jueves, 10 de diciembre de 2009

El neoliberalismo en Chile

Eduardo Paz Rada

Las elecciones presidenciales chilenas, que se definirán en enero 2010, en la segunda vuelta, entre el radical neoliberal Sebastián Piñera y el demócrata cristiano Eduardo Frei, no han puesto en cuestión el proyecto económico de libre mercado y de control privado transnacional de la economía que se ha impuesto en este país desde la dictadura del general Augusto Pinochet.

Los herederos de Pinochet se encuentran, en la campaña electoral, con una inusual fuerza y optimismo, basados en su discurso dominante, el control de los medios de comunicación y la preparación y organización de sus cuadros dirigentes en todos los sectores y regiones de Chile. No pasa lo mismo en la Concertación (Democracia Cristiana y Partido Socialista, principalmente), que ha tenido el control del gobierno durante los últimos tres lustros, desde el fin de la dictadura, que ha sido la administradora de las políticas neoliberales sin ofrecer alternativas sociales y económicas al pueblo.

Los otros candidatos presidenciales, Marco Enriquez y Jorge Arrate, tampoco han marcado diferencias, especialmente porque su discurso se ha concentrado exclusivamente en los aspectos superestructurales de la política y no han tocado los aspectos estratégicos de la economía.

La situación de los trabajadores, especialmente de los rurales, es precaria y con la doble espada sobre su estabilidad: la flexibilidad laboral que los obliga a una disciplina y control establecidos por la patronal y la ampliación del consumo a través de sistemas de créditos que prácticamente han puesto a la sociedad chilena bajo el mando de los bancos, las empresas y el sistema financiero. Las deudas se han convertido en la fuerza disciplinaria de la sociedad.

No se puede negar que los niveles de crecimiento de la economía han sido continuos, sin embargo, el costo ha sido el de la explotación de los trabajadores, de los recursos naturales y la práctica entrega de la economía a las empresas y corporaciones multinacionales y, al mismo tiempo, la oligarquía tradicional ha mantenido el control de los medios de comunicación, la tierra y el sistema educativo.

Los sectores estudiantiles y juveniles son los únicos que, de manera sostenida en los últimos años, han mantenido una acción crítica frente al orden establecido y a las condicionantes que se ha impuesto a su futuro. Los secundarios han reivindicado sus derechos ante la ola privatizadora sobre el conjunto de la educación y los universitarios han comenzado a desarrollar formas de organización, lucha y estudio poniendo en cuestión el orden establecido.

El proceso socialista (1970-1973) iniciado por el presidente mártir Salvador Allende, con grandes movilizaciones sociales, aportes teóricos a la revolución latinoamericana y acciones de solidaridad continental, y truncado por el golpe militar del general Augusto Pinochet, es recordado con nostalgia, tomando en cuenta que fue la experiencia histórica más importante del siglo veinte y un referente democrático vetado por el imperialismo norteamericano.

Las relaciones entre los gobiernos de la actual presidenta chilena Michele Bachelet y el reelecto presidente boliviano Evo Morales han tenido una vinculación personal de cordialidad y cercanía que no se había producido antes, sin embargo la tradicional diplomacia de Santiago no varía un milímetro en relación a la reinvindicación marítima boliviana y a su pretensión de declarar las aguas del Silala como binacionales.

La visita de Morales a Chile, donde fue recibido y ovacionado por miles de chilenos en el estadio Nacional, ha sido la muestra mas palpable del fraternal cariño entre los pueblos de Bolivia y Chile marcado por la consigna “mar para Bolivia” y por el agradecimiento emocionado de Evo Morales.

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