jueves, 19 de noviembre de 2009

La sociedad cubana hoy (VI): “La prensa revolucionaria”

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

La función de la prensa y sus mejores ideales no se realizan plenamente en ninguna parte, aunque en algunos lugares su desempeño es más eficaz que en otros. En ciertos países, entre ellos los del socialismo real, la actividad periodística ha sufrido deformaciones, en otros la prensa es perseguida y amordazada y ninguna profesión, excepto la de soldado, es tan peligrosa como la del periodista que no sólo arriesga la vida, sino también su crédito. El privilegio de reproducir por miles de ejemplares su opinión, también lo expone al escrutinio público diario.

Aunque la prensa y los medios de difusión masiva son entidades concretas de cada país, en conjunto forman parte del desarrollo de la cultura universal. La comunicación social es una profesión desempeñada en todas las latitudes y cuyos códigos y preceptos rebasan los límites locales y las coyunturas específicas, alcanzando estándares mundiales.

En Cuba, debido a la Revolución, a la desmesurada hostilidad de los Estados Unidos, a la necesidad de replicar ataques y calumnias y preservar la obra, a las peculiaridades de la construcción del socialismo y al intenso y complejo proceso político protagonizado por la Nación, durante medio siglo, la prensa y los periodistas cubanos han estado sometidos a tensiones extremas derivadas de la necesidad de acompañar la resistencia popular y asumir las obligaciones de un servicio diverso, plural y objetivo, que la sociedad necesita y reclama.

La prensa no es la conciencia crítica de la sociedad, su juez ni su preceptor, sino un servicio de bien público manejado por profesionales competentes, guiados por una militancia, el apego a la verdad y por una vocación de servicio. Como ocurre con casi todo en el capitalismo, los medios de difusión y la gestión informativa, son también negocios, circunstancias que si bien introduce deformaciones, no los descalifican.

No hace falta decir que no corresponde a la prensa ni a los periodistas estudiar la sociedad, descubrir las esencias de los fenómenos ni las tendencias de su desarrollo. Según un consenso, más o menos universal, al periodismo concierne reflejar los hechos, referir sucesos y contar grandes y pequeñas historias y mediante la suma del quehacer diario, hilvanar una crónica de los tiempos.

Al realizar con eficiencia su labor, los medios de difusión producen beneficios sociales colaterales: contribuyen a la educación y a la cultura, promueven valores e incluso crean conciencia política. Usar los medios para alcanzar fines en esos campos en detrimento de su tarea principal no sólo es erróneo sino infructuoso.

Regido por la inmediatez, las emergencias y las demandas culturales de comunidades cada vez más cultas y participativas, aunque también más críticas, el periodismo refleja la sociedad en la cual se ejerce. Se trata de una dialéctica mediante la cual la prensa diaria, los suplementos culturales, científicos y deportivos, las revistas de amplia circulación, las publicaciones especializadas y los espacios informativos de la radio y la televisión, dialogan e interactúan con todos los segmentos de la sociedad, en primer lugar con el pueblo pero también con las elites, las instituciones, con el Estado y con el poder del cual, de alguna manera, forman parte.

Debido al férreo bloqueo que es también un fenómeno informativo y cultural, a la necesidad de participar en las batallas de clase y en la resistencia, pero también a errores, copia de experiencias ajenas, vigencia de criterios anacrónicos y excesos autoritarios, la prensa cubana presenta carencias y defectos que aunque explicables y de los cuales nadie se avergüenza, deben ser suprimidos en aras de perfeccionar la gestión informativa.

Regida por criterios estrechos, la prensa cubana suele depender excesivamente de instancias políticas; por consideraciones diversas y con frecuencia injustificadas, omite importantes aspectos de la realidad nacional e internacional, silencia unos hechos o exagera el significado de otros, no concede espacio al ejercicio del criterio en temas sustanciales y de interés para amplios sectores de la sociedad y no acoge la diversidad de enfoques y el limitado ejercicio de la critica, se concentra en ejecutores de menor rango, asuntos puntuales y anécdotas más o menos interesantes sin alcanzar a las instancias donde se elaboran las políticas y se adoptan las decisiones.

La prensa pudiera contribuir a la reforma y al perfeccionamiento de la sociedad socialista y de su sistema político, a la eficacia de las instituciones y a la efectividad de las acciones políticas e ideológicas, siempre y cuando ella misma se reinvente mediante reformas y acciones de perfeccionamiento, que no se agotan en llamados a la elevación de la calidad ni mediante acciones cosméticas, sino con una profunda revisión que sólo la vanguardia política podrá encabezar.

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