viernes, 13 de noviembre de 2009

¿En Andalucía tratan de reducir la criminalidad, o también prevenir un estallido social?

J. M. Álvarez (especial para ARGENPRESS.info)

Mientras que en el Estado español se comenzaba a hablar por primera vez de la fórmula alemana para salvar puestos de trabajo- una jornada laboral de 8 horas pagadas a partes iguales por el patrón y por el subsidio de desempleo, pero que implica que por cada fracción diaria de paro percibido, se pierda un día completo del mismo, lo que significa una ruina para el obrero que al final se quedará sin empleo y sin prestación estatal- el Delegado del Gobierno en Andalucía, Juan José López Garzón, celebraba en Sevilla, el Día de la Policía jactándose del aumento policial en la región. Unos de fiesta, con copas y canapés, y otros sin nada.

La crisis se ceba con Andalucía, y como vino para quedarse (habrá mejorías temporales, pero todo apunta al derrumbe del sistema), la región seguirá siendo el territorio europeo occidental con mayor número de desempleados, pues alcanza una tasa de paro del 30%. Para colmo, se maquillan las cifras, ya que no se consideran los parados que realizan cursos de formación porque, hipotéticamente, van a ser empleados al finalizar aquellos (caso de Delphi en Cádiz), ni otros como los demandantes de trabajo a domicilio, o los de media jornada. Si lo metemos todo en el mismo saco, Andalucía tiene cuatro millones de desempleados efectivos, pero ese dato aterrador no será problema para que el día de Nochebuena, los “representantes del pueblo” canten villancicos en el Parlamento Andaluz; los sueldos de sus señorías permiten ese relajo y esa falta de respeto con quienes lo están pasando mal.

En 2004, se estimaba que uno de cada tres andaluces vivía por debajo del umbral de la pobreza, actualmente más de dos millones y medio viven en esa situación y 300.000 lidian con la pobreza severa. El hambre física comienza a asomar, provocando casos de robos de cabezas de ganado, como reconocen los dirigentes de la organización agropecuaria ASAJA. La crisis general del capitalismo agudiza los problemas de obreros y jóvenes, multiplicando el paro y la exclusión social; por tanto el régimen se protege creando más policía. Curiosamente, la mitad de los nuevos efectivos, irán a parar a Cádiz, provincia a cuya capital (con un fuerte historial de lucha obrera, que sigue ahí larvada, como volcán dormido) la llaman “la capital europea del paro”.

Ante el descontento popular, la estrategia es droga y alcohol a discreción, o bien, exacerbar posturas chovinistas presentando a los inmigrantes como competidores cuando son hermanos de clase, tan explotados, o más, que los autóctonos. Y si no es posible desviar indefinidamente la atención sobre las causas reales de los problemas, pretenden guardarse las espaldas engrosando plantillas policiales, que, por cierto, es lo único que no decrece ¿De qué se congratulaba el Delegado del Gobierno en su fiesta de Sevilla?, ¿de reducir la criminalidad o de que incrementando el parque de “bomberos”, podrán controlar, a poco que la situación empeore, el fuego que incendiará Andalucía?

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