martes, 10 de noviembre de 2009

El capitalismo depende del comun ismo

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

La frase de perogrullo y del siglo es de ése que llaman Pedro Jota: "sin periódicos no habría periodistas, y sin familia real no habría monarquía".

Pues bien, como no hay estupidez que no percuta miles de sandeces cuando la escupe un necio investido de autoridad más o menos académica, aquí va la mía...

Nadie ni nada han dado tanto al capitalismo como el comunismo soviético y el Muro de Berlín a cuya segunda y desgraciada caída asistimos ayer. Sin el experimento bolchevique, en su papel de bestia negra del mercantilismo, el capitalismo, tal como lo entendemos, no hubiera podido sobrevivirse a sí mismo; es demasiado bárbaro como para que los prepotentes de la civilización lo aceptasen de buen grado como marco de convivencia. Pero se ve que justamente los gulags, las purgas, las restricciones y la sobriedad que son parte constitutiva de la naturaleza del comunismo empírico, dieron al capitalismo un impulso que no hubiera imaginado éste recibir. Impulso que dura hasta nuestros días y que, consciente de su necesidad, los capitalistas en proa han intentado redoblar ayer con esta miserable conmemoración. En resumen, sin Caín no hubiera habido Abel, sin miseria al cuadrado no hubiera habido Teresa de Calcuta, sin pobres no habría ricos, sin putas no habría proxenetas, sin Bush no habría ni Mal ni Bien...

Y es que el capitalismo es un salvaje ataviado para una fiesta y maleducado que, aparte las que empleó secularmente, bebe en un think tank o una universidad yanqui, y va aprendiendo más malas artes para potenciar y vampirizar perversamente las desigualdades entre los individuos y los países entre sí. El comunismo, por el contrario, es un señor cabal, serio y superresponsable que sin dejar de pensar en sí mismo piensa en el otro, que considera aberración no tratar racionalmente de superar las desigualdades naturales entre todos los seres humanos. El capitalismo es puro aparato digestivo sin dietas ni control. El comunismo es la conciencia de esa misma sociedad que el capitalismo soborna, anula e intenta sepultar. El capitalismo es Viejo Testamento, es el Jehová despiadado y cruel que, sin atenerse a razones, destruye el Nínive con su población infantil dentro; también, el Apocalipsis a la vuelta de la esquina. El comunismo es el Evangelio de las Bienaventuranzas, el que perdona a la adúltera y prefiere a los niños, el que abomina de los fariseos que mueven las aspas del capitalismo despiadado.

En esa lid entre capitalismo y comunismo, el capitalismo ha ganado. Los reductos que quedan son vanos intentos de que predomine la razón sobre el vientre, la gratificación sobre el placer, la racionalidad sobre el hedonismo de unos cuantos humanos a costa de la Humanidad…

Sin comunismo pasado, moribundo el presente, no podría resistir mucho más el capitalismo que devora sus propias entrañas. A partir de ahora ¿podremos pensar con rectitud o podremos vanagloriarnos de nuestra perfección sin la cercanía de enjambres de necios como Pedro Jota, de corruptos oficiales como los que en España decoran la trama Gürtel... o de malvados bonachones que para mantenerse en su puesto miran constantemente a otra parte, como son los presidentes de gobierno de todas las naciones capitalistas?

El día que desaparezca de la faz de la Tierra, de las conciencias y del pensamiento soñado el comunismo como norte, como luminaria, como faro, como utopía realizable (si no fuera por las bombas), será cuando el capitalismo se derrumbará definitivamente y con él la pantalla, más bien el muro ya que hablamos del de ayer, que alza su absoluta y asesina inconsciencia ante la conciencia universal.

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