miércoles, 9 de diciembre de 2009

El Salvador: Entre otras cosas, ¿la cooperación internacional bajo riesgo?

José Mario Zavaleta (especial para ARGENPRESS.info)

Muchos acontecimientos han ocurrido en las últimas dos semanas y muy difícil no exponerlos ni mostrar opinión que favorezcan reacciones de los lectores; por supuesto sin intenciones de provocar “consecuencias diplomáticas” que afecten a nuestro País.

El señor Encargado de Negocios de la Embajada de Estados Unidos de América, Robert Blau, ha emplazado, a través de diligentes medios de comunicación, al partido Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional – FMLN -, con motivo de las declaraciones pronunciadas por el señor Vicepresidente de la República y Ministro de Educación, Salvador Sánchez Cerén, en un discurso dirigido a los delegados del Partido Socialista Unido de Venezuela, PSUV, en acto al que fue invitado junto a otros dirigentes.

El hecho ya es bien conocido gracias a la eficiente difusión de los dimes y diretes que en estos temas se tornan como agendas indispensables y curiosamente orquestadas, luego que el diplomático estadounidense se deja entrevistar. La Prensa Gráfica del viernes 27 de noviembre, en su versión digital detalla de la siguiente manera: “… Robert Blau, manifestó ayer que las posiciones antiamericanas del partido FMLN “pueden tener efectos negativos” en los debates del Congreso para cuestiones como la ayuda bilateral”.

No voy a entrar en detalles del debate que esto desencadenó, solamente a expresar mi desconcierto por tratarse de situaciones repetidas y que igualmente tienen respuestas parecidas. Tanto periodistas, funcionarios, dirigentes partidarios y otros “analistas” inmediatamente dieron vuelo a conjeturas, señalamientos, censuras, sentencias, y en la mayoría de los casos, muestras de solidaridad con el señor Blau, que de esa manera ponía las cosas en claro, luego de los acontecimientos de Caracas del fin de semana previo.

Lo que siempre me he preguntado es si el señor diplomático en mención realmente tiene la autoridad para emplazar directamente como interlocutor válido a partidos políticos o funcionarios nacionales, sin que haya rechazo a ello de parte nadie; entiendo que una situación de estas en otro país de Nuestra América – del Bravo a la Patagonia – tal acción hubiera sido calificada al menos como injerencista o inapropiada.

Tal vez los especialistas en política exterior puedan sacarme de la duda, pero entiendo que si el señor Blau quería esclarecer sus dudas al respecto de la opinión de un partido político local con respecto a su país, supongo por lógica que la manera conveniente sería a través de las vías diplomáticas establecidas, si es que es en funciones de su cargo.

Como ciudadano estadounidense considero que tiene todo el derecho de defender a su país, pero por la envestidura que tiene, al hablar ante los medios de comunicación y hacer señalamientos sobre alguna entidad de nuestra sociedad, se expone a que se le pudiera responder más como político y no como diplomático, que es como estaría acreditado en El Salvador.

Por otro lado se presta a deslices o imprecisiones tales como llamar antiamericano a un partido que hoy por hoy es la mayor fuerza política salvadoreña, que por serlo, también es americano, de Centro América para ser preciso. De todas maneras resulta intolerable que en este debate se utilicen amenazas veladas y abiertas contra el país que tienen que ver con la cooperación que los Estados Unidos tiene con El Salvador, - habría que verificar si el señor Barack Hussein Obama rubrica la conducta del hasta ahora su representante -; todo por haberse expresado críticas a la política exterior de la potencia norteamericana, y de esa manera coartar o reprimir a ciudadanos de otro país para que no pronuncien opinión sobre las políticas del suyo.

Realmente en nuestro país los sectores sociales de izquierda se han comportado muy prudentes ante las posiciones de dominio imperial que han conmovido al mundo en los últimos años; a diferencia de otros países donde se recurre a manifestaciones violentas en contra de dichos intereses o ante la presencia de sus mandatarios que visitan dichos países, acá no ha habido mayores expresiones de hostilidad hacia Estados Unidos; a lo más que se ha recurrido es a pequeñas manifestaciones pacíficas y ordenadas a las que no se les ha permitido siquiera acercarse a la sede diplomática, y ante hechos concretos que han impulsado a hacerlo.

Por lo tanto parece desproporcionado el reclamo del representante de la embajada de Estados Unidos por hacerse señalamientos en contra de sus bases militares en Colombia que amenazan la paz en la región, o por la actitud ambivalente y al final deplorable de su gobierno con relación al golpe de estado en Honduras. Ni tan siquiera se han señalado críticas a las matanzas por las guerras en Afganistán e Irak, motivo por lo que los mismos estadounidenses crecientemente se oponen.

Otra cosa es que acá se permita que el representante diplomático lo haga, dándole cobertura amplia en los medios, y respuesta a sus demandas, con ello permitiendo que tales acciones se perpetúen acá en El Salvador de manera inédita, ya que difícilmente esto sea permitido en otros países de la región. Asimismo no me imagino qué hubiera ocurrido si un embajador de otro país que no fuera Estados Unidos hiciera un reclamo de manera directa y pública a un partido o agrupación social. Con seguridad no tendría el mismo tipo de respuestas.

Pero, además, como consecuencia han habido declaraciones de funcionarios de gobierno, incluyendo el Presidente de la República, que citan al demandante como interlocutor natural, eximiéndose de responsabilidades, pero dando crédito a la demanda, y colocando como implicados o sospechosos a los ofensores. A la vez ocasionando efectos en la población que como espectadora ve las conductas del mandatario con relación al partido que lo llevó al poder, o con a algunos de sus dirigentes.

Esto me ha hecho reflexionar con experiencias personales que pido se me permita brevemente describir. Mi madre era una maestra de párvulos, muy estricta y en parte chapada a la antigua, se diría hoy. Pero nunca corrigió a ninguno de sus 8 hijos fuera de la casa y en presencia de amigos, menos de extraños. No digamos en la calle ni en casa ajena. Siempre nos llegaba el momento de su juicio y la corrección, pero sabíamos que sería al llegar a casa. Y ahora pienso que siempre lo hizo principalmente por elemental decoro y respeto a sí misma, y hoy se lo agradecemos.

Estoy seguro que al final se sintió orgullosa de todos sus hijos, y nosotros de ella porque no nos expuso a vergüenzas innecesarias. Por ello se me ocurre que ha llegado el momento de la rectificación o al menos la definición de lo que realmente se pretende cuando presenciamos exabruptos innecesarios del Presidente cuando los medios le tienden trampas con preguntas tendenciosas. Sucedió igual en el caso del entonces diputado Gerson Martínez, y en su momento tuve la oportunidad de manifestarme en el sentido de buscar otros métodos de comunicación para no dar motivos a los adversarios que entre zalamerías posiblemente estén esperando la oportunidad de la estocada mortal a quien los desbancó de las mieles del poder.

Esto crea además reacciones muy variadas e impredecibles en miles de miles de votantes que escogieron a un candidato y su partido, esperando trabajaran en sintonía por el interés de echar andar las transformaciones necesarias, también ofrecidas cuando el presidente dijo que “abrazaba” el programa de ese partido.

Mientras, los ahora opositores acrecientan las intrigas haciendo circular versiones conspirativas en las que desvergonzadamente incluyen al mismo Presidente, con quien abiertamente y sin recato dicen están en arreglos para abandonar al FMLN y garantizar la gobernabilidad con su “apoyo”. A todas luces descabellada idea si tomamos en cuenta la realidad que demuestra la reducción del potencial y la pulverización de los partidos de derecha, y el progresivo crecimiento en apoyos del partido de izquierda; pero la intención no les falta, de eso podemos estar seguros y atentos.

Es de enfatizar la actitud paciente, responsable y disciplinada de los dirigentes y funcionarios del Frente, a quienes nunca he escuchado se expresen adversando al mandatario, y por el contrario, siempre lo hacen con respeto y adhesión a su gobierno. Por lo tanto, no hay vuelta de hoja, lo que resta es la revisión de los métodos de relación y organización como colectivo de gobierno, en el que están involucrados también elementos valiosos de otros sectores de la sociedad. Pero que en su total disfrutarían mejor de su desempeño entre “compañeros”, responsables de una misión por la que en todo caso rendirán cuentas ante el pueblo que les paga sus salarios.

Por último, no puede ser obviado el caso de la bebé recién nacida del Hospital de Maternidad que fue arrebatada a su incauta madre ahí ingresada, y que afortunadamente ha sido resuelto gracias al eficiente trabajo de investigación y ejecución de miembros de la PNC. Esto pone en evidencia la inoperancia de las empresas llamadas de seguridad que aún siguen siendo contratadas en los hospitales del país y otras oficinas de gobierno.

No hay que olvidar que su inclusión hace años fue a costa del despido de muchos trabajadores públicos, y ante sospechas de tener entre sus objetivos el control y la represión de los trabajadores, en momentos de luchas ya conocidas. Por ello resulta inquietante que las nuevas administraciones las asuman respetando el statu quo de manera olímpica, y sin ahora saberse si hay alternativas mejores.

Nadie duda que en nuestro país la seguridad sea una demanda en todas partes, y que los centros de salud y hospitales no escapen a los riesgos, y que haya que implementarse medidas más inteligentes de control y vigilancia del patrimonio del pueblo. Pero no debemos permitir que por estos hechos lo que resulte sean más acciones agresivas de parte de los vigilantes, ante todo; es común que los mismos pacientes se vean impedidos a ingresar libremente, soportando abusos y acciones autoritarias de ellos; los empleados nos sentimos vigilados y acosados, por gente que en todo caso estarían para proteger la propiedad pública y a las personas, en especial a los pacientes y los trabajadores de la salud.

Es increíble, sumamente vergonzoso, que sea más fácil ingresar a un centro comercial que a un Centro de Salud u Hospital; y lo peor de todo es que tales medidas resultan infructuosas para evitar que unos pocos cometan delitos. Hace falta urgentemente una revisión de la misión de la vigilancia, y sobre todo en asegurarse que sean las personas indicadas las seleccionadas para tal labor.

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