viernes, 13 de noviembre de 2009

México: El desempleo por extinción de Luz y Fuerza del Centro genera grave estrés en las trabajadoras

Guadalupe Cruz Jaimes (CIMAC)

Alrededor de cuatro mil trabajadoras de Luz y Fuerza del Centro (LyFC), quienes participan en el movimiento en contra del decreto presidencial de extinción de la paraestatal junto con las miles de esposas, hijas, madres y hermanas de los electricistas que también se negaron a recibir su liquidación, son “fundamentales” para sostener la resistencia y, a la vez, son en quienes se recrudece de manera “grave” el impacto emocional del desempleo.

Así lo sostuvieron, en entrevista, integrantes del Centro Laboral México (Celamex), organización que en breve brindará, de manera gratuita, terapia psicológica y corporal a las y los electricistas para enseñarles a manejar el estrés, problemática frecuente en las personas que están desempleadas.
Las mujeres agremiadas al Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), junto con las que son integrantes de las familias de los miles de electricistas despedidos “padecen de manera grave el impacto económico y emocional”, señaló Adela Delgadillo, psicóloga en sistémica familiar de Celamex.
“El impacto está directamente en la mujer y en las y los hijos; si bien los trabajadores son seriamente afectados, en el caso de la familia es grave”, mencionó la experta.
A decir de la psicóloga, quien ha apoyado –como parte del equipo de Celamex– a las y los integrantes del movimiento, aseveró que “la familia es fundamental para este tipo de luchas”. Por ello, dijo, es importante que las mujeres de las familias de los electricistas se sientan parte de esta lucha y ayuden a que resistan.
Debido al desempleo, las y los trabajadores padecen depresión y sus relaciones familiares se ven afectadas; además, disminuye su capacidad de tolerancia y respeto, pues “estos problemas no se solucionan de inmediato, lo cual va creando desesperanza”.
Ejemplo de ello son los cientos de trabajadores de Necaxa, Puebla, una comunidad de electricistas donde, según Adela Delgadillo, las y los trabajadores perdieron –a consecuencia del cierre de la compañía paraestatal– la confianza en sí mismos, la estabilidad en sus relaciones interpersonales y el rumbo de sus vidas.
Es necesario que las y los trabajadores recuperen la autoestima; que se planten ante la situación y dirijan su energía y su enojo hacia la lucha, no hacia su familia; de lo contrario se corre el riesgo de que las parejas se separen y las familias se desintegren, indicó Delgadillo.
En Necaxa “notamos enojo, frustraciones. Los trabajadores nos preguntaban: ¿ustedes creen que vamos a ganar?” La respuesta fue que, si bien no se tiene certeza del resultado del movimiento de resistencia “sabemos que la lucha se tiene que hacer con dignidad y puestos en pie. Ésas son las cosas que queremos reforzar”.
La psicóloga en sistémica familiar refirió que cuando “no puedes canalizar ese enojo en acciones positivas éste se dirige hacia la familia: la esposa, las hijas, los hijos, ya que las y los afectados no tienen la misma capacidad de tolerancia, de respeto, de diálogo”.
“En otros movimiento vemos que la familia se divide, la pareja se divorcia y terminan dejando su lucha, porque el desgaste individual es muy fuerte. Lo que queremos es contenerlos y que dialoguen con su familia, que tengan otras herramientas para que lo vayan trabajando juntos, no por separado”, mencionó.
En tanto, Lucy Barrios, terapeuta corporal de Celamex, informó que se enfocarán en las mujeres y en la atención de las familias.
De acuerdo con la activista Lucy Barrios, el primer grupo atendido por Celamex está conformado por 30 mujeres que laboran en el comedor del SME. “Con ellas vamos a iniciar la terapia. Ellas atraviesan por un proceso muy desgastante, porque no sólo participan de la lucha política y organizativa; también está el cansancio acumulado por su labor en la preparación de alimentos para alrededor de 600 mujeres y hombres electricistas en resistencia”.
Adela Delgadillo indicó que las y los trabajadores de LyFC padecen una modificación fuerte en la conducta, pues el hecho de que la persona proveedora pierda su trabajo afecta directamente a la familia, y que la cuestión del estrés por no contar con una estabilidad económica es primordial.
De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en su última conferencia anual, las personas sin empleo pueden padecer profundas depresiones que pueden conducirlas al suicidio.
Al respecto, Adela Delgadillo opinó que el suicidio es el límite. “Antes de llegar a ese extremo se presentan ‘signos’ que deterioran la vida de estas personas, quienes padecen diversas enfermedades somatizadas a causa del estrés”. Estos malestares son los que se busca prevenir mediante la terapia psicológica y corporal.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.