jueves, 10 de diciembre de 2009

El Caribe: Volcanes, selvas y cables submarinos

Jesús Dávila (NCM, especial para ARGENPRESS.info)

El nuevo respaldo de Puerto Rico a los planes de interconexión de los sistemas eléctricos antillanos da impulso mayor a los proyectos para gigantescos cables submarinos de transmisión de energía desde los volcanes de las islas menores y ríos infestados de anacondas y pirañas en Sudamérica.

El cambio de posición ha sido anunciado cuando se dan los preparativos finales para la Décima Conferencia de Energía del Caribe con apoyo del Banco Mundial –que se llevará a cabo el mes próximo en Aruba- pero no ha sido siquiera informado al país por los periódicos principales, en tanto que el Gobernador Luis Fortuño y el Comisionado Residente en Washington Pedro Pierluisi no contestaron preguntas sobre el tema.

Esa renuencia de los dos principales funcionarios electos contrasta con la posición del Secretario de Estado, Kenneth McClintock, quien anunció en la pasada Conferencia del Caribe, efectuada en Miami, que Puerto Rico está listo para ayudar en los esfuerzos de interconexión eléctrica que podrían presentar una alternativa ante el acuerdo Petrocaribe, impulsado por la República Bolivariana de Venezuela.

La ambigüedad de Puerto Rico es uno de los obstáculos para proyectos que necesitan garantías importantes de viabilidad económica en momentos en que, según el propio Banco Mundial, uno de los principales problemas para lograr la interconexión de los sistemas eléctricos en esta parte del mundo es la dificultad para conseguir inversión. Sin la red de costosos cables submarinos es virtualmente imposible desarrollar un mercado regional de electricidad abierto a la libre competencia en el Caribe y Puerto Rico constituye uno de los puntos principales de ese mercado.

Con apenas diez por ciento de la población de las Antillas, Puerto Rico consume el 36.2 por ciento de toda la energía eléctrica del archipiélago. De los cerca de 64,000 millones de kilovatios hora consumidos anualmente en el rosario de islas que bordea el Mar Caribe, el consumo anual de Puerto Rico supera los 23,000 millones de kilovatios hora, casi tres veces el de República Dominicana, de 8,800 millones de kilovatios, y bastante más que el de Cuba, que alcanza los 13, 900 millones.

Tomado en su conjunto, el consumo eléctrico de las Antillas es apenas similar al de la pequeña Austria, pero la condición de una veintena de pequeñas naciones isleñas en arco estratégico desde el delta del Orinoco hasta apenas 90 millas del estado de la Florida en EEUU hace difícil cualquier esfuerzo para lograr un mercado único.

En la otra cara de la moneda, convertir a Puerto Rico en un importador de electricidad necesitaría que el país redujera su producción, que es tan grande que con su excedente se calcula podría iluminar completa la Ciudad de México. Ese corte en la producción, más la incertidumbre sobre la seguridad de los suministros provenientes de América del Sur, no cuentan aquí con muchos amigos y, tradicionalmente, la Autoridad de Energía Eléctrica se ha opuesto a los planes.

Hasta ahora, los proyectos principales parecen sacados de literatura sobre tierras exóticas.

Uno de ellos, con el apoyo de la Unión Europea, es un intento de aprovechar la energía geotérmica de los volcanes de las Antillas Menores y en realidad consiste de varios proyectos que se pueden combinar mediante interconexión. Entre ellos está el de Dominica, que usaría dos tramos de cables submarinos para suplir a los departamentos franceses de Martinica y Guadalupe, mientras que hay otro similar para San Kitts y Nevis.

En general, se trata de inyectar tubos a cientos de metros de profundidad hasta alcanzar los acuíferos hirvientes antes de que comience la capa de magma, que tienen la capacidad de enviar a la superficie agua y vapor a temperaturas suficientemente altas como para poder producir electricidad mediante turbinas. El agua y el vapor deben ser limpiados de azufre y otros contaminantes, además de reinyectarla a la tierra para renovar los acuíferos, pero se calcula que es una alternativa mucho más limpia que el combustible fósil.

El segundo proyecto es el Proyecto Hidroeléctrico de Turtruba de Guyana, que planifica una gigantesca represa en el Río Marazuni, un tributario del Esequibo. El Marazuni nace en la espesura de la selva y tiene cataratas impresionantes, así como una variada fauna acuática que incluye una especie guyanesa de pirañas y las legendarias anacondas verdes, capaces de devorar un animal cuadrúpedo.

El proyecto de Turtuba es trabajado por una empresa de Trinidad y Tobago, además de que cuenta con el apoyo de Brasil. Tanto el de Turtuba como el de los volcanes tienen el aspecto de los cables submarinos que recorrerían el arco de islas y llegarían hasta las Antillas Mayores y el Gobierno de Guyana informa que ha sostenido conversaciones con diversos países, entre ellos Puerto Rico.

Otro de los proyectos es el de Colombia y consistiría en el cable submarino de transmisión de energía más largo, más profundo y potente del mundo, que cruzaría de sur a norte el Mar Caribe, desde la costa norte de Colombia hasta el sur de República Dominicana o Puerto Rico. El cable colombiano, que implicaría un avance de la ingeniería submarina mundial, complementaría el proyecto ya iniciado de otro cable submarino hasta Panamá para unir al país sudamericano con el sistema de Centroamérica, que está en vías de interconexión.

En su discurso de Miami, McClintock dio énfasis a la importancia para cualquiera de los proyectos de llegar hasta un mercado de gran consumo y ahí entra Puerto Rico. Informó que “el Gobierno de Puerto Rico ya está explorando propuestas para la interconexión de su electricidad con Colombia, la República Dominicana, o la Federación de San Kitts y Nevis para importar hidroelectricidad o electricidad generada por carbón de Colombia, energía hidroeléctrica de República Dominicana, o energía geotérmica de Nevis, además de que el territorio holandés de Saba podría ser fuente de energía geotérmica.

Además, indicó que hay otra propuesta que permitiría conectar los cables del Caribe con América Central a través de Puerto Rico.

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