lunes, 30 de noviembre de 2009

Pendejadas electorales

Luis Paulino Vargas Solís (especial para ARGENPRESS.info)

Me referiré a tres frases hechas o lugares comunes que se cuentan entre los favoritos en el lenguaje del poder en Costa Rica, al modo de utilería para maquillar privilegios: educación; vocación de paz; centrismo político. Más allá de las parlas floridas de las oligarquías, esas cosas tienen una validez relativa al nivel del pueblo. Contienen un poco de verdad y su dosis de fantasía. Por ejemplo, lo del centrismo político. Durante la coyuntura TLC, y habiendo recibido información crítica por parte de la ciudadanía movilizada en el No, una porción importante de nuestra gente osciló hacia una suerte de izquierda democrática, adherida a ciertos principios fundamentales de soberanía, democracia y justicia. Pero cierta propaganda electoral fascitoide, podría estar teniendo hoy día el efecto contrario.

Lo que sí es claro es que esas clases dominantes son, ellas mismas, una negación de esos tres enunciados. Los usan como clichés propagandísticos pero su actuar concreto es por completo extraño a tales ideas. La actual campaña electoral es prueba de tal cosa.

¿Vocación de paz?

La campaña de los libertarios y de su candidato Guevara es fascitoide, cargado de mensajes de violencia, arrogancia e intransigencia. No es asunto exclusivo de este partido. Otro candidato –el señor Fishman- les sigue los pasos muy de cerca e igualmente hay medios de comunicación –por ejemplo Amelia Rueda o el noticiario de Radio Columbia- como también algunos siniestros personajes –cierto abogado, exministro de seguridad, por ejemplo-que comparten la misma visión. Es obvio que el problema de seguridad existe y va en curso de agravamiento. Pero cosa bien distinta es promover la histeria y la represión, recetar violencia como respuesta a la violencia y legitimar un discurso de violación de todos los derechos humanos, como mecanismos para enfrentar el problema.

Ello simplemente nos propone ir directo al precipicio, promoviendo una espiral de violencia que, una vez desatada, será por completo inmanejable.

Así, la famosa tradición de paz queda enterradita debajo de varios centenares de toneladas de AK-47, cárceles y grilletes. Y sobre todo, queda ahogada en un río de sangre.

¿Educación?

El PLN convoca un par de ruedas de prensa, si bien en realidad se trata de ese tipo de grotescos shows publicitarios a que estos partidos son tan afectos. En una se escandalizaban –como lo haría el Arzobispo ante una marcha del orgullo gay en San José- porque el programa del PAC copió, sin entrecomillar ni reconocer autoría explícita, algunos párrafos de un documento emanado de la Caja Costarricense del Seguro Social. Lamentable descuido el de ese partido, pero, en fin, nada que justificase semejante despliegue de estulticia. Como decía mi madrecita, eso es lo que trae la “falta de ocupación”. O sea, y para el caso, en el PLN hay una escasez tal de ideas que cualquier vulgaridad les da pretexto para montar una ruidosa tremolina.

La segunda rueda de prensa nos traía el asunto de que los libertarios han propuesto la legalización o despenalización de la droga. Que de poco vale la cosa, si ahora cobardemente dicen –el propio Guevara lo afirma- que “ya no”. Quién quita y dentro de poco salgan con la misma pendejada en cuanto alguien les saque a relucir el apoyo que han dado al reconocimiento de al menos algunos elementales derechos a las parejas del mismo sexo.

Ese es un tema que podría haber sido debatido con altura e inteligencia en esta campaña ¿Qué resulta más sensato? ¿Continuar en esa guerra costosísima y sin futuro ni fin a la vista contra las mafias de la droga, o despenalizar su comercio y consumo y destinar esos recursos (una parte, que con eso bastará) a la educación de la gente y la atención y rehabilitación de las personas con problemas de adicción?

Sin duda este es uno más de esos anti-temas electorales –como los ha llamado Jorge Vargas Cullel- que, condenados por la ignorancia, el oscurantismo religioso y el prejuicio, no tienen ningún destino halagüeño. Lo mismo vale en relación con cuestiones como el aborto, el reconocimiento de las parejas homosexuales o el Estado laico. Y para el caso es por completo indiferente si de por medio hay seres humanos de carne y hueso, concernidos directamente en tales situaciones. Si ya ello resbala sobre las conciencias de teflón de sus excelencias los obispos, en manos de esta gente se convierte en batería para la manipulación y estupidización colectiva.

Se supone que gente educada es aquella que se plantea los asuntos con un mínimo de raciocinio, decencia y seriedad. Pues entonces resulta claro que esta gente carece de toda educación. Y ello en un doble sentido: por su ligereza y charlatanería como también por su grosera falta de modales.

¿Centrismo político?

De ser eso cierto ¿cómo se explica el tono fascista que Guevara –secundado por Fishman- le está dando a esta campaña?

Pero no es el único caso. Los ejemplos fácilmente se multiplicarían. Enfatizaré uno en particular: el moralismo conservador que comparten Chinchilla y el PLN con el partido evangélico, la Unidad de Fishman y el PASE con su candidato López.

Ello queda ilustrado, con especial claridad, en relación con el matrimonio homosexual. Los políticos evangélicos no tienen en esto pelos en la lengua: su discurso homofóbico es explícito y violento. Los demás –incluyendo a Chinchilla y López- se escudan en una suerte de pendejada claroscura. Invariablemente declaran tener muchos amigos y amigas gais y lesbianas, por lo que –¡jamás de los jamases!- querrían discriminar a tan apreciables personas. Cosa que no impide que, enseguida, expresen un no rotundo en relación con el reconocimiento de derechos absolutamente elementales que ese sector de la población hoy reclama. Tengamos claro que el debate jurídico es, a todo esto, asunto accesorio. Lo principal es que de por medio hay personas concretas cuya calidad de vida y vivencia ciudadana se ven permanente lesionadas por las situaciones de menoscabo de derechos, discriminación y violencia de que son víctimas.

¿Es eso centrismo? No lo creo. Según de quien venga, podría ser interpretado en clave de derecha religiosa ultraconservadora, o de izquierda estalinista (es bien conocido el grado de violencia homofóbica característica del socialismo real). Para el caso, y tratándose de estos políticos en particular, corresponde aplicar la primera categoría.

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