jueves, 10 de diciembre de 2009

Cinthia Cardozo, militante de la Agrupación Territorial Germán Abdala: “Tengo problemas con los que dicen que la juventud está perdida”

María Mendez (ACTA)

Cinthia tiene 18 años y una mirada dulce y tímida que se pierde entre los recovecos del conventillo. Vive en el barrio de La Boca desde que nació, al igual que la mayoría de sus compañeros y compañeras de “La Germán”.

“Yo me siento dichosa de estar ahí adentro. Capaz que de política no entiendo mucho, no te voy a mentir, no entiendo un carajo, pero estoy adentro igual. Y hago las cosas con mis compañeros, me siento una militante”, dice esta joven mujer de pelo oscuro.

No hay cielo sobre la casa de Cinthia. El viejo conventillo donde vive con su familia está justo debajo del Puente Nicolás Avellaneda, que une su barrio con “el docke”. Los pibes y las pibas se reúnen en las veredas, a mirar fotos en el celular y escuchar música. La tarde transcurre mansa, como esperando. “Nací acá, en el Hospital Argerich, en noviembre de 1991, y siempre vivimos en La Boca. Mi mamá vino de Uruguay hace muchos años y se quedó acá”, recuerda la joven. Ella, junto a sus hermanos, sus padres y su abuela, comparten una pequeña casa al fondo del pasillo, a una cuadras de “el charquito”, como le dicen el Riachuelo.

Alumna aplicada, Cinthia terminó el secundario el año pasado, sin llevarse nunca una materia. Y se enganchó enseguida con las actividades del “La Germán”. “Siempre me gustó trabajar con otros pibes. Hace ocho años que soy exploradora, y ahora se suma mi trabajo de apoyo escolar para los más chicos en la Germán”, explica. Al parecer, muchas niñas y niños del barrio participan de esta actividad colectiva llamada “exploradoras”. Se reúnen los sábados, hacen juegos, comparten enseñanzas, y cumplen desafíos. Una buena forma de matar el tiempo, todos juntos. “Este año estuve más cortada, porque me paso muchas horas en la Germán, pero no quiero dejar ninguna actividad. Sólo tengo que acomodar mis horarios”, dice como exhortando a su propio tiempo.

De eso se trata. De retar al tiempo. Y al destino. Cinthia quiere estudiar, trabajar. Y vivir con su novio Darío en otra casa. Tiene pensando un futuro. “Este año intenté estudiar abogacía, pero no me fue muy bien. El primer cuatrimestre estuve bien, pero el segundo... surgieron problemas y no fui más. Mi cabeza no estaba para estudiar una carrera tan grande. Entonces me decidí y el año que viene empiezo a hacer Radiología, que dura tres años, hasta acomodarme, empezar a comprarme las cosas. Y partir de mi casa”, dice y baja un poco el tono de voz. Parece que no es fácil dejar el conventillo. “Me quiero ir. No sé si casarme porque mi novio no quiere, pero si irnos a vivir juntos dentro de un par de años y empezar la carrera de abogacía, porque me gustaría ser abogada”, asiente.

Y por qué una carrera tan larga y costosa, se preguntó la cronista. Cinthia no me dio tiempo de decirlo en voz alta. “Quiero ser abogada por los chicos. Veo la injusticia que se vive el día a día con los menores y con los adolescentes. Yo también soy adolescente, pero trabajo con ellos y para ellos. Y si no es abogacía será asistente social. Pero quiero hacer algo por los demás”, explica y su cara se ilumina. El local de “La Germán” está a la vuelta de la esquina. Ahí andan rondando los pibes, esperando que llegue alguien para abrir la puerta. Hay mesa de ping pong, mate, los redoblantes de la murga y muchos papeles para leer o acomodar. En el techo cuelga una bola de espejos que consiguieron los chicos para cuando se arma algún baile. Todo pasa ahí dentro. Hay vida. Germán tiene revancha.

“Mi idea es aprender un poco más de política, de quien era Germán Abdala, el Che o Fidel. Me encantaría saber porque las pocas cosas que escucho y que veo me gustan. El otro día mandé un mensaje a todos diciendo que me sentía parte de una lucha, no sabía muy bien cual, pero que me sentía parte. Y que muchos se iban a reír, pero que ya me siento ya una militante”, cuenta con un poco de vergüenza Cinthia. Le gusta nombrar a cada uno de sus compañeros por su nombre, especialmente a su hermano mayor, que también milita y fue quien la fue llevando. “Cuando me contestó el mensaje me dijo que me amaba, y fue re lindo”, dice sonrojada.

El afecto. La paciencia. Esas son para Cinthia las claves del trabajo con los pibes del barrio. “Acá pasan muchas cosas. Conozco a la mayoría de los pibes, y hay muchos que no tienen el cariño en sus casas, de sus padres. Pero también están los que tienen padres buenos y cuidadosos y bardean igual. Uno no entiende para que lado ir. Ayudarlos es re difícil. Porque intentamos hacer proyectos, convocarlos para algo, y capaz que se enganchan. Pero están un tiempo, después se aburren y se van. Hay que tener dinamismo y muchas ganas para estar con ellos, porque son todos rebeldes”, relata.

Tiene sólo 18 años, pero a veces parece que Cinthia creció de golpe. Este año se fueron de casa sus hermanos más grandes. Y a ella le toca ahora hacerse cargo de muchas cosas de la casa, de su mamá enferma. “Yo le dije a mi mamá: vos me diste la vida y yo tengo que vivirla. Y bueno. En algún momento me tengo que ir de casa. Es duro, pero hay que hacerlo, aunque ahora está todo muy caro, no sé, es difícil la decisión”, dice como dudando. Es que al fin y al cabo es sólo una adolescente. Como los chicos que trata de ayudar.

Ahora no tiene trabajo. Y sólo se dedica a ayudar en la casa y a militar. “A principios de año no teníamos nenes para apoyo escolar. Y eso que el proyecto era buenísimo. En un momento les dije que no iba a venir más, porque no venía nadie. Y ahí descubrí el compañerismo. Me acompañaron, me bancaron el bajón. Y mirá, ahora estamos desbordados. Hay un montón de chicos”. De eso se trata “La Germán”. De estar ahí, de saber aguantar, de dar. “Yo creo que se trata de darles confianza. Porque si no le tenes confianza a un pibe perdés todo. Y aguantarse los gritos, hay que bajarles un cambio. Yo por ejemplo tengo poca paciencia, pero me encanta estar con ellos. Soy copada con ellos, pero si no te pones firme te pasan por encima”, cuenta Cinthia. Además de apoyo escolar, los más chicos tienen la murga, las barriadas del mes, donde se juntan todos, y ahora quieren armar una matiné para también ellos tener su baile.

Todo el tiempo Cinthia imagina cosas, propone, es tímida, pero mucho no se nota. “Yo tengo problemas con la gente que dice que la juventud está perdida. Mentira. Si vieras la cantidad de jóvenes que hacen cosas para estar bien cada día, que hacen cosas para sacar a los pibes de la calle. Cuando uno elige participar se da cuenta que somos un montón. La gente grande dice eso y me molesta. Por eso el noticiero que estamos armando se llamará así: Noticias de La Boca. La juventud no está perdida”, relata Cintia un poco enojada. Y va por más: “No entiendo los noticieros. No buscan otras cosas. Antes me gustaban La Liga o CQC. Pero no muestran. Me encantaría mandarles correos para mandarlos a algunos lugares donde no pasan esas cosas. Muestran lo peor del barrio. Si tuviera la oportunidad de decirles.... Pero bueno, el periodismo no es lo mio”. Fin. Germán sonríe cómplice. Cinthia también.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.