martes, 15 de diciembre de 2009

Elecciones presidenciales en Chile 2009. El gobierno de Centro-Izquierda en su momento más crucial

Juan Francisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info)

La continuidad del proyecto democrático de la coalición llamada Concertación de Partidos por la Democracia que surgió para enfrentar y acabar con el gobierno militar en 1989, vive su hora más crucial.

El triunfo de Sebastián Piñera, un candidato del neoconservadurismo y la extrema derecha, al obtener un 44.03% de los sufragios del domingo pasado, coloca a la oposición al gobierno de la coalición de centro-izquierda, con la primera opción de vencer en segunda vuelta el 17 de enero próximo.

El surgimiento de una tercera fuerza opuesta a la Concertación, representada por la candidatura del ex -socialista, Marco Enríquez Ominami Gumucio, con un 20.12 % de la votación, se convierte en el factor que incida en la continuidad de la Concertación. O, en el regreso del neoconservadurismo en Chile desde 1989, con el fin de la dictadura militar.

Entre Piñera y Enríquez-O-G, sumarían una mayoría avasallante de más del 60 % para que la derecha y el neoconservadurismo se instalen con comodidad en Chile.

El candidato de la coalición que ha gobernado por 20 años, Eduardo Frei, obtuvo un 29.62 % y el candidato de la izquierda extraparlamentaria Jorge Arrate consiguió un 6.21 %.

Ambas votaciones formando un bloque anti derecha con 35.83% no alcanzarían ni remotamente para contrarrestar la alianza del candidato de derecha y la tercera fuerza.

Esta tercera fuerza es integrada por miembros desencantados de la Concertación, ex izquierdistas transformados en neoconservadores, y grupos anticomunistas que se han sumado a la campaña anti gobierno.

Esta nueva fuerza política, ha manifestado un fuerte rechazo al pacto acordado entre la Concertación y el Partido Comunista para que éste pudiera obtener votos de la Concertación para sus candidatos a diputados, a cambio de que votos comunistas y de sus aliados vayan a candidatos de la Concertación.

Esta fuerza también refleja trazos inequívocos del anticomunismo enraizado en grupos de la izquierda chilena que forman parte de la historia. A partir de este pacto, este contingente se ha convertido en fervorosos opositores a la Concertación, entrando en la misma lógica de la extrema derecha que no concibe a militantes comunistas en el parlamento.

En estas elecciones, que se incluían las de parlamentarios y senadores, en el mencionado pacto, el Partido Comunista obtuvo tres diputados después de estar 37 años fuera del parlamento debido al sistema electoral de dos mayorías llamado binominal, una herencia de la constitución de la dictadura.

Aún así, el discurso de votar en contra de la derecha y el pinochetismo que representaba la alianza que lidera Piñera, no prendió en la población para apoyar al candidato de la coalición de centro izquierda, Eduardo Frei.

Sería paradójico que la Concertación en un acto de apertura hacia la izquierda extra parlamentaria y hacia los comunistas, promoviendo un pacto que genera tres diputados comunistas, le tuviera que entregar la banda presidencial a un gobierno de extrema derecha anticomunista.
En el plano internacional, el posible triunfo de la derecha en Chile significaría un reforzamiento del eje neoconservador en la región, que se inicia con Felipe Calderón en México, continúa con Alvaro Uribe en Colombia, y acabaría con Alan García y Sebastián Piñera en Chile.

Siendo que la situación de continuidad en el poder del Partido del Trabajo en Brasil es incierta, así como es la del peronismo en Argentina, estaríamos en presencia de una recuperación de poder de las fuerzas derecha en la región.

El impactante triunfo de Evo Morales en Bolivia rompe esa sensación ambiente en la región de que estaríamos frente a una reconversión política en la región hacia las posiciones más neoconservadoras. Pero la lucha está allí, y los poderes fácticos externos se expresan en estas disputas por acceder al gobierno.

Mal que mal es el capital transnacional el que está también en juego, aunque no está demostrado por la experiencia Bush, que los estados dominados por neoconservadores entregan garantías de estabilidad económica y política.

En Chile hay gran júbilo en aquellos que rechazan a la Concertación para que siga gobernando después de 20 años en el poder, y el clima adverso a la coalición de gobierno generado por los medios, puede significar su derrota en segunda vuelta
Para la segunda vuelta, la hora más difícil no es la de Eduardo Frei o de su coalición, sino la de Chile y de la ciudadanía, particularmente aquella que respondió al coro que decía “basta de gobiernos de Concertación”.

Los argumentos dependiendo del origen, se centraban en la mala gestión social y económica del país, en la corrupción, y en la incapacidad de solucionar problemas históricos y urgentes.

En la lectura, quedaba la sensación de un periodo largo de fracasos.

¿Cómo alterar en 30 adías ese clima en su favor, que hasta el momento es de una oposición implacable a esa continuidad?

Considerando el bombardeo mediático más implacable en contra de una coalición en la historia política chilena, ese 29.62 % de Eduardo Frei tiene el mérito de haberse obtenido bajo un clima sin compasión

En este proceso de desgaste de imagen, se introducía automáticamente el factor de la alta adhesión a la presidenta Michelle Bachelet. A la hora de juzgar a Frei, los evidentes logros conseguidos por la coalición que lo apoya quedaban en el limbo.

Esta elección se trasladó en un ejercicio contra la Concertación y la figura de Frei, y ningún candidato perdonó, convirtiéndose en uno de sus candidatos que más obstáculos ha enfrentado para establecer su credencial del presidente que necesita Chile.

La Concertación es blanco fácil porque simboliza el poder corporativo ligado a lo concreto y al día a día.

Nunca antes la Concertación enfrentaba en una elección presidencial a tres fuerzas que la convirtieron en el enemigo a vencer.

Sebastián Piñera con su 44%, quiere seducir al llamado mundo progresista que hasta ahora se siente confundido entre el abanico conceptual de Enríquez-Ominami Gumucio, las invitaciones al socialismo de Arrate, y las propuestas de la Concertación para mejorar.

En su discurso, el “todos contra la concertación” puede prender para la segunda vuelta. No necesita mucho, es la prolongación del clima y al cual se acopló óptimamente el discurso que generó el 20% a Enríquez-Ominami Gumucio.

La invitación de Arrate, que obtuvo un respetable 6.21%, para establecer unidad frente a la derecha aparece tarde, y será una tarea titánica para cambiar el clima anti Concertación generado por el bombardeo mediático de varios años.

Esa falta de unidad va más allá de las tendencias, y los liderazgos internos del llamado progresismo, o la batalla de los egos políticos.

Tiene que ver con la idiosincrasia de la Concertación por haberse asimilado (por supervivencia) a las posiciones del neoconservadurismo que han prevalecido desde mediados de los años 80, no pudiéndose zafar del estigma de sus comienzos para cogobernar con la derecha.

En el progresismo y la izquierda multicolor a su vez, todavía existe un debate con más dudas que certezas y a la hora de ofrecer un plan riguroso que prenda en la población, ese debate pareciera estancarse. Los llamados a constituyentes son loables, aunque deben congeniar con la demanda sistémica del diario vivir.

Los fundadores de la Concertación no se imaginaban que podían estar 20 años en el poder, y tampoco concebían una posible derrota frente a la actual oposición. Algo que debió haberse hecho a tiempo no se hizo, o algunos que debieron haber hecho algo en el momento preciso no lo hicieron. Siempre es así.

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