lunes, 30 de noviembre de 2009

La sociedad cubana hoy (VII): “El momento actual”

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

El llamado de Fidel Castro a salvar el socialismo no es menos dramático hoy que lo que fue en los años noventa, aunque quizás ahora, a la capacidad de resistencia, sea preciso sumar acciones concretas y eficaces para lograr que el sistema político y el activo revolucionario reaccionen y contengan tendencias y corrientes políticas negativas. Tal vez no se trata de “avanzar” hacía algún espejismo, sino de retroceder hasta el punto donde ocurrió el desvió y retomar el camino para lo cual no sirven las “armas melladas del socialismo real”.

La institucionalización de la Revolución Cubana, proceso desplegado a mediados de la década de los setenta, debió conducir a una estabilización del funcionamiento orgánico, a una racionalización de la participación ciudadana, al perfeccionamiento de los mecanismos de dirección de la sociedad y, aunque entonces no se utilizara ese término, a una mayor democratización. No ocurrió así.

Como parte de aquellos esfuerzos, entonces asumidos y considerados un paso adelante en el desarrollo de la sociedad socialista, entre otras importantes acciones, se efectuó el Primer Congreso del Partido, se promulgó la Constitución Socialista, la ley electoral, se diseño la administración Central del Estado y se introdujeron los mecanismos parlamentarios. Formalmente aparecieron todos los espacios necesarios para una fluida vida institucional, para el diálogo, los debates, la critica a escala social y entre los militantes, los revolucionarios y las vanguardias políticas, culturales y científicas y para la amplia participación de la sociedad civil.

Aunque hubo logros, aquel esfuerzo resultó fallido, no por falta de idoneidad ni de legitimidad de las instituciones, sino por defectos de funcionamiento, inducidos por la copia de los mecanismos y procedimientos existentes en la Unión Soviética. Aquel fenómeno que aun persiste se ha convertido en un estorbo y en un peligro para el futuro de la Revolución.

Diez años después de aquellas decisiones, a mediado de los ochenta la dirección revolucionaria se percató de que al amparo del sistema de dirección de la economía y de otras prácticas, se expresaban tendencias negativas y llamó a la rectificación en la economía, a la lucha contra el burocratismo, al desempolve en las tareas políticas y en la labor ideológica y al rescate de las esencias revolucionarias.

Como resultado de aquellas alertas, antes del desenlace de la crisis del socialismo real, en Cuba se apuntó a la solución de problemas como la excesiva centralización y la rigidez en la dirección de la economía, se soslayaron los criterios del realismo socialista en la cultura, se inicio el desmontaje de prácticas asociados al ateismo, se auspiciaron políticas informativas aperturistas y se trabajó para bajar el perfil de los aparatos estatal y partidista.

Al iniciarse el desmontaje de socialismo en Europa Oriental y por evidencias de que, tal como eran conducidas, la perestroika y las glasnov soviética, no conducían al perfeccionamiento del socialismo, sino a su destrucción, cosa que fatalmente ocurrió, los esfuerzos rectificadores se ralentizaron y luego se paralizaron completamente.

En medio de una crisis económica que para Cuba fue global y tuvo componentes políticos, ideológicos y teóricos, se reforzó por la agresividad de las administraciones de Reagan y Bush, usando las instituciones y las prácticas de masas, con lucidez y audacia, la Revolución introdujo enmiendas a la Constitución y la ley electoral, despenalizó la tenencia de divisas, restableció el laicismo estatal, suprimió la discriminación a los religiosos y abrió espacios para la iniciativa económica de los ciudadanos.

Como a veces ocurre, la crisis fue un incentivo para la introducción de reformas y la ampliación de la tolerancia que, lejos de debilitar la resistencia y la cohesión del pueblo, lo reforzaron.

Aquel proceso no fue perfecto, algunos círculos lo asumieron a regañadientes mientras otros se extralimitaron y, probablemente algunas opciones y criterios pueden haberse contaminado con ciertas tendencias a la imitación de las reformas soviéticas, incluso a algunas personas, con razón o sin ella, se les endilgó el calificativo de “perestroikos”.

Como parte de una coyuntura en la cual Fidel lanzó la consigna de: “Salvar las conquista de la Revolución y del Socialismo”, cosa que se logró aunque sin poder impedir que prosperaron tendencias negativas, desorden en el manejo de los recursos y las finanzas, despilfarro y corrupción. En aquellos ambientes, cuando en el extranjero se apostaba a que Cuba caería victima del “efecto dominó”, la contrarrevolución interna levantó cabeza y aparecieron signos de violencia asociados a la emigración ilegal.

Probablemente al atribuir algunos de aquellos problemas a la liberalización, como parte de los esfuerzos para recuperar el rumbo, sin que esa fuera la intención, se reivindicaran prácticas rituales y esquemas que habían sido descontinuados, produciéndose un retorno al formalismo, la centralización excesiva y al control de la información. Paradójicamente, en momentos en que el país y la Revolución necesitaban más de la imaginación, la audacia y la iniciativa de sus cuadros y militantes, la actividad política e ideológica se estancó, tornándose formal, rutinaria y naturalmente ineficaz.

Afortunadamente, tal vez por percibir el enrarecimiento de la situación provocado por una combinación de la crisis económica, deterioro de la situación social, contracción del empleo, situación de la vivienda y visibles retrocesos en el nivel de vida de los ciudadanos, unido a la ineficacia de los métodos tradicionales del “trabajo político e ideológico” Fidel, convocó a una “Batalla de ideas” que, al menos temporalmente, evitó que tan negativa coyuntura evolucionara hacía situaciones más comprometidas.

En el punto en que ahora estamos, después de haber asimilado el trauma que representó la enfermedad de Fidel cuando, con pleno conocimiento de la situación y a partir de una evaluación correcta, la dirección encabezada por el presidente Raúl Castro, llama a dar pasos para solucionar los problemas existentes, incluso aquellos de carácter estructural, las instituciones del activo revolucionario reaccionan con lentitud o de modo excesivamente convencional.

Los llamados del presidente Raúl Castro a plantear todos los problemas, expresar con entera libertad todas las opiniones e incluso sugerir soluciones, sin bien han alentado a la población y a los militantes en sus respectivos radios de acción, no parecen haber promovido debates sustanciales en el seno de las estructuras de dirección y participación, como son el parlamento, la dirección del movimiento sindical, los congresos y eventos y las entidades de masas y, incluso en el supuesto de que tales búsquedas hayan existido, la falta de transparencia no permite que trasciendan a la sociedad, restándole eficacia.

De hecho, de lo que parece tratarse no es que escaseen los espacios para el diálogo, los debates, las críticas y las autocríticas y para la actividad revolucionaria colegiada, sino de que no se utilizan con la debida eficiencia y la imprescindible transparencia.

Por otra parte, algunas corrientes y posiciones críticas e incluso francamente hostiles a la Revolución, como es el caso de la “Generación de la Y” y otras entidades análogas, utilizando “medios alternativos” y el “ciber espacio”, lanzan al mundo andanadas de ataques, calumnias, verdades a medias y falsedades, sin ser apenas confrontados y cuando lo son en el ámbito digital, debido al escaso efecto interno se esa modalidad de lucha, tampoco las mayorías participan y los cuadros apenas se enteran.

Tal vez la Revolución Cubana, con su experiencia y sus posibilidades, el apoyo de masas con que cuenta, la madurez de sus cuadros y de sus estructuras políticas y de participación, pueda sacar mayor provecho en la batalla contra sus adversarios y en lucha política no antagónica que tiene lugar dentro de sus propias filas. Quizás no se trate de una rareza sino una exigencia de la presente etapa de la Revolución.

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