en los ambientes, universidades y organizaciones que combaten y que los capacita para operar dentro del sistema, las fuerzas que conducen la estrategia contra la Revolución Cubana, pudieran haber encontrado materia prima para un diseño que recicle la desgastada “disidencia tradicional”.

Carentes de argumentos relevantes, incapaces de balancear los logros de la obra revolucionaria con deficiencias, incluso estructurales, que sus líderes reconocen y se proponen rectificar, aprovechando el prolongado y difícil período iniciado con la desaparición de la Unión Soviética, fenómeno que sumado al bloqueo norteamericano y a la crisis económica, han creado situaciones en las cuales sobrevivir y salvar ciertas conquistas devino prioridad, provocando el aplazamiento de la autocrítica y la rectificación, ese y otros grupos, se valen de datos y hechos, que aunque a veces ciertos, son descontextualizados y manipulados para impugnar el proceso revolucionario en su conjunto.

En la presente coyuntura política internacional, cuando incluso arribó a la Casa Blanca una administración menos cavernícola, este segmento adopta un curso de matriz reformista que privilegia la propaganda, elude la confrontación y, aproximándose a las posiciones de la derecha socialdemócrata, va al encuentro de tendencias que auspician la despolitización y la desmovilización, tratando de hacer creer que representan a un sector de la juventud, que ellos llaman generación “Y” como si fuera un hibrido ideológica y políticamente estéril.

Durante meses, con buen asesoramiento no sólo externo e importantes tribunas, el grupo que pulió su imagen internacional, se estableció en el ciber espacio y se colocó en ambientes políticos tradicionalmente hostiles a la Revolución Cubana en Europa y los Estados Unidos, mediante actitudes retadoras y provocadoras, como con cierta prisa, ha comenzado a tejer una agenda interna que si bien, por el momento se limita a críticas al funcionamiento de las instituciones y a culpar a las autoridades por la situación económica, probablemente está preparando el camino para avanzar hacía actitudes políticas más definidas.

Debido a la frustración que provoca el no haber podido reclutar alguna figura de relieve intelectual como para reeditar las operaciones ideológicas de la Guerra Fría tejidas en torno a Boris Pasternak, Alexander Solzhenitsin, Andréi Sajárov, Carta de los 77 y otras, los laboratorios anticubanos tratan de fabricar no sólo un figura sino tal vez toda una corriente, empeño al que han logrado sumar el nombre de Barack Obama, ahora también manipulado. Al representar respuestas ocasionales de un aparato de relaciones públicas, como si se tratara de un diálogo formal, se crea una coyuntura que pudiera dar lugar a un destape político de mayor alcance.

Si bien el activo revolucionario cubano y su vanguardia política no pueden impedir que tales fenómenos surjan ni imitar el apoyo externo que reciben, sus filas cuentan con la experiencia y la cohesión necesarias para enfrentarlos sin dar oportunidad a la ingerencia externa, ni permitir que preparen escenarios propicios para representar el papel de víctimas.

El blindaje ideológico y político de la sociedad cubana no radica en vivir en una aséptica urna de cristal, sino en la capacidad para con firmeza, talento e imaginación librar complejas batallas en escenarios políticos renovados. Los argumentos y las razones existen: usémoslos.

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