martes, 3 de noviembre de 2009

Uruguay: Heridas

Lilia Veloz (especial para ARGENPRESS.info)

En las elecciones nacionales del 25 de octubre en Uruguay, además de elegir al nuevo Presidente de los orientales, se puso a consideración del electorado, dos preguntas más. Escribo la esencia de las mismas, sin respetar la forma de presentación.

1) Está usted de acuerdo con que los uruguayos, que residen en el exterior, voten a través de un sufragio epistolar?. La respuesta fue: NO.

2) Perdonaría o estaría usted de acuerdo con los crímenes de lesa humanidad cometidos por y durante la dictadura uruguaya contra el pueblo?. La respuesta fue: SI, ESTOY DE ACUERDO!!, dijo la mayoría.

Sobre el primer punto no seré muy extensa; solamente haré una “pregúntica”, como dice Violeta Parra.

¿Qué diferencia hay entre el voto de quienes vivimos en el extranjero y vamos a votar porque queremos y podemos, con los que, queriendo hacerlo y también viviendo en el exterior, no lo pueden hacer, ya sea por razones económicas, laborales o de lejanías geográficas?.

La única diferencia que percibo es que, estos últimos, no pueden disfrutar el reencuentro con la patria, el revivir los recuerdos y dar y recibir el abrazo cálido con los familiares y compañeros.

En cambio, el SI del perdón… sobre ese SI, no puedo ni debo silenciar mi pronunciamiento de condena.

La decisión de la mayoría, expresada en las urnas, me confirma en la convicción de que la voz de los más, no siempre tiene la razón ni la verdad, ni significa justicia.

¿Fue indiferencia?. ¿Se considera cosa del pasado, sin relación con el presente y que, por lo tanto, no concierne a las nuevas generaciones?.

No quiero pensar en una complicidad conciente, aunque la hubo, con los autores de actos de ignominia que los degrada en su condición humana (si alguna vez la tuvieron) hasta la de bestias sanguinarias.

No hay arrepentidos entre ellos y, a no dudarlo, volverían a cometer las mismas torturas, crímenes y robos, si tienen la menor oportunidad.

El compatriota que crea que, con tu voto, a puesto un manto de olvido sobre la herida abierta hace más de tres décadas, se equivoca. Esa herida es como un absceso o un cáncer, o un quiste hidático del hueso, allá en lo más hondo que, si no es extirpado de raíz, destruye y vuelve a abrirse, sin curación posible.

¿Con qué derecho perdonar a quienes produjeron vejámenes y dolor a sus víctimas indefensas, la mayoría de ellas por el delito de pensar y buscar construir una sociedad diferente y justa?.

A los que piensan que lo sucedido es cosa del pasado, la historia, esa maestra universal, nos señala que miremos hacia el norte, hacia Honduras, para comprender la intención del golpe cívico-militar, como lo fue el uruguayo en sus inicios, en su proyección continental o mirar a Colombia, con su suelo mancillado por las botas yanquis, apuntando con sus armas a los hermanos latinoamericanos.

Alumnos de la historia amnésicos, distraídos o autistas, cuyo mensaje no entiendo.

¿Olvidan ya a los responsables de tantos crímenes, secuestros, desapariciones, robos, despidos políticos, humillaciones, violaciones, miedo masivo, desgarro del tejido familiar y social y la marcha al exilio de miles de compatriotas?.

Como uruguaya, me avergüenzo y sonrojo por esa decisión ajena.

Urge rescatar la mejor parte de nuestra historia verdadera, que jalonan la rebeldía y ejemplares proyectos emancipadores, plasmados en las Instrucciones del 13. No tendrán que ser organismos y leyes internacionales las que nos indiquen la conducta moral irrenunciable que siempre caracterizó al pueblo uruguayo.

No estoy de acuerdo con el veredicto de la mayoría y no puedo acallar mi voz de rebeldía ante una afrenta a nuestra dignidad y entereza como pueblo oriental, el de José Gervasio Artigas, de José Pedro Varela, de José Batlle y Ordóñez, Aparicio Saravia, Liber Seregni, Mario Benedetti, entre tantos y tantos ilustres de la Patria.

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