martes, 24 de noviembre de 2009

El Salvador: La muerte de mujeres, en la lista de espera

Beatriz Castillo - Beatriz Menjívar (COLATINO)

La lista de espera de las estadísticas de muertes violentas es larga. Según estos datos, un promedio de 12 personas son asesinadas a diario, de ese número rojo se conoce poco de su causa o móvil, sólo simples hipótesis.

En esa lista resalta el nombre de Wendy Beatriz Barahona, una joven estudiante de bachillerato. La conmoción que causó su muerte aún no pasa. La joven fue asesinada y su cuerpo abandonado frente a las mismas instalaciones de la Fiscalía General de la República (FGR) –el organismo que, según la constitución tiene la facultad de la investigación-, en el populoso municipio de Soyapango, alarmó a toda la sociedad.

Del hecho no se conoce casi nada. Solo que la víctima era estudiante del Centro Educativo Joaquín Rodezno, ubicado en la 3ª calle Poniente, de esta ciudad.

Entre sus compañeros de clase, Wendy es recordada como “aplicada y tranquila”. Se preocupaba por mantener una cercanía con sus maestros y charlar en horas ex aula. Su comportamiento era normal, y nadie maneja ningún indicio que les haga sospechar que algo estaba mal en la vida de la estudiante. Relataba que su mamá trabajaba mucho en el mercado de Soyapango. Quizás eso fue el problema, porque en el mercado opera una pandilla y en las cercanías de su vivienda, dominaba la contraria. Cualquiera que conoce su historia cree que vivir entre el fuego cruzado le pudo haber robado sus ilusiones, sueños y lo más preciado: la vida.

Y mientras se “profundizan” las averiguaciones, el asesinato de la chica que cursaba el primer año general ha pasado a ser uno más de la lista sin respuesta, manejadas por las autoridades durante el mes de junio.

“Ni novio tenía”, comenta una fuente cercana a la joven que prefiere el anonimato, como buscando una explicación de la muerte de Wendy. Junto al cuerpo de Wendy, también estaba el de Jorge Alberto Chicas Beltrán.

El 21 de junio, un agente del Cuerpo de Agentes Metropolitanos (CAM) alertó del hallazgo de las víctimas frente a la cede de la Fiscalía. En las primeras horas no se manejó el nombre de las víctimas, sino hasta después.

No dejó de sorprender cuando las autoridades informaron que eran dos alumnos del Centro, entre ellos, Barahona. En la familia, en los amigos y maestros aún el dolor sigue. La respuesta del crimen y los culpables no se conocen.

Elda, otro caso en la lista de espera

La escena era dantesca. Fue apuñalada 26 veces frente a la mirada atónita de su pequeño hijo, según consta en el proceso judicial que se abrió por la muerte de Elda Veraliz Ramos.

Ramos, una joven de 24 años que se dedicaba a defender los derechos de la mujer salvadoreña, fue despojada de ellos, cuando su compañero de vida, Ricardo Augusto Cruz Martínez, decidió quitarle la vida. La pareja tenía problemas de violencia intrafamiliar, porque Veraliz decidió abandonar a su esposo, sin embargo, este insistió que regresaran y la negativa detonó en su decisión de terminar con la vida de la mujer a la que en más de alguna vez le juró amor.

El próximo 15 de noviembre se cumplirán cinco meses. El proceso sigue estancado en la fase de audiencia inicial y Cruz sigue burlando a la justicia.

“Dicen que llega a la casa… se avisa a las autoridades… pero no se atiende el llamado”, se queja una de las conocidas de Veraliz, que prefiere el anonimato.

Reciente la negligencia del sistema que imparte justicia, es un problema para las víctimas. Revela que incluso en la acusación que fue enviada al tribunal que lleva al caso, se acusaba a Cruz por el delito de homicidio culposo, cuando fue doloso. Se tuvo que hacer una rectificación del delito, solo eso habla muy mal explica la mujer, que ha estado muy de cerca en todo el proceso.

“Muchos casos quedan impunes, pero es por el mismo sistema. Además, si usted quiere que su caso se agilice tiene que tener dinero para pagar abogados, si se deja solo por la asignación de una persona pública, no le ponen el empeño que le deben poner… y es un caso más y es así donde no se llegan a esclarecer”, indica.

El caso permanece estancado por la falta de la detención del hechor. Al capturarlo el caso tendrá luz verde, pero han pasado 5 meses y no se ha avanzado mucho.

La conmoción cubrió al gremio de mujeres trabajadoras en el tema de la equidad y género, sobre todo, porque Veraliz, desde “La Casa de Todas”, impulsaba y formaba parte de este proyecto.

El rechazo y la indignación hicieron que circularan cientos de correos electrónicos en donde denunciaron el hecho, marchas de repudió, peticiones al Presidente y autoridades no se hicieron esperar. También distribuyeron la foto del agresor para que cualquiera que lo reconozca lo reporte a la policía, pero hasta hoy la respuesta es la misma: injusticia.

Historias entretejidas, 482 asesinadas sin pistas

La muerte asecha al sector femenino. Las cifras son alarmantes y van en ascenso. Las jóvenes como Wendy son las más expuestas a este flagelo, pues las víctimas reflejan edades entre los 10 a 39 años, pero eso no excluye a las demás de convertirse en potenciales víctimas.

Y aunque no hay una tipificación clara que explique el concepto de asesinatos de mujeres, referirse a ellos como feminicidios es válido, al poner en evidencia el asesinato de mujeres por diversas causas, coinciden las organizaciones de mujeres.

El feminicidio es cuando hay un carácter “misógino” y discriminatorio contra las mujeres que implica la violación a los derechos humanos, indica Sandra Guevara, directora de Las Mélidas.

Pero, más allá de eso, la activista indica que la palabra explica “el carácter social y generalizado de la violencia basada en la inequidad de género”, que azota al país.

De ahí que el reconocimiento de los “feminicidios” es una lucha constante que están abanderando porque más que estadísticas, hay una historia de dolor ligada a cada cifra que se debe investigar y esclarecer, afirma.

La impunidad en que queda la mayoría de estos casos puede generar una ola de violencia indiscriminada, por lo que las organizaciones feministas no se cansan en pedir un mayor compromiso de las autoridades para con el tema.

No es alarma, pero las cifras hablan por sí solas. Según datos del Instituto de Medicina Legal de San Salvador, hasta septiembre van contabilizados 411 feminicidios, estadística de la que forma parte el caso de Wendy.

La cantidad supera la cifra oficial de los años 2007 y 2008. En esos años, hasta agosto se registraban 347 y 348 asesinatos de mujeres, respectivamente.

“Se deben trabajar estrategias sociales de leyes para lograr la igualdad entre hombres y mujeres”, afirma Isabel Galán, de la organización Prudencia Ayala.

Dentro de los datos, los departamentos que exigen una rápida atención en cuestión de seguridad son San Salvador y La Libertad. Ellos van a la cabeza con registros de 140 y 55 asesinadas en este año. Y la tendencia se mantiene desde los últimos cuatro años.

Respecto a estas cifras, Sonia Santoro, argentina, que estuvo en el país para hablar de periodismo en perspectiva de género afirma que, “es importante que como periodistas pongamos el tema en agenda. Pero también la sociedad debe presionar a los encargados de impartir justicia para que hagan lo que les corresponde”.

La situación se agudiza, y llama la atención no sólo de mujeres extranjeras que trabajan el tema de género, sino de la red local que promueve una ley de igualdad de género ante el congreso, y que aún espera su estudio, pues está durmiendo el sueño de los justos.

Isabel Torres, gestora de esa ley, explica que servirá “para regular y ordenar las legislaciones del Estado”, logrando con ello que las mujeres accedan a una justicia “pronta y aplicada”.

Pero, si el acecho de la muerte es preocupante, también lo es la resolución de los casos. Según las estadísticas del Instituto de Medicina Legal en su reporte “Muertes Violentas en Mujeres 2007/2008”, un total de 482 casos de mujeres asesinadas en esos dos años esperan ser investigados.

La cifras revelan que las autoridades en el 2007 no lograron esclarecer la muerte de 243 mujeres y en el 2008 les faltó resolver alrededor 239 muertes.

La falta de investigación y de tipificación del delito como feminicidio complica más el proceso a criterio de algunas representantes de las organizaciones feministas que, desde el pasado 2006, piden una unidad especializada en el tema.

Muchos casos de asesinato son vinculados con rencillas personales, crímenes pasionales, delincuencia común o pandillas. Sin embargo, las estadísticas de ese informe indican lo contrario. En el 2007, el informe de Medicina Legal relaciona solo 38 casos en todo el año a delincuencia común, mientras que 42 casos fueron relacionados a pandillas, 5 nada más por venganza, 19 a violencia intrafamiliar y 239 con móvil desconocido.

En el 2008, las cifras no variaron 54 fueron relacionados a la delincuencia común, 38 a las pandillas, 2 por venganza y 15 por violencia intrafamiliar y 239 sin móvil .

Es decir, que aún no hay una razón que explique por qué las mujeres están siendo asesinadas. Y el rol de las instituciones encargadas de impartir justicia queda cuestionado, una vez más, en estas estadísticas al dar una impresión de que nada se hace por esclarecer y castigar a los culpables.

Sin embargo, desde la óptica del subdirector de la Policía Nacional Civil (PNC), Mauricio Ramírez Landaverde, muchas veces los datos de Medicina Legal son los menos exactos, porque ellos recaban la información del lugar del hecho y muchas veces la víctima sea hombre o mujer, se desconoce información.

“En el momento de la inspección de cadáver se conoce la edad, el nombre y en algunos casos trasciende la causa o el móvil, pero en su mayoría no y eso no es por el hecho de ser mujer”, explica el subdirector.

El titular dejó claro que como institución no se hace ninguna distinción de los casos, en cuanto a que sea mujer o hombre, se investigan “con igualdad” no hay preferencias especiales.

“Incluso, cuando son mujeres se investiga más, por una política de género, porque causa mayor interés cuando son homicidios cuyo móvil es la violencia intrafamiliar”, reitera.

Agrega que algunos casos se toman como feminicidios, pero no la totalidad de ellos se pueden tipificar como tal, porque no todos los “homicidios de mujer se dan por la condición de ser mujer, si no consideraríamos que hay un grupo que por el simple hecho del sexo femenino le dan muerte y eso no es así”.

Las organizaciones feministas desde el año 2006, cuando incrementaron las cifras de muertes de mujeres, han pedido colaboración de las autoridades y crear unidades especiales tanto en la policía, como en la fiscalía.

El titular acepta que para indagar los casos solo de mujeres no se tiene una unidad especializada, más que la División de Investigaciones que se encarga de todo tipo de asesinatos.

Y mientras las mujeres desde su gremio, hacen lo que pueden por visibilizar la situación, las autoridades buscan una respuesta; en la familia, amigos y maestros el vacío dejado por Wendy Beatriz u otras adolescentes o mujeres sufren aun el dolor de su pérdida. También la conmoción sigue presente en el gremio de mujeres feministas porque Veraliz se fue sin despedirse.

Tipificación del feminicidio

Aunque aún no hay una conceptualización que explique el asesinatos de mujeres, referirse a ellos como feminicidios es válido, porque grafica la muerte de una mujer.

Y el reconocimiento de los asesinatos de mujeres como “feminicidios”, es una lucha constante que abanderan estas organizaciones para hacer visibles crímenes en los que no sólo está involucrada la pareja.

Así lo afirma Jeannette Urquilla, directora de la Organización de Mujeres por la Paz (ORMUSA), quien ve en el concepto algo más que un asesinato de una mujer. La entrevistada explica que hay un involucramiento de sentimientos de odio a la víctima por el hecho de ser mujer, sin importar la relación que el victimario haya tenido.

De esta forma, el concepto traspasa a una connotación política del crimen de mujer por el hecho ser mujer, puesto que tiene como antecedentes la discriminación, el desprecio e incluso el odio a todo lo femenino.

De ahí que es importante que cada asesinato de mujeres no se tome como una más, afirma Sandra Guevara, dirigente de Las Mélidas, una organización similar a ORMUSA, que desde sus trincheras impulsan diversas actividades en beneficio de la mujer; y de ahí la posibilidad de que el asesinato sea la culminación de una cadena de violencia. Por lo tanto, sería una imprecisión gramatical, aunque no semántica, utilizar un concepto distinto asumiendo que se refiere el asesinato por razones de género.

El término ‘homicidio’, que procede de la voz latina homicidium, en su etimología significa ‘matar a un hombre’, al estar formado por las voces: hominis, que significa hombre, y por caedere, cuya traducción es matar. Así pues, femicidio pasa a traducirse únicamente como ‘matar a una mujer’, dado que sólo cambia al incorporar la raíz femi, que procede de la voz latina femininus, que significa mujer.

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