martes, 24 de noviembre de 2009

Elección presidencial en Chile. Relaciones con Perú agitan recta final

Juan Francisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info)

El presidente Alan García se había excedido sorpresivamente en agitar el tema del supuesto espionaje chileno en Perú, si se considera que Chile está a pocos días de celebrar una elección clave en su destino político (1).

Publicitar el caso de espionaje chileno que se investiga, y las declaraciones pintorescas como agresivas de Alan García, finalmente penetraron en el tejido mediático de lo que resta para la elección presidencial del 13 de diciembre.

Tanto va el cántaro al agua, que a pesar del tono moderado de las respuestas oficiales chilenas a las declaraciones de Alan García, el candidato de la Concertación Eduardo Frei al final lo rompe.

Su declaración fuerte y altisonante aparece en El Correo de Lima: “Debo advertirle que sus descalificaciones (por las de Alan García) las tomamos como un agravio al pueblo chileno. Yo también fui Presidente de la República y le puedo decir al señor García que esto no corresponde y que no lo vamos a dejar pasar".(El Correo 23 de noviembre 2009)

Es el primer candidato que irrumpe con una declaración de este tipo y que lo pone al frente en el debate sobre este tema. Quizás signifique más de algún beneficio electoral si el “momentum” es bien aprovechado.

Era extraño y quizás insólito. Un país con vocación de globalización y reinserción internacional, después de años de aislamiento militar, convertido en paladín de la integración y la cooperación internacional, y en negociador de crisis regionales, exhibía en los debates presidenciales una visión extremadamente plana en asuntos internacionales.

Tal vez por la poderosa influencia de la mercadotecnia en la imagen de los candidatos, el contenido sustantivo en estos debates se desdibujaba y todo apuntaba a conectarse con el imaginario del electorado que veía los debates por televisión. Jorge Arrate, el candidato de la Izquierda Allendista era siempre una excepción, aunque no alcanzaba a corregir el cuadro general de pobreza en cuanto a discutir temas internacionales que son trascendentales, repartidos por los cuatro costados del planeta y que inciden en cada uno de los países del globo en una medida para no despreciar.

Desde el desarrollo atómico en Irán, la guerra en Afganistán, los temas de la OMC, el surgimiento de nuevas alianzas internacionales, hasta el problema del hambre que trató la FAO recientemente, o las determinantes culturales en el desarrollo, derivan en situaciones que se expresan localmente en los países.

Como que la insularidad geográfica de Chile continúa siendo su mayor desventaja para dar el salto de una nación convertida en cosmopolita. El zoom de Chile en lo internacional necesita de una escala mayor simplemente por su ubicación, y los debates presidenciales lo demostraban.

Con debates de escaso contenido, el vacío de los temas internacionales se revelaba todavía más. Aún considerando las referencias a Cuba, Venezuela, la salida al mar de Bolivia y el reclamo peruano en La Haya, en los debates Chile no exhibía el perfil de un país integrando los exigentes escenarios de la globalización.

Es así que los debates estuvieron lejos de posicionarse - menos en anticipar- frente a la bomba mediática que se construía acerca del supuesto espionaje chileno en Perú.

¿Falla de los comandos? ¿Falla periodística de los organizadores de los debates? ¿Una cultura política sujeta a la presiones? ¿Falta de libertad de información?

Puede ser cualquiera de estas posibilidades y se escapan más quizás.

El hecho es que la bomba mediática del espionaje y el lenguaje paulatinamente más agresivo del presidente peruano no se detectó a tiempo, o no se clasificó en la institucionalidad que mueve la contienda presidencial.

La nación, que hasta cierto punto representaba un pivote de los equilibrios entre la nueva izquierda representada por Bolivia, Ecuador, Paraguay y Venezuela, y las posiciones más moderadas de centro izquierda, no se expresaba a cabalidad en los debates de una elección presidencial, tal vez la más clave, en el período post gobierno militar.

De un plumazo, los candidatos -Jorge Arrate salía de esa pauta un poco-, confinaban su discurso a los temas locales. De golpe, el país regresaba a su insularidad de siempre.

Sin embargo una vez acabados los debates el “enemigo tradicional”, Perú, hacía despertar la letanía internacional en la contienda. La recta final antes del 13 de diciembre de la primera vuelta, tendrá en adelante el ingrediente que faltaba.

Las relaciones con Perú debería ser tema, salvo que se adocene el debate otra vez con lo de la imagen y el carisma.

El tema de la amenaza externa es complejo porque distorsiona la administración de la política y por cierto el discurso de una elección presidencial.

Esto es porque tiene que ver con situaciones límite de la seguridad del estado, y los consiguientes derivados como el nacionalismo, la protección de lo sagrado y las leyes eternas de la soberanía y la integridad territorial. Es cuando comienza a primar el peligroso espíritu de campanario.

A partir de ahora, la elección presidencial en Chile se vuelve “normal”, como la de EEUU, como algunas europeas, asiáticas y africanas en donde existen las amenazas externas y los candidatos se miden no por la mercadotecnia orientada a la imagen y los temas internos, sino también por las exigencias internacionales.

El menú de esta elección se puso más punzante con este nuevo ingrediente.

Lo sucedido no es por mérito de la mercadotecnia que en todo caso ha embobado la contienda, sino por el sabor peruano, o por una diplomacia que mantiene el molde que a algunos líderes les está costando una enormidad cambiar.

El Zorzal de Lima cantó y en su estilo propio, hizo despertar una elección.

Nota:
1) Son cuatro candidatos.
-Eduardo Frei, representando a la coalición de centro-izquierda Concertación que gobierna actualmente.
- Jorge Arrate, representando a la izquierda extraparlamentaria y fuerzas sociales excluidas.
- Sebastián Piñera, representando a una coalición de derecha, el conservadurismo, y partidarios del gobierno militar.
- Marco Enriquez-Ominami, representando un movimiento contra la Concertación de amplio espectro; desde la ultra izquierda hasta neoconservadores.

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