Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)
Teniendo en cuenta la voracidad del capitalismo, de sus pesqueros, armadores y fábricas conserveras que facturan, pagan salarios y rinden beneficios a los accionistas y consejos de administración a los que todo les parece poco; teniendo en cuenta que todo lo que produce la tierra y el océano es finito y no se les permite descansar; teniendo en cuenta que la voracidad es insaciable y no se atiene a razones que todas se les antoja sensibleras; teniendo en cuenta que la pesca del atún responde a la misma dinámica de la construcción compulsiva que cubre la faz de costas y bosques mediterráneos, ¿cuánto tiempo les queda para pescar y nosotros consumir atún enlatado?
Los que odiamos al capitalismo, aderezado modernamente por su reafirmación y vocación liberalista (es decir, que rechaza cualquier género de intervención de los Estados, que deben limitarse a poner impuestos y si no lo hacen mejor) es no sólo por la tétrica injusticia social que promueve en el planeta donde 1.000 millones de se mueren literalmente de hambre. Si lo odiamos, aparte de lo anterior que ya es suficiente para explicar el odio, es también porque gira en torno a un sistema soportado por la mentalidad que no tiene freno, que aniquila, que acaba con todo bajo la bandera de la facturación y el beneficio sin tasa, que arrasan sin miramientos ni cálculos que no sean de su exclusivo provecho. Un sistema y una mentalidad que sólo se detienen ante las armas, ante la fuerza y los piratas. Un sistema y una mentalidad que buscan y encuentran la protección y el apoyo de gobiernos que se dicen socialistas o socialdemócratas pero que refuerzan la dominación en Afganistán la dominación, y los saqueos en aguas de Somalia por ejemplo. Y que se desentienden del hambre en el mundo. Unos a pesar de que dicen mirar por el bien común y por las minorías, y otros para reclamar siempre más libertad… para ellos, y para impedir el aborto, es decir para que vengan niños y más niños al mundo para no hacerles luego ni caso o matarles de hambre o con fósforo blanco. Al final, todos nazis que hacen sumas y restas de la población mundial que pueda aportar potenciales consumidores a los que sacarles hasta las entrañas: lo único que les importa... Les importa los proyectos dudosos de dudosa vida, pero hacen lo posible por suprimir las vidas que no son rentables después de someterlas a un salvaje desvalijamiento.
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