martes, 3 de noviembre de 2009

Ecuador: Armamentismo y geopolítica

Guillermo Navarro Jiménez (especial para ARGENPRESS.info)

Si se asume que el rol de las fuerzas armadas de un país es la defensa de la seguridad externa, el armamentismo se explica -aunque nunca se justificará en la perspectiva de lo humano-, si existe la posibilidad de un enfrentamiento bélico entre Estados-nacionales.

En el caso del Ecuador la posibilidad antes mencionada estuvo durante un largo período histórico latente en la frontera sur. La repotenciación de equipos o su adquisición se explicaba entonces por esa circunstancia.

En los momentos actuales cabe preguntarse si es cierta o no una potencial agresión por parte de Colombia, a la seguridad del Ecuador como Estado Nacional. Si el evento de Angostura es parte de una escalada militar en ese sentido o no lo es. La respuesta, salvando posiciones chovinistas extremas, es negativa.

Si no existe tal posibilidad, es evidente que la repotenciación y la adquisición de nuevo equipos militares por esa razón no se justifica. ¿Cuál es entonces la razón que lo explica?

La Estrategias de Seguridad Nacional de los Estados Unidos señalan que uno de sus objetivos geoestratégicos es la ocupación de la mayor reserva mundial de oxigeno y agua: la región amazónica, como también lo evidencian pronunciamientos públicos de altas autoridades de esa potencia y otras potencias, como las estrategias explícitas de países que ven afectados sus intereses como es la del Brasil.[1] Igualmente, se constata que entre los obstáculos para el logro de ese propósito, se señala la presencia militar de las FARC y el ELN, por lo que la participación de las fuerzas armadas de los países vecinos a Colombia es imperativa. Como lo es también la presencia de las bases militares de los Estados Unidos en territorio Colombiano.

A la luz de esos propósitos geopolíticos es indudable que el armamentismo ecuatoriano de hecho apoya los propósitos geopolíticos de los Estados Unidos, puesto que aquel está orientado a fortalecer la presencia militar ecuatoriana en la frontera norte, con lo que pasará a ser parte del yunque reclamado por los estrategas Estadounidenses.

En consecuencia, si concordamos en que no existe la amenaza de una guerra entre Colombia y el Ecuador como Estados Nacionales; que el conflicto colombiano no es nuestro y no debemos por razón alguna ser parte del mismo; y, las proclamas públicas de oposición a los designios del imperio, el armamentismo no se justifica de forma alguna. Cuanto más que ello demanda ingentes cantidades con cargo al Presupuesto General del Estado, el cual no se caracteriza, precisamente, por la abundancia.

Nota:
1) Véase Navarro, Guillermo: “Plan Colombia ABC de una tragedia”.

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