viernes, 4 de diciembre de 2009

La moderación hara la diferencia

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

Percibidas a escala global, en el mundo de hoy la derecha se parece a la izquierda y viceversa porque ambas se han moderado y la moderación conduce al centro. En esa zona de la realidad, la racionalidad y la tolerancia operan como un imán. Ello no significa que hayan desparecido o perdido pertinencia las opciones radicales que dependen sobre todo de las coyunturas, de la naturaleza de las confrontaciones y de los liderazgos.

La época, es decir el tiempo real, un fenómeno físico, unidimensional y cuya entidad los humanos no pueden alterar, es un componente esencial de la política que, entre otras cosas, obliga a concretar los programas, condiciona las metas e incorpora realismo a las aspiraciones de las vanguardias.

Pretender pasar de la tribu al capitalismo o del feudalismo al socialismo, han sido quimeras. Teóricamente no es posible y los procesos sociales ocurren en una escala demasiado grande para aplicar experimentos. En Asia y África hubo intentos pero los costos sociales fueron demasiado altos y, a fin de cuentas, ninguno resultó.

Entre los aciertos de los partidos Comunistas de China y Vietnam que asumieron la dirección de sus respectivos países mediante procesos nacionales en los cuales se solaparon la lucha anticolonial y contra la ocupación extranjera, las guerras mundiales, la Revolución Bolchevique, la formación del Campo Socialista, incluso el stalinismo; fue contar con liderazgos que supieron determinar el momento en que era preciso desplazarse hacia el centro.

Esos desplazamiento alejaron a China y Vietnam, tanto de los dogmas teóricos soviéticos, de los procesos políticos, impuestos al movimiento comunista mundial desde Moscú, como del modo en que los partidos comunistas ejercen la dirección de la sociedad, el diseño de las estructuras y las políticas económicas y las cuestiones relacionadas con el marcado interno. La idea de construir una sociedad “moderadamente acomodada” o de practicar un “socialismo liberal”, no son disparates ni concesiones al enemigo, sino tácticas que han resultado.

Con características particulares, esos procesos se despliegan en todo el mundo y aunque a veces tales corrimientos conducen a la derechización, cosa visible en algunos países de Europa Occidental y Oriental, en otros producen resultados compatibles con metas populares; en India y Brasil, entre otros países tercermundistas, la izquierda o la derecha moderadas han registrado éxitos relevantes. Incluso en algunos lugares, como Bolivia y Ecuador, estos perfiles han asociado la revolución con la moderación.

Debido al perfil de la época caracterizada, entre otras cosas por la globalización, por las consecuencias del fin del socialismo real que objetivamente ha reforzado el predomino ideológico del liberalismo que había logrado imponer los estereotipos asociados a la democracia electoralista y a la vigencia del estado de derecho; guste o no, ningún movimiento político que ignora tales paradigmas puede aspirar a un consenso social realmente sostenible.

En la época y en los contextos sociales actuales, no basta con la implantación de regímenes o gobiernos mejores que los anteriores, tampoco tienen opciones ventajosas las ideas de modificar la cultura política mundial vigente o reestructurar la conciencia social, para imponer nociones alternativas acerca de la democracia, la libertad y otras categorías básicas. La idea de una democracia ejercida desde el autoritarismo es impopular e inviable, no sólo en occidente sino también el oriente.

En algunos países, especialmente en América Latina, las opciones moderadas de la izquierda tropiezan con el extremismo de la derecha, tan refractaria al cambio que confronta, a veces con violencia extrema, incluso a opciones de perfeccionamiento del sistema político y la dirección de la sociedad asociados al progreso y que incluso resultan convenientes para ella. Tales actitudes radicalizan procesos que por su naturaleza y por la orientación de su liderazgo pudieran transcurrir con menos crispaciones.

Los casos de la burguesía venezolana, la oligarquía separatista en Bolivia, ciertos sectores intransigentes de la oposición paraguaya y la partidocracia ecuatoriana son expresión del extremismo reaccionario de la derecha que encuentra una expresión estatal en la posición del gobierno colombiano frente al proceso revolucionario venezolano; aunque las palmas son la gorilocracia instaurada en Honduras a partir de la legitimación electoral y parlamentaria del golpismo.

En cualquier caso, no se trata de particularidades de uno u otro proceso político, tampoco de coyunturas que puedan cambiar a corto plazo ni de circunstancias modificables localmente, sino de datos de la realidad y peculiaridades de la época. Con todo derecho, pueden existir otros puntos de vista y otras líneas de deseos, no obstante desgastarse tratando de hacer prevaler enfoques de los siglos XIX y XX puede no ser una buena apuesta.

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