martes 17 de noviembre de 2009

El Salvador: Muchos caminan bajo la luz de los padres jesuitas

Iván Escobar (COLATINO)

El caminar de los sacerdotes jesuitas por El Salvador, una vez más fue recordado por cientos de personas, en el XX aniversario de su asesinato, y demostrando que la luz de enseñanza y valores continúa vigente entre muchos.

La Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA), una vez más, fue escenario de expresión y recordación de una las fechas más emblemáticas en la comunidad Jesuita. Este lunes se cumplen 20 años del crimen de seis sacerdotes jesuitas, y dos de sus colaboradoras.

La muerte violenta de los sacerdotes jesuitas, al igual que el de muchos hombres y mujeres, líderes y liderezas, durante el conflicto armado salvadoreño, dejó al descubierto, en ese momento, el atropello a los derechos humanos.

La guerra civil que duró más de doce años, culminó el 16 de enero de 1992, con la Firma de los Acuerdos de Paz. Muchos ahora coinciden que el múltiple asesinato de los religiosos Ignacio Ellacuría, rector de la UCA ; Ignacio Martín Baró, Amando López, Juan Ramón Moreno, Segundo Montes y Joaquín López; y sus dos colaboradoras Elba y Celina, fue en una medida un luz para salir de la oscuridad de la guerra. 20 años después, la palabra de los mártires sigue vigente en El Salvador y más allá de las fronteras. Esto se pudo palpar el fin de semana, cuando la UCA desarrolló la tradicional procesión de los farolitos, la misa de aniversario y la vigilia en honor a las víctimas de esta masacre.

Desde tempranas horas del sábado, jóvenes y organizadores desarrollaron los últimos preparativos para la larga jornada, con sonido en todo el recinto universitario, transmisión en vivo de parte de la Radio YSUCA, y por primera ocasión, la televisora estatal, Canal 10 transmitiría el acto central.

Cientos de persones llegaron hasta el parqueo de la UCA , para iniciar la peregrinación en la procesión de los farolitos, palmas adornadas, fotografías de los mártires y una multitud de aseguradores, en su mayoría jóvenes y extranjeros, acudieron al llamado.

Las banderas de Guatemala, Honduras, Nicaragua, fueron algunas de las que estuvieron presentes. Además, llegaron feligreses de todos las partes del mundo, Europa, Asia, Africa, Estados Unidos, salvadoreños que residen fuera de nuestras fronteras, Suramérica entre otros y entre cantos y alabanzas recorrieron todo el campus en peregrinación.

“Las mujeres y los hombres mártires nos obligan a trabajar por un nuevo El Salvador”, así resumió el padre jesuita, Andreu Oliva, el mensaje de conmemoración del XX aniversario.

Durante la actividad fueron recordados las más de 180 víctimas mortales de la tragedia del fin de semana pasado, y los miles de damnificados por las lluvias.

El padre Oliva, destacó que estas familias “son las víctimas de la pobreza, son las víctimas de la injusticia, insertada en la sociedad; son las víctimas de la exclusión, esta celebración es para ellos”, reiteró, ante cientos de personas que asistieron al acto religioso y la tradicional vigilia en honor a los religiosos.

La comunidad Jesuita sigue llorando a sus muertos, y muchos que a lo largo de estos 20 años han conocido su trabajo y dedicación en las distintas comunidades del país, siguen el ejemplo de estos hombres. La noche del sábado no fue la excepción, fueron recordados cada uno de ellos, al igual que muchos hombres y mujeres “que siguieron a Jesús pese a los riesgos”.

El padre Olivo insistió que “los mártires nos hacen volver al núcleo del evangelio, (cada uno de los mártires de la guerra) marcaron con el sello del seguimiento de Jesús. No eran guerrilleros ni la inteligencia detrás de la guerrilla. Murieron porque optaron por estar al lado de los oprimidos”.

Durante la ceremonia religiosa, cabe destacar que la presencia de las comunidades del interior de país fue mínima en comparación con otros años. Muchos atribuyen esto a la emergencia nacional, y a las dificultades para desplazarse en estos momentos a la capital.

La reflexión sobre los grandes problemas que sigue sufriendo esta sociedad, “en tiempos de paz” dejó ver la violencia, criminalidad, violencia intrafamiliar, extorsiones, drogas, crimen organizado, inseguridad, entre otros y siempre ante la indiferencia y egoísmo de unos pocos. La tragedia de una semana atrás ha dejado en claro dos cosas: “la solidaridad de muchos y el egoísmo unos pocos” dijo.

A su vez cuestionó que “queda en evidencia este egoísmo, al oponerse a una pequeña reforma fiscal. Que difícil no quieren compartir su dinero”, en referencia al gran empresariado, que es el principal crítico de una propuesta que trabaja el nuevo gobierno para lograr mayores ingresos y atender necesidades básicas de la población.

Este aniversario, coincide con la primera ocasión en que un gobierno hace un reconocimiento público al múltiple asesinato, al otorgar la condecoración “José Matías Delgado”, acto celebrado este lunes, en Casa Presidencial.

Para el padre José María Tojeira, rector de la UCA, el mismo “es importante porque en 20 años, en ninguna estructura estatal se ha hecho un reconocimiento de la dignidad de estos sacerdotes que entregaron su vida en la defensa de los derechos humanos y la búsqueda de una salida racional… era necesario reconocerlos. Es importante que el gobierno actual empiece con este tipo de reconocimientos (en casos como) Monseñor Romero, los Jesuitas, y reconocimientos que deben extenderse a todas aquellas personas, víctimas civiles, y otros que fueron víctimas de la violencia”.

Benjamín Cuéllar, director del Instituto de Derechos Humanos de la UCA (IDHUCA), destacó que el reconocimiento y la oportunidad que el nuevo gobierno “dé el significado original a este galardón” reconociendo los aportes de grandes hombres y mujeres a la sociedad salvadoreña.

Al igual que los jesuitas, durante la guerra fueron asesinados muchos religiosos y religiosas tanto nacionales como extranjeros, laicos y personas civiles, el crimen que más impactó a la iglesia Católica y su feligresía fue el 24 de marzo de 1980, cuando fuera asesinado por un francotirador, Monseñor Oscar Arnulfo Romero, Arzobispo de San Salvador; muchos de estos crímenes se le atribuyen al ejército salvadoreño.

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