miércoles, 9 de diciembre de 2009

México: Superlativo surrealista

Laura M. López Murillo (especial para ARGENPRESS.info)

En algún lugar de Iztapalapa, en el paisaje urbano del surrealismo capitalino, deambula el espécimen creado en un exabrupto del populismo, y ahora, ese golem, gobierna y exhibe los desvaríos de su creador…

La súbita designación de Rafael Acosta “Juanito” como el paladín de las huestes lópez-obradoristas para confrontar la decisión del Tribunal Electoral ha resultado una complicación superlativa, no sólo para el perredismo y los habitantes de Iztapalapa, sino para la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, para el Jefe de Gobierno, para el oportunismo panista, y en general, para la clase política.

La determinación de Juanito de asumir el mandato para el cual fue electo exhibe la deficiencia en la normatividad electoral, la ambigüedad en los procedimientos de la Asamblea Legislativa, la fractura del perredismo en el Distrito Federal. Esta insólita circunstancia nunca fue prevista por Andrés Manuel López Obrador, ni por Clara Brugada, ni por los legisladores, ni por los perredistas ni petistas.

Sin embargo, el perjuicio a la izquierda no sólo estriba en los mecanismos alternos para acceder al poder eludiendo la resolución de las instituciones electorales, reside en la folclórica personalidad de un candidato de relleno que ahora se erige como delegado en funciones.

Rafael Acosta “Juanito” personifica todas las carencias y los excesos que predominan en la pseudo izquierda lópez-obradorista: una exuberante ignorancia, la insensatez de los temerarios y la maleabilidad de los sumisos, una ambición latente y el carácter insólito de los impredecibles.

Sí!... En Juanito se materializan, y en superlativo, todos los defectos de la clase política; las diferencias entre este golem del surrealismo mexicano respecto a los legisladores y gobernantes estriban, únicamente, en el énfasis del defecto. Porque comparten la aberrante condición que los predispone al manejo de las causas en beneficio personal, y a distorsionar la política en un devaneo de ambiciones.

Por eso, es imperativo contener la proliferación de los especímenes de la infra-especie política, es urgente acotar su poder, reducir el rango de su influencia. De lo contrario, estamos condenados a padecer, y tolerar, los exabruptos y los excesos de quienes ostentan inmerecidamente el poder de legislar y gobernar.

Pero el único remedio para atenuar las aberraciones de la clase política es un elemento en animación suspendida: la ciudadanía, donde reside la soberanía, y la atribución para exigir eficiencia y transparencia en la administración pública, deambula entre el desencanto y la apatía, y ése es el ámbito ideal para la génesis de los especímenes creados en un exabrupto del populismo, que gobiernan atendiendo a los desvaríos de un aberrante creador…

Laura M. López Murillo es Lic. En Contaduría por la UNAM. Con Maestría en Estudios Humanísticos, Especializada en Literatura en el Itesm.

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