lunes, 28 de diciembre de 2009

Elección presidencial en Chile: Los fantasmas que votan

Juan Francisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info)

Para que la coalición de centro izquierda que gobierna en Chile desde 1989 se mantenga en el poder, necesita de al menos un 21% adicional de la votación para la segunda vuelta del 17 de enero.

La situación para la coalición Concertación de Partidos por la Democracia, que le pone fin a la dictadura militar es extremadamente difícil, pero no imposible.

Se presenta la probabilidad de que una presidenta socialista, Michelle Bachelet que tiene nivel más alto de popularidad en la historia de Chile, en marzo le deba entregar la banda presidencial a un político apoyado por sectores de la derecha partidarios del golpe de estado en 1973.

Un periodista dice con sorna, “que es la peor pesadilla de la presidenta”. Otros señalan que está muy tranquila, y que solo espera que pasen rápido estos próximos cuatro años con la derecha en el poder, porque una mayoría sólida en el país espera que vuelva a ocupar el cargo de presidenta.

Una de las democracias -se dice en el argumento convencional y oficial- más ordenadas del continente, alterna el poder con una tranquilidad improbable por la olla que hierve en el sector de las reivindicaciones sociales.

Para detener esta olla que hierve, se comenta que Piñera soltará las arcas del estado en una estrategia de satisfacer los ingresos de- primidos en un 75 % de la población.

Existe un ambiente de expectación en la derecha de que tiene la obligación de hacerlo extremadamente bien para que la Centro Izquierda no regrese al poder por un número igual o mayor de años del que estuvo el gobierno militar.

No lo dicen públicamente pero se sabe por las publicaciones de sus centros de estudio, que el país necesita de una reconstrucción y erradicar los elementos proto socialistas que permanecen en las políticas de estado adoptadas por la Concertación.

Periodistas en Santiago en contacto con figuras señeras de la Concertación señalan que la dificultad para que se mantenga en el poder se hace cada vez más difícil por cierto inmovilismo y las divergencias internas. “No hay una estrategia uniforme y existe rivalidad en los puntos de vista, en un escenario que obliga a una mayor cohesión”.

Lo que fuere, el ambiente de propaganda en la coalición oficialista ha disminuido en intensidad haciendo recordar la segunda vuelta en 2006 cuando venció la actual presidenta Michelle Bachelet.

El candidato de la derecha, el mismo de ahora, Sebastián Piñera no se esmeró en el esfuerzo propagandístico. “Se sentía anticipadamente derrotado. Con Eduardo Frei pareciera estar pasando algo similar” nos dice el reportero de una radio.

El candidato de la Concertación, el senador demócrata cristiano y ex presidente (1994-2000) Eduardo Frei, obtuvo en la primera vuelta 29.6 %. Es decir, necesita de un 60% adicional de esta votación.

Su contendor para la segunda vuelta, el empresario Sebastián Piñera representando a la derecha y el neoconservadurismo, obtuvo 44.2.

La diferencia no es inabordable, aunque obliga a las estrategias que se utilicen en la Concertación a situaciones límite y de máxima eficiencia.

Una tercera fuerza surgida de la parte dirigencial de la Concertación incluyendo sectores liberales y neoconservadores, es representada por un ex socialista, el diputado Marco Enríquez Ominami que obtuvo un 20% y fracción de la votación.

Marco Enríquez -o se ha convertido en el “otro candidato” de la segunda vuelta que no necesariamente está en las sombras.

Por su alta visibilidad aparece como una especie de guardián de conciencias en un 20 % de chilenos que supuestamente votarán el 17 de enero.

No había ocurrido que un tercer candidato continuara su actividad con la misma actitud de un candidato en carrera.

Por otra parte, la Alianza ya polarizó la contienda al encontrar reminiscencias de 1970-1973 en el pacto del Partido Comunista llamado Juntos Podemos con la Concertación y el apoyo a Eduardo Frei.

El cientista político Ricardo Israel, un ex concertacionista declara que se suma a la candidatura de derecha para acabar con la Concertación con los mismos fundamentos éticos que se utilizaban para derribar a la dictadura militar.

En la funcionalidad, considerando las distancias ideológicas de los personajes, el desfase en el tiempo, y la diferencia de contexto, el rol de Enríquez-O -involuntario o no- hace recordar el surgimiento del “Ampuerismo”, cuando el eminente socialista Raúl Ampuero decide no apoyar a Salvador Allende en la elección presidencial de 1952 y en las siguientes tres elecciones que finalmente le dan la presidencia que acaba con un golpe de estado militar apoyado por la CIA.

Allende perdía igual en 1952, pero Ampuero enviaba una señal: la unidad en la izquierda sería difícil sin su liderazgo, aunque el fondo residía en el anticomunismo de Ampuero para la conyutura.

El “ampuerismo” con su veta anticomunista no prosperó, aunque en muchas facetas tenía una postura interesante, y fue un renovador de las ideas socialistas que se ahogaban en la dura lucha de la guerra fría y el alineamiento con los dos bandos.

Es importante enfatizar el poco uso que se hizo de su lucidez política, especialmente por parte de aquellos en la izquierda que tomaban decisiones hasta 1973, cuando la arquitectura de la izquierda se desploma con el golpe militar y prosigue con una reconstrucción democrática inconclusa.

Esa falla de conectar diferentes ideas y experiencias, derivó en los resultados polarizantes que llevaron al despeñadero conocido.

La prolongación del “ampuerismo” le hizo un daño casi irreparable al Partido Socialista y a la izquierda en su conjunto.

Un problema similar se observa en Enríquez-O, y el entorno del 20% de votos conquistado.

Reside en el peso de ese diagnóstico, la oportunidad en el tiempo, y la importancia del uso del juicio en la coyuntura.

El peso del 20 % es también un factor de alta desnaturalización del fenómeno político de la segunda vuelta, aunque algunos piensen que su rol representa una re-oxigenación, término muy socorrido en la mercadotecnia de la política.

Re-oxigena qué. O es un reclamo en la convencional distribución del poder.

La política en Chile no ha dejado de ser una actividad elitista cuyo protagonismo está monopolizado por un segmento social determinado, y Enríquez –O, no ha demostrado ser un punto de partida hacia algo diferente.

La transversalidad de la cual se habla en Chile circula por dos bandas: una muy encumbrada en los que tienen poder; y la otra muy sumergida, en los que aspiran a romper el status quo desde la ciénaga, con escasa capacidad y cohesión para levantar los pies del barro.

Dentro de este status quo incólume, la agitación de Enríquez-O es potente porque produce una alta distorsión, afectando más a la Concertación frente a sus necesidades de conquistar al menos 20% más de votos.

Una coalición como la Concertación no necesitaba estas tres semanas que restan para su refundación y poder ganar una elección.

Aunque muchos lo nieguen, en la política los fantasmas también votan.

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