martes, 15 de diciembre de 2009

Suiza: Razones para morir

Ricardo Gómez Vecchio (NOVA RES)

Suiza es uno de los pocos países donde el suicidio asistido está legalmente aceptado. Estas muertes a pedido a menudo se realizan con la asistencia de organizaciones que defienden el derecho a morir. Una reciente investigación revela las razones que dan los pacientes para pedir este tipo de asistencia y los médicos para aceptarlas.

No hay duda que la vida es algo maravilloso, que debe disfrutarse, y que los profesionales de la salud tienen la obligación de defenderla y preservarla en la medida de sus posibilidades. Pero, qué hacer cuando una persona sufre de una enfermedad terminal, sabe que sus días están contados y hora a hora aumenta su sufrimiento. ¿No debe tener esta persona el derecho a elegir el momento de terminar su existencia? Esta pregunta tiene sin dudas múltiples respuestas que, en todos los casos, involucran una postura ética y filosófica al respecto. Y cada país refleja cuál es la postura aceptada por la mayoría en ese lugar. En tal sentido, Suiza representa un caso muy especial.
Según el artículo 115 del Código Penal Suizo, asistir a una persona para suicidarse es legal, siempre que no exista un interés personal por parte de quien realiza esa asistencia y de que la persona que desea suicidarse esté en sus cabales. La ley no exige que la persona que quiere suicidarse esté enferma de modo terminal; la mayoría de estas muertes son facilitadas por organizaciones privadas que defienden el derecho a morir.
Pero para que estas organizaciones puedan asistir a quien quiere terminar con su vida es necesario primero un proceso de evaluación. En el mismo, se requiere que el deseo de morir de la persona sea deliberado y estable, que sufra de alguna enfermedad con un pronóstico sin esperanza y que el sufrimiento le resulte insoportable o le provoque una excesiva incapacidad. Para el suicidio suele usarse una dosis letal de pentobarbital, una sustancia que requiere prescripción médica. Las leyes y regulaciones exigen que los médicos participantes aseguren que el paciente tenga intacta su capacidad de raciocinio y que comprueben la condición médica que da origen al deseo de morir, antes de que pueda realizarse esa prescripción. Además, todos los suicidios asistidos se tratan como muertes extraordinarias y son investigados por las autoridades.
Susanne Fischer, de la Universidad de Zürich, publicó recientemente junto con otros colegas un trabajo en un journal suizo, en el que analizan las razones más frecuentes que las personas dan para buscar el suicidio bajo la norma que rige en ese país. El estudio se basó en un análisis de los 421 informes sobre suicidios asistidos que ocurrieron en la ciudad de Zurich entre los años 2001 y 2004.
Los datos constan en los archivos médico-legales que guarda el Instituto de Medicina Legal de esa universidad, el cuerpo oficial responsable de las investigaciones que se realizan en todas las muertes consideras extraordinarias en esa ciudad. Cada uno de los archivos contiene un informe muy estructurado realizado por un experto médico-legal y una hoja de la organización participante. Los archivos incluyen documentos adicionales, como los informes escritos por los médicos y una carta de la persona que buscó asistencia para morir.
Hasta la publicación de este estudio no se conocían trabajos sobre las razones que la gente invoca para solicitar asistencia para morir en Suiza, ni sobre los motivos de los médicos para brindar su participación. En otros países también son muy escasos estos trabajos y en general están relacionados con grupos muy específicos, como enfermos avanzados de cáncer o ancianos con impedimentos severos.
En este estudio se examinaron también las razones que mencionan los médicos en sus informes para prescribir las drogas letales que utilizan los miembros de las organizaciones suizas que defienden el derecho a morir de las personas que buscan asistencia.
En un 70% de los casos los médicos dieron más de una razón para justificar la prescripción de la sustancia letal. Mencionaron frecuentemente el dolor en un 56 % de los casos, la necesidad de cuidados a largo plazo en un 37%, síntomas neurológicos en un 35%, inmovilidad en un 23%, y dificultades respiratorias en un 23%. Motivos como la debilidad, el cansacio en los tratamientos, poder controlar las circunstancias de la propia muerte, el aislamiento social, un grave impedimento visual o auditivo y la pérdida del control de las funciones coporales fueron mencionadas entre un 2 y un 15 por ciento de los casos.
Visto desde las personas que solicitaron asistencia para morir, los porcentajes de las razones invocadas para tomar esa trágica determinación difieren algo. Quienes sufrían de una enfermedad progresiva y mortal, un 71% invocaron como causa para suicidarse el dolor, seguidos de quienes manifestaron cansancio y desánimo por el tratamiento (en un 29%) y dificultades para respirar, en un 25%.
Para el caso de quienes estaban afectados por enfermedades cardiovasculares y respiratorias, las principales razones para desear la muerte fueron la neceidad de cuidados de largo plazo en un 59% de los casos, problemas respiratorios en un 47%, dolor en un 35%, debilidad y aislamiento social en un 29%.
Los síntomas neurológicos influyeron en un 59%, mientras que las necesidades de cuidados de largo plazo en un 56%, inmovilidad en un 38%, dolor en un 34% y dificulatdes respiratorias en un 28%, fueron los motivos más decisivos para quienes sufrían enfermedades neurológicas. Finalmente, en el caso de las enfermedades reumatoideas y síndromes dolorosos, los principales motivos fueron el dolor en un 88% de los casos, las necesidades de cuidados a largo plazo en un 41% y la inmobilidad en un 29%. También debe destacarse que las personas que sufrían desórdenes mentales alegaron como motivos para desear la muerte principalmente el aislamiento social y el cansancio que les provocaban los tratamientos.
En coincidencia con algunos estudios previos, las razones observadas para desear terminar con la vida estuvieron relacionadas con factores que abarcan muchas dimensiones: las físicas, las sociales y las psicoexistenciales. Entre las segundas se encuentran, por ejemplo, las dependencia que originan los cuidados a largo plazo, la inmobilidad y el aislamiento social. Mientras que entre los factores psicoasistenciales se destacan el control de las circunstancias de la propia muerte, la pérdida de dignidad, el cansancio de vivir y en los tratamientos, y la imposibillidad de involucrarse con actividades que hacen la vida agradable.
Sin embargo, este estudio tiene la particularidad de revelar que el dolor juega un rol predominante para la asistencia a quienes desean suicidarse. En más de la mitad de los suicidios asistidos, tanto los médicos como quienes pidieron esta forma de morir ubicaron al dolor como una razón de particular importancia para quienes sufrían de enfermedades malignas, reumatoideas y síndomes dolorosos. En general, la aceptación de la muerte asistida a causa del dolor es bastante alta entre la gente, los médicos y los pacientes, mientras que es más baja cuando se invocan otras razones, como la dependencia o el cansacio de la vida. Por ese motivo, quienes hicieron el estudio sacaron la conclusión de que es más probable que los médicos indiquen al dolor intratable e insoportable como condición para aceptar el suicidio asistido, teniendo en cuenta que el dolor es una razón socialmente aceptada y que aliviar el dolor es muy compatible con el rol profesional y la ética médica.
Nacemos, vivimos y morimos en sociedad, y es ella la que nos dice qué podemos y no podemos hacer con nuestra vida y nuestra muerte. Existe el derecho a la vida y, al menos en algunos lugares, también el derecho a la muerte, cuando la vida se torna un sufrimiento insoportable.

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