Leonor Cárdenas (COLATINO)
Durante su discurso, el Presidente Funes, hizo una breve reseña sobre el trabajo realizado por los seis sacerdotes jesuitas, a quienes recordó con mucho respeto y cariño.
“Hoy, 20 años después de su cruel asesinato, poner en las manos de los familiares y compañeros de Ignacio Ellacuría, Segundo Montes, Ignacio Martín Baró, Amando López, Juan Ramón Moreno y Joaquín López, el mayor reconocimiento que concede este país, significa para mi, retirar un velo espeso de oscuridad y mentiras, para dejar entrar la luz de la justicia y la verdad”, manifestó el Mandatario.
Según el Mandatario Funes, dicho reconocimiento significa para su gobierno levantar la alfombra polvorienta de la “hipocresía” y empezar a limpiar la casa de la historia reciente del país.
Asimismo, el Presidente Funes aseguró que la verdadera historia la escriben los pueblos y que para eso se necesita de la memoria colectiva. “Queremos que este sea un acto de recuperación a la memoria colectiva, un reconocimiento a la labor de aquellos que siempre estuvieron de lado de los derechos humanos, la democracia y la justicia”.
Funes aclaró que como Presidente no le corresponde, juzgar a quienes asesinaron a los padres jesuitas y sus dos colaboradoras Elba y Celina Ramos, ya que esa es una tarea de los Tribunales de Justicia y del Ministerio Público, el cual, tiene como mandato constitucional el monopolio de la acción penal.
Por su parte, el Rector de la Universidad José Simeón Cañas, Padre José María Tojeira, dijo que es la primera vez que un gobierno salvadoreño reconoce pública y oficialmente el valor, la dignidad y los servicios que los jesuitas prestaron a El Salvador.
“Hombres generosos que en épocas trágicas de convulsión social, pusieron su recio pensamiento y su generosidad, al servicio de la paz con justicia en nuestras tierras”, agregó Tojeira.
Tojeira aseguró que la verdadera reconciliación de El Salvador, iniciada con los Acuerdos de Paz, tiene que profundizarse de muchas maneras y una de ellas, es precisamente el reconocimiento a la dignidad de las víctimas, ancianos, niños, mujeres embarazadas, sacerdotes y religiosas que sirvieron con generosidad a los más pobres, fueron perseguidos, golpeados y asesinados, sin más razón, que la de solidarizarse con las víctimas de la injusticia o simplemente vivir en zonas conflictivas.
“Reconocer la dignidad de estas personas, es indispensable para la cohesión y el desarrollo armónico de nuestro país, porque ningún grupo humano puede lograr su integración, olvidando los sufrimientos del pasado y separando de su historia a las víctimas inocentes de su propios procesos sociales”, aseguró el religioso.
Tanto Tojeira como el Presidente Funes, manifestaron, que si el asesinato de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, fue el signo de la apertura de la guerra civil, precisamente por el intento de destruir en su persona la misericordia y la racionalidad pacífica que él representaba, la masacre de los jesuitas y sus dos colaboradoras, “fue la puerta hacia la paz, al demostrar que la destrucción de la racionalidad solidaridad, solo llevaba a la locura”.
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