martes, 15 de diciembre de 2009

El cambio climático y gas ruso los temas centrales de la Cumbre de la UE

Andrei Fediashin (RIA NOVOSTI)

La última cumbre europea del año se celebró en Bruselas los pasados 10 y 11 de diciembre. Los Veintisiete desataron la polémica sobre el cambio climático, la enorme deuda de Grecia y los problemas de suministro de energía, incluido el gas ruso.

El presidente del Parlamento Europeo, eurodiputado de Polonia, Jerzy Buzek, volvió a animar a la UE a elaborar una política europea común en el ámbito de energía, incluido el tema de suministros de gas ruso (lo que la UE ya está haciendo al diseñar la nueva estrategia para la economía sostenible, o sea, Estrategia de la UE para 2020).

Según Buzek, es necesario que sólo Bruselas mantenga negociaciones con Rusia sobre suministros de gas. Los países europeos tendrían que renunciar a negociaciones directas y a la firma de contratos bilaterales con el consorcio ruso Gazprom. "En este caso tendremos más puntos fuertes. Las negociaciones individuales generan rivalidad," dijo Buzek.

Europa Oriental, EEUU y otros países que apoyan la construcción de un gasoducto alternativo, Nabucco, promovieron la estrategia anunciada durante los últimos tres años. Washington busca de este modo "neutralizar el empleo de suministros de gas por Rusia como herramienta política".

Hoy día, la seguridad energética del Viejo Mundo depende de Rusia, lo que, a veces, influye en las decisiones tomadas por mandatarios europeos causando irritación de EEUU.

Países de Europa del Este recién admitidos en la UE temen que los nuevos gasoductos, South Stream (Flujo del Sur) y North Stream (Flujo del Norte), les priven de las palancas para influir en la situación dentro de la UE.

Mientras el gas ruso se suministre a Europa a través de estos países y Ucrania, ellos podrán utilizar estos resortes, porque las tuberías pasan por sus respectivos territorios.

Pero la situación cambiará en 2014 cuando la UE adopte un nuevo sistema de votación basado en el principio de doble mayoría, o sea, una decisión se considerará aprobada en caso de que voten a favor el 55% de los Estados miembros representando al 65% de la población de la UE. Pero de momento, las decisiones se aprueban por una simple mayoría de votos. Y los países de Europa Oriental que padecen animadversión hacia Rusia son capaces de bloquear cualesquiera decisiones al respecto.

El nuevo sistema de negociar los suministros de gas les otorgaría a estos países el mismo derecho a veto, pero esta vez sólo un el ámbito de gas.

Francia y Alemania se oponen a tales innovaciones. Les da un disgusto que los antiguos países del europeos puedan bloquear cualesquiera decisiones a partir de consideraciones políticas.

El Comisario de Energía de la UE, Andris Piebalgs, aseguró a los mandatarios de los países europeos que este invierno el tránsito de gas a Europa a través de Ucrania será estable. Pero reconoció que podrían presentarse problemas. Según dijeron en los pasillos, Bruselas estaba muy preocupado con la campaña electoral en Ucrania y con las constantes amenazas de Yúschenko de renunciar a los últimos acuerdos gasísticos ruso-ucranianos.

Al discutir los problemas de cambio climático (principal tema de la cumbre), la UE no decidió quién pagaría la contribución anual de 6.000 millones de euros asignados a los países en vías de desarrollo para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

El problema de cambio climático ensombreció también a las perspectivas de desarrollo de las relaciones ruso-europeas en el ámbito de gas. En vísperas de la cumbre, la Agencia Internacional de Energía (AIE) publicó un pronóstico sobre posibles cambios de la estructura y el volumen de consumo europeo de gas hasta 2020. El informe guarda relación con la Conferencia de Copenhague sobre Cambio Climático. Según cálculos de la AIE, en caso de firmar un nuevo documento en sustitución del Protocolo de Kyoto,

Rusia tendría que reducir los suministros de gas, lo cual traería como consecuencia la infrautilización de los arriba mencionados gasoductos South Stream y North Stream.

Así las cosas, la AIE supone que para 2020 Rusia podría suministrar a Europa 180.000 millones de metros cúbicos de gas y el consumo de gas en el continente aumentaría en el 37%. Sin embargo, en caso de no ser aprobado el nuevo documento en Copenhague, el consumo de gas en Europa aumentaría el 67% y el volumen de suministros del gas ruso crecería hasta 240.000 millones de metros cúbicos. Esta diferencia de cifras, quizás, se deba a la posible implantación de tecnologías ahorradoras de energía en Europa, al aumento de la eficacia del sector energético y al desarrollo de la energía atómica.

El consorcio ruso Gazprom planea aumentar exportaciones de gas a Europa hasta 170.000 millones de metros cúbicos en 2012. En 2010 se prevé suministrar a Europa 160.000 millones de metros cúbicos. Gazprom, de momento, puede vivir tranquilo. A juzgar por todos los indicios, es poco probable que en la cumbre de Copenhague se firme un nuevo documento vinculante en sustitución del Protocolo de Kyoto.

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