viernes, 4 de diciembre de 2009

Argentina, Córdoba: Queremos un mundo donde quepan otros mundos

Katy García (PRENSARED)

Albañiles, ingenieros, arquitectos, carpinteros, educadores, artistas y estudiantes se asumen como trabajadores sin patrón y en esa identidad se fortalecen. Formaron la cooperativa “La Minga” que en quechua significa trabajo colectivo. Pintura, albañilería, carpintería de aluminio, estampas textiles, decoración en mármol, y un área de ingeniería, son los rubros que ofrecen.

“Si la vida que vivimos no es digna, la dignidad es pelear para cambiarla”

El grupo La Minga participó del Primer Encuentro de Derechos Humanos, realizado el pasado fin de semana en la Facultad de Astronomía, junto a 80 organizaciones sociales. En esa reunión, debatieron en la comisión de trabajo, producción, economía social, cooperativas, organizaciones de los trabajadores ocupados y desocupados. En una charla con Prensared cuentan su experiencia cooperativa.

Los mingueros se reconocen como trabajadores asociados desde la perspectiva de la economía social. En ese sentido, además de producir realizan actividades comunitarias en la zona que los vio nacer: barrio Obrero.

Acaban de cumplir 5 años, teniendo en cuenta el certificado que les otorgó el Inaes. Aunque, mucho antes, ya habían comenzado a transitar el camino de la cooperación. El 17 de octubre de 2005, recibieron la personería jurídica para funcionar como una cooperativa de trabajo, modalidad que los trabajadores crearon después de 2001, para mantener o crear fuentes de trabajo. Así, se constituyeron en trabajadores sin patrón en su ciudad: Oncativo.

En el árbol de la vida minguera reconocen como raíces al Grupo Solidario, casi Humanos, JACO, El arte por el arte, Red de comercio Justo y E’altro qué.

Uno de los tres representantes de la cooperativa que viajaron hasta Córdoba, explica por qué es necesario compartir y debatir con otros. “Sentimos la necesidad de encontrarnos con nuestros pares para fortalecernos. Somos del interior, y en un contexto de sociedad difícil, bastante conservadora y lejos de otras organizaciones para articular, hacernos más fuertes y conocer otras luchas”, evalúa Martín Pizzichini.

Agrega que “como trabajadores creemos que el derecho al trabajo organizado, estable, seguro, con todos lo que nos corresponden es parte de la lucha por los derechos humanos. Por otra parte, junto a la comunidad velamos por otros derechos como salud, ambiente y educación”, asegura. Este grupo se compone de personas que cuentan con diferentes saberes y experiencias. Albañiles, ingenieros, arquitectos, carpinteros, educadores, artistas y estudiantes se organizaron para vender su fuerza laboral a la comunidad.

Somos trabajadores

Cómo pensarse como trabajador asociado cuando se viene de una mentalidad de asalariado, es un tema que aflora. Pizzichini sostiene que “es parte de la militancia, algo de lo que nos ocupamos todo el tiempo. Primero, porque en los noventa las instituciones fueron maltratadas. (Domingo) Cavallo, recomendaba la formación de cooperativas para evadir impuestos. Entender, que nuestra responsabilidad es hacernos cargo de nuestra historia, de nuestro futuro laboral, es complicado; porque implica tener buena capacidad de producción, gestión y de venta”, explica.

En esa línea, el cooperativista analiza que una de las dificultades que las empresas recuperadas y cooperativas enfrentan es justamente lograr ese clic y entender que todo depende de cada uno. Desde esa visión consideran que uno de los problemas centrales a solucionar es gestionar y vender.

Gustavo Mattías, transmite su pensamiento sobre una idea compartida por el resto de compañeros, esto es, la acción solidaria. “Cada asociado, forja su futuro y es partícipe de generar una sociedad más justa. No alcanza con trabajar 8 horas, ni ganar un buen sueldo. Tenemos un pueblo que sufre grandes consecuencias de este modelo agropecuario de sojización que afecta la salud”, manifiesta.

Hace tiempo que los pueblos fumigados se están organizando en defensa de la salud y en contra de los agrotóxicos.

Oncativo es una zona sojera por excelencia. Consultado por este medio sobre esta cuestión cuenta que “estamos dando la pelea, desde la educación popular. Es una lucha dura, porque estamos enfermos, nos cuesta, lo venimos sufriendo, lo venimos construyendo con alfabetización para adultos y con pasantías desde una idea de mejorar al ser humano”, considera.

Las hormiguitas

Constanza Viano, otra de las integrantes de la cooperativa cuenta sobre las actividades que realizan con la comunidad. Por un lado deben lidiar con el discurso de una sociedad conservadora y no pocas veces desinformada. “Estamos en constante exposición. Por ahí frente a algunos temas los medios nos abren los micrófonos, y estamos en continua disputa sobre cómo llevar nuestras voces, como llegar a los demás para contraponernos a discursos hegemónicos que no son lo nuestro”, opina.

Constanza estima que se trata de una labor de hormiga, a largo plazo. “Queremos un mundo donde quepan otros mundos", como dice el Subcomandante Marcos. Por ahí tomamos de otras organizaciones, reflejos de construcción. No queremos un cooperativismo desde el diálogo solamente, sino desde la práctica como el de las empresas recuperadas y las cooperativas de primera generación. Es un caminito lento, pero que en lo cotidiano es muy bueno”, concluye.

En el barrio 6º “A “desarrollan actividades comunitarias y colectivas. Murgas, talleres culturales, alfabetización para adultos, plástica y acciones educativas sobre ambiente y salud. Como organización articulan acciones con otros colectivos como Paren de Fumigar, Mesa de Economía Social, Usina Creativa, Pañuelos en Rebeldía, El Telar y la Mesa de Trabajo por los Derechos Humanos.

La Minga, Cooperativa de Trabajo Limitada|Trabajadores sin patrón|03572-458326

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